sábado, junio 22, 2024

"La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores"

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Missak Manouchian (escribe Luis Casado

A medida que el tiempo pasa no podemos evitar hacer un balance. ¿Qué fue de nuestros sueños, de nuestras ilusiones? ¿Y qué fue de nuestros combates? ¿Tú eres de los que permanecieron fieles a sus convicciones, o formas parte de los que se habituaron a cobrar? En el 50º aniversario del golpe cívico-castrense que sepultó a Chile en un lodazal del que aún no salimos, estas preguntas son inevitables. Missak Manouchian combatió a los nazis. En su desgracia, los nazis que le asesinaron fueron menos canallas que sus homólogos chilensis. Y Missak recibirá un homenaje…

Si los armenios no aprecian mucho a los turcos no se debe precisamente a sus kebabs, suerte de comida rápida, faste-foutapaspintxos o tentenpié, aun cuando los que saben aseguran que el secreto de los kebabs está en el arte turco para manejar el cuchillo.

Para tus archivos, el genocidio armenio fue perpetrado de abril 1915 a julio 1916, en el curso del cual perecieron dos tercios de los armenios que vivían en el territorio de Turquía. La I Guerra Mundial fue el telón de fondo. El imperio otomano participó en la guerra como parte de la coalición constituida por el Imperio alemán, Austria-Hungría y el reino de Bulgaria, opuesta a los Aliados. El genocidio, planificado y ejecutado por el partido en el poder en esa época, el Comité Unión y Progreso (CUP) más conocido como Jóvenes Turcos, hizo desaparecer un millón dos cientos mil armenios de Anatolia y de Armenia occidental.

De ahí que encuentres armenios diseminados en muchos países europeos. Algunos de ellos vinieron a Francia, como llegamos mucho más tarde no pocos chilenos, con un patrimonio que se resumía a una mano adelante y otra atrás.

Missak Manouchian nacido el 1º de septiembre de 1906 en Hisn-i Mansur (Imperio otomano), encontró refugio en Francia junto a su familia en el año 1925. Obrero carpintero, tornero, autodidacta, se apuntó al partido comunista galo cuando la crisis del 6 de febrero de 1934. Ese día, una manifestación obrera fue reprimida salvajemente, dejando dos decenas de muertos y mil quinientos heridos. Missak se convirtió rápidamente en uno de los líderes de la MOI, Mano de Obra Inmigrada.

Las desgracias nunca vienen solas. Con el Armisticio del 22 de junio de 1940 comenzó la Ocupación militar alemana del territorio francés. La II Guerra Mundial había comenzado. Como sabes, Charles de Gaulle desertó de un ejército que no combatió, y se fugó a Londres. Allí, con la oposición de Winston Churchill y de los EEUU, que preferían generales obedientes, logró alzarse como el jefe de la Francia que resistió, la Francia Libre.

Su hombre en Francia se llamó Jean Moulin, y al mencionar su nombre no logro reprimir un estremecimiento de admiración. Jean Moulin, prefecto de la República, salió clandestinamente de Francia vía España, para recibir en Londres las instrucciones de Mon Général. Un avión inglés lo largó en paracaídas en territorio francés. Así se construyó la unidad de la Resistencia: con De Gaulle y sus seguidores y los comunistas.

Missak Manouchian tomó la dirección de un grupo de combatientes, los Franc-Tireurs-Partisans de la Mano de Obra Inmigrada (FTP-MOI), que se distinguió en varias acciones militares que le hicieron comprender a los nazis que la Ocupación tenía un precio: 229 acciones fueron llevadas a cabo en menos de dos años. La más rotunda: la ejecución del oficial SS Julius Ritter, responsable del Servicio del Trabajo Obligatorio (STO) en Alemania, y amigo de Hitler.

Rehusar el STO era un acto de resistencia. Lo sé porque el abuelo francés de mi hija no obedeció, y se fugó junto a su joven mujer para entrar en el maquis (resistencia) del Morvan, zona boscosa y montañosa. Un poco antes, el abuelo gallego de mi hijo se había unido a las tropas Republicanas españolas y peleó la Guerra Civil en Catalunya hasta que no quedaron balas. No lo cuento por fardar, sino porque con una familia así no puedo aceptar que ignoren a mis compañeros torturados, asesinados y desaparecidos en Chile. Ni a mi padre torturado en el Estadio Nacional, ni a mi hermano Alan, torturado en Quiriquinas por las hordas del eufemísticamente llamado “régimen militar”.

No todo podía ser color de rosa, la guerra es atroz, Oh Barbara, que huevada la guerra…, escribió Jacques Prévert, ese gran poeta francés…

Qué es de ti ahora
bajo esa lluvia de hierro
de fuego de acero de sangre
Y el que te abrazaba
Tan amorosamente
Está muerto desaparecido o bien vive?

Manouchian debía ocultarse permanentemente. Los delatores no faltaban. ¿Dónde se ocultaba Missak? En casa de otros armenios sobrevivientes del genocidio, una pareja cuyo apellido seguramente conoces: donde la familia Aznavour… esa que nos dio a Charles.

Poco antes de la Liberación -en junio-agosto de 1944-, el grupo de Manouchian fue detenido por los nazis quienes, antes de fusilarle en el Mont-Valérien, a unos pasos de París, le permitieron escribirle a su esposa. Detalle que los criminales chilenos no tuvieron con sus víctimas. Mejor aún, la carta de Missak le llegó a Mélinée:

Mi querida Mélinée, mi querida huerfanita,
En unas horas, me iré de este mundo. Nos fusilarán esta tarde a las 3. Me está pasando como un accidente en mi vida, no me lo creo, pero sé que no volveré a verte.
¿Qué puedo escribirte? Estoy tan confundido y tan claro al mismo tiempo.
Me alisté en el Ejército de Liberación como soldado voluntario y me estoy muriendo al borde de la Victoria y de mi objetivo. Buena suerte a los que nos sobrevivan y saboreen la dulzura de la Libertad y la Paz del mañana. Estoy seguro de que el pueblo francés y todos los combatientes por la libertad honrarán dignamente nuestra memoria. Al morir, proclamo que no siento odio por el pueblo alemán ni por nadie. Cada uno tendrá lo que se merece en castigo y recompensa.

Louis Aragon, ese monumento a la poesía dadaísta y surrealista, se inspiró en esa carta para escribir su poema El Afiche Rojo. Los nazis habían llenado París con ese afiche, acusando a los FTP-MOI de ser… “terroristas”. La costra política parasitaria chilena no ha inventado nada cuando llama “terroristas” a los resistentes mapuche.

affiche rouge

Aragon escribió:

«Eran veintitrés cuando los fusiles vimos florecer
Veintitrés que daban el corazón antes del fin
Veintitrés extranjeros pero hermanos hay que decir
Veintitrés enamorados de la vida al punto de morir
Veintitrés que gritaron ¡Viva Francia! al caer…»

Luego… pasaron muchas cosas. ¿Debía Francia reconocer a quienes lucharon por su libertad, inmigrados, apátridas, combatientes antifascistas españoles, italianos, armenios?

La República comenzó honrando a quienes consideró los suyos. Escuchar el discurso de André Malraux, en presencia de Mon Général, saludando la entrada del féretro de Jean Moulin en el Panteón de las glorias de Francia… a Malraux, con su voz ronca, casi cavernosa, sin temblar de emoción, es imposible:

“…entra aquí Jean Moulin, con tu terrible cortejo. Con aquellos que murieron en los subterráneos, sin hablar, como tú, e incluso, lo que es tal vez aún más atroz, habiendo hablado…”

Jean Moulin logró reunir a toda la Resistencia, creando de facto el ejército que liberó el país, bajo la dirección de Charles de Gaulle. Antes de la Liberación cayó en manos de los nazis por culpa de una delación. Fue salvajemente torturado, y de su boca no salió ni una sola palabra. Murió cuando era trasladado a Alemania para seguirle torturando.

El tiempo ha pasado, ¿Cómo honrar a un extranjero, inmigrado, obrero, comunista, combatiente, autodidacta escritor y poeta?

Desde muchos sectores de la sociedad francesa surgieron voces que reclamaron el homenaje. Hasta que finalmente, por decisión presidencial, tal vez la única que nadie ha cuestionado, los restos de Missak Manouchian entrarán, junto a los de su esposa Mélinée, en el Panteón

Missak, al despedirse de su esposa, fue profético, él, que escribió estas palabras:

“Estoy seguro de que el pueblo francés y todos los combatientes por la libertad honrarán dignamente nuestra memoria.”

Es lo que seguimos esperando inútilmente de la costra parasitaria chilena, que no ha sido capaz ni siquiera de hacer justicia, así fuese cobardemente, ‘en la medida de lo posible’. Mientras tanto me salen de muy adentro las palabras de André Malraux:

“…entra aquí, Missak Manouchian, con tu terrible cortejo…”

Fuente: [email protected]

fusilles

Fusilamiento en el Mont Valérian…

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