sábado, junio 22, 2024

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Vestuario teatral: un tesoro de patrimonio político y social (Jeannette Baeza Rivero)

El vestuario teatral no es solo tela y costura; es un reflejo vivo de la historia y la identidad de una sociedad. Precisamente, en este artículo, exploraremos cómo este se convierte en un valioso patrimonio cultural, especialmente cuando se utiliza como herramienta para transmitir la memoria política de un pueblo.

En el corazón de la escena, entre las bambalinas y bajo los focos, se encuentra un elemento crucial, pero a menudo subestimado: el vestuario. Desde las elaboradas vestimentas de época hasta los atuendos simbólicos contemporáneos, cada pieza cuenta una historia que va más allá del escenario, conectando el arte con la memoria colectiva.

El teatro como matriz del vestuario, desde sus orígenes más antiguos hasta las modernas producciones contemporáneas, ha sido un espejo de la sociedad, reflejando sus valores, conflictos y aspiraciones. En este vasto mundo escénico, la indumentaria desempeña un papel crucial, no solo como un elemento estético, sino como un poderoso vehículo de narrativa política y social. A partir de las togas de la antigua Grecia hasta los elaborados trajes de las producciones de Broadway, el vestuario teatral ha sido un testimonio vivo de la evolución de nuestras sociedades.

Desde tiempos inmemoriales, el teatro ha sido un espacio donde se exploran y cuestionan las estructuras de poder y las relaciones sociales. Las vestimentas, en este contexto, se convierten en un medio para representar y desafiar esas estructuras. En las obras teatrales, puede ser utilizado para resaltar las divisiones de clase, las diferencias étnicas o las tensiones políticas. Por ejemplo, en la Comedia del Arte italiana, los personajes se identificaban fácilmente por sus trajes, que reflejaban su estatus social y su personalidad. Este también ha sido una herramienta para la resistencia y la protesta. En momentos de conflicto político o social, el arte escénico ha servido como un territorio de resistencia para expresar ideas revolucionarias y desafiar al status quo. El atuendo, en estas situaciones, se convierte en una forma de resistencia simbólica, transmitiendo mensajes de solidaridad, rebelión o esperanza.

Además de su papel en la representación de la política y la sociedad, también es un elemento crucial del patrimonio cultural. A lo largo de los siglos, se han conservado y estudiado innumerables trajes que ofrecen valiosas perspectivas sobre la moda, la artesanía y las tendencias estilísticas de su época. Estos trajes no solo son artefactos históricos, sino también arte en sí mismos, creados con habilidad y creatividad por diseñadores y artesanos talentosos. En la era moderna, el vestuario teatral sigue siendo un medio poderoso para explorar y reflexionar sobre cuestiones políticas y sociales contemporáneas. Desde producciones que abordan la inmigración y la diversidad cultural hasta aquellas que critican el consumismo y la desigualdad, sigue siendo una imagen potente para el diálogo y la reflexión sobre los problemas que enfrenta nuestra sociedad, haciéndose visible en cada personaje, sus vidas y testimonios.

Así también como el visionario dramaturgo alemán del siglo XX, Bertolt Brecht, que no solo revolucionó el arte teatral con sus innovadoras técnicas de narración, sino que también entendió el poder del vestuario como una herramienta política en sus producciones teatrales.

En las obras de Brecht, la vestimenta no se limitaba a reflejar la moda de la época o el estatus social de los personajes, sino que se utilizaba estratégicamente para subvertir las convenciones teatrales tradicionales y desafiar al público a cuestionar el orden establecido. Sus producciones, como «Madre Coraje y sus hijos» o «La ópera de tres centavos», presentaban personajes cuyo vestuario desafiaba las expectativas del público y transmitía una crítica mordaz de la sociedad y la política de su tiempo, así mismo sentó las bases para un teatro que no solo entretiene, sino que también educa y despierta la conciencia del público. En un mundo donde esta vía sigue siendo un medio poderoso para la expresión política; el legado de Brecht permanece relevante.

El trabajo de diseño de vestuario del Teatro Universitario Expresión (1979-2024) de la ciudad de Iquique, ha sido tan significativo y trascendental como su labor creativa en escena. Han desarrollado una línea que enmarca el espectacular universo del teatro de la memoria, un estilo sólido y cautivador que aborda los conflictos sociales, políticos y culturales, entrelazando la creación verbal y la poética de la estética que define esta fuente dramatúrgica e historiográfica. Esta línea de vestuario se erige como patrimonio de la región y la ciudad, dando voz a las experiencias de aquellos que han sido golpeados y sacudidos por el poder y la ambición.

Obras como «La desterrada de Huantajaya» (2020), «Las voces de los callados» (2019), «Latidos bajo la chusca» (2023) y próximamente «Entre la pluma y la sangre» (2024), del dramaturgo Iván Vera-Pinto Soto, son ejemplos claros de cómo el Teatro Universitario Expresión se propone trascender las distancias temporales y geográficas, sacudiendo la apacible complacencia de aquellos que silencian sus pasos en medio de la adversidad. Estas piezas dramáticas son mensajes desafiantes, cautivadores y de advertencia que despiertan conciencias y motivan a la acción.

El vestuario, al entrar en escena, se convierte en el vivo y reluciente portador de los colores territoriales y los recuerdos que laten en cada espectador, elevando la pieza borrosa y fragmentada que falta en la memoria colectiva para abrir cicatrices y penetrar como el viento frío del puerto o la camanchaca que golpea los huesos de los empampados. Este vestuario, bajo la luz del escenario, contribuye al despertar de las conciencias y al impulso de volver a luchar una y otra vez, manteniendo la urgencia y la veracidad que permite impresionar como el renacer de cada primavera en menos de dos horas.

En el proceso de creación del texto dramático, la diseñadora se sumerge en una profunda reflexión sobre los tiempos y espacios en el mundo del opresor y del oprimido. Este debate se refleja en cada pieza dramática, donde los cuerpos vestidos y en movimiento se enfrentan, alcanzando un papel dominante dentro de cada escena. Es una lucha que cesa cuando el opresor pierde su poder. El dramaturgo, en este contexto, busca encontrar una salida a esta desafortunada realidad, donde los conflictos históricos reaparecen periódicamente, se fragmentan y vuelven a la memoria colectiva. Se ha conseguido unir con precisión, entre telas y puntadas, este gran desafío que nace de las dramaturgias con pensamiento unificador y justiciero, que sin duda se fusionan en el sentir de las tradiciones, las creencias y la cultura de una comunidad. En las pequeñas compañías de teatro comunitario o de otras que trabajan bajo el alero de alguna institución, el vestuario a menudo se confecciona con recursos limitados, forzando a la utilización del llamado reciclaje textil (término que no cabe duda es otro cliché de la industria textil para no detener sus grandes producciones de ropa basura), pero con una creatividad desbordante.

Aquí, el acto de diseñar y crear trajes se convierte en un soporte de colaboración y unión entre quienes componen estas compañías. El proceso de crear vestimentas fortalece los lazos entre los participantes y crea un sentido de pertenencia compartida.

Por otra parte, los grupos que nacen desde las bases; juntas vecinales o centros penitenciarios, despiertan el orgullo y el sentido de identidad entre los miembros de estos lugares. Ver a sus vecinos y amigos transformados en personajes de épocas pasadas o de tierras lejanas puede ser una experiencia poderosa que conecta a la audiencia con su propia historia y su patrimonio cultural.

En resumen, el traje teatral es un símbolo del patrimonio cultural y comunitario, es un arte, un medio de expresión y un testigo silencioso de nuestra historia política y social que merece ser celebrado, preservado y estudiado. A través de sus diseños y su confección, nos conecta con nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad compartida. En un mundo cada vez más globalizado, el teatro sigue siendo un escenario vital para celebrar y preservar la diversidad y la riqueza de nuestros pueblos; el vestuario es una herramienta poderosa para llevar a cabo esta misión.

En última instancia, el vestuario teatral es un tesoro invaluable de la humanidad. Con su belleza, su creatividad y su poder evocador, estas prendas nos conectan con nuestra memoria, enriquecen nuestra experiencia presente y nos inspiran a imaginar un futuro donde el arte y la cultura sigan siendo fuente de inspiración y enriquecimiento para las generaciones venideras. Donde estas últimas avanzan con mayor autonomía y participación en la vida pública, rompiendo con las normas tradicionales. Es ahí donde el diseño de vestuario teatral seguirá sus pasos, fortaleciendo cada nueva propuesta, llevándolo a un escenario e iluminando su voz propia como patrimonio político y social de todos los tiempos y de cada generación.

La autora: Jeannette Baeza Rivero-

Diseñadora de vestuario-Diseño Teatral

Teatro Universitario Expresión.

Santiago-Iquique.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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