viernes, mayo 24, 2024

"La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores"

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Los pobres no son de izquierda (por Cristián Zúñiga)

Digámoslo en fácil: el Chile popular no sale de sus casas con pañoletas verdes, ni se trata de “todes”, ni anda funando a profesores universitarios, ni clama por el asambleísmo plurinacional en red, ni tampoco usa la palabra neoliberalismo para referirse al enemigo de su vida a doblegar.

La pasada elección de Consejeros Constitucionales dejó en claro que hay un Chile con voto voluntario y otro Chile con voto obligatorio. En el plebiscito de entrada del año 2020, donde ganó mayoritariamente la opción de aprobar la redacción de una nueva Constitución, votaron un total de 7.569.082 chilenos.

Dos años después, en el plebiscito de salida, votaron 13.017.167 de chilenos, de los cuales 7.859.838 optaron por rechazar la propuesta constitucional redactada por los convencionales.

En la elección del año 2021, a 155 convencionales constituyentes (incluido Rojas Vade) les eligieron con 5.705.614 millones de votos válidamente emitidos.

El pasado domingo 7 de mayo, a los consejeros que harán el segundo intento por redactar una nueva Constitución (incluido el ex Republicano acusado de abuso sexual), les eligieron con 9.795.741 de votos válidamente emitidos.

En la elección de convencionales del año 2021 hubo una participación electoral total de 6.184.594 de chilenos, mientras que, en la del domingo pasado, votó un total de 12.473.317 de ciudadanos.

Es decir, en la reciente elección de consejeros constitucionales votaron 6.288.723 más de chilenos que en la de constituyentes de 2021.

Con el ingreso de estos 6,2 millones de chilenos, el resultado cambia radicalmente y mueve el péndulo de la política de un extremo a otro, descolocando a intelectuales, poetas, anarquistas, empresarios y hasta a esos viejos políticos del siglo XX, quienes, ya sea por demencia senil o insensatez, se resisten a seguir el rumbo a sus cuarteles de invierno. No hay que ser experto para sacar conclusiones respecto a estos bruscos cambios de preferencias en los últimos 6 años (desde el triunfo de Piñera en 2017 en adelante).

Es cosa de revisar, con ojo pragmático, la procedencia socioeconómica y cultural de esos más de 6 millones de compatriotas que, por primera vez, se integran al sistema electoral. Vamos viendo.

De acuerdo al análisis de resultados de elecciones para el Consejo Constitucional 2023, realizado por la Facultad de Gobierno y Faro de la Universidad del Desarrollo, en la elección de Consejeros del pasado domingo 7 de mayo (con el 99,5% de las mesas escrutadas), el Partido Republicano logró su mayor apoyo electoral en comunas con alta conflictividad (migración y violencia), donde destacan Colchane (73,8%), Ercilla (70,1%) y Lebu (54,9%).

Luego, esta misma votación, desgranada en términos de origen socioeconómico, devela que el apoyo promedio a Republicanos es mayor en las comunas que pertenecen al quintil más bajo de ingresos que en el quintil de ingresos más altos (diferencia promedio de 9 puntos).

Por otro lado, el apoyo promedio al bloque oficialista de Unidad para Chile (PS-PC-FA) es menor en el grupo de comunas con menores ingresos del país que en las con mayor nivel de ingreso (diferencia promedio de 11,5 puntos).

Revisada la elección de acuerdo a nivel de ruralidad, vemos que la votación del bloque de Unidad para Chile (PS-PC-FA) encontró su mejor rendimiento en comunas de baja ruralidad.

El bloque de Chile Seguro (UDI-RN-Evópoli) presentó su mejor rendimiento electoral en comunas con alto nivel de ruralidad, mientras que el apoyo a Republicanos no presentó importantes variaciones de apoyo promedio entre grupo de comunas rurales y urbanas.

Esta misma elección, analizada en el mundo evangélico, arroja que el Partido Republicano obtuvo un apoyo promedio de 42,8% en comunas con mayor concentración evangélica, mientras que Unidad para Chile logró sus mejores resultados promedios en comunas con baja concentración de fieles evangélicos.

Y, por último, en la votación de comunas con alta concentración de pueblos indígenas, Republicanos supera considerablemente a Unidad para Chile (una diferencia promedio de más de 15 puntos).

Los resultados electorales con voto obligatorio comienzan a disipar la neblina cultural tras la cual se muestran más de 6 millones de chilenos que, por vez primera, votan.

Al parecer, esos nuevos votantes (que en su mayoría no parecen haber logrado superar la fase de mejorar sus condiciones materiales de existencia para llegar a ese privilegiado lugar donde se protesta por las condiciones posmateriales) no conectan con el discurso ni la estética de Boric, Sharp, Jackson, Vallejo, ni menos aún, con la de rostros de la Nueva Mayoría y la Concertación.

Por ahora, y transcurridas dos votaciones con voto obligatorio, el primerizo votante parece conectar más con discursos que no se avergüenzan a la hora de hablar de orden, emprendimiento y reglas claras.

Los resultados arrojados por el Chile con voto obligatorio llegan para castigar a un sector político cuyo lenguaje, estética, relato y diagnóstico no hicieron sentido al Chile popular.

Digámoslo en fácil: el Chile popular no sale de sus casas con pañoletas verdes, ni se trata de “todes”, ni anda funando a profesores universitarios, ni clama por el asambleísmo plurinacional en red, ni tampoco usa la palara neoliberalismo para referirse al enemigo de su vida a doblegar.

El Frente Amplio, sus amigos de la Nueva Mayoría, e incluso las disidencias tipo Sharp, son fenómenos culturales de clase media (y media alta) que llegaron al poder gracias a la baja participación electoral generada por el voto voluntario: una especie de boutique cultural inserta en medio de un silencioso país que fue mal diagnosticado desde el espejismo de la baja participación electoral.

Junto con reconocer que el acertado diagnóstico cultural del Partido Republicano les está llevando a la cúspide del poder político, también habría que reconocer algo crudo pero real: a 50 años del Golpe militar, los pobres no son de izquierda.

Cristián Zúñiga
Profesor de Estado. Vive en Valparaíso.
 

1 COMENTARIO

  1. Totalmente de acuerdo. La eliminación del tejido social identitario de la «clase obrera» o del «proletariado» , clase social con fuerte autoconciencia y que logró llegar al poder Ejecutivo con Allende, ha sido totalmente eliminada. A ello se suma el que la «Izquierda» de hoy es «moderna», es decir, adscribe al modelo democrático burgués y se enfoca en lograr reformas tendientes a moderar el capitalismo salvaje, pero no a eliminarlo, justamente porque no tiene una clase social que respalde una propuesta realmente revolucionaria. La situación de los años 60 y 70 del siglo pasado, se logró gracias al trabajo constante y decidido de partidos y movimientos que impulsaban la conciencia de clase y el avance hacia un modelo socialista, para lo que desplegaban un esfuerzo ideológico de grandes proporciones. Era un movimiento que ntenía clara la diferencia entre «fuerza electoral» (la cantidad de personas que votan por los candidatos de la izquierda) y «fuerza de masas» (la cantidad de personas que piensan y actrúan en función de las propuestas revolucionarias). Hoy los partidos de «izquierda» se desgastan y gastan en los esfuerzos electorales, poniendo carteles, repartiendo «flayers» (ya no «volantes»), «haciendo calle» como si ello fuera una accción importante en el cambio de la visión del mundo que impone la burguesía a través de lo que queda de educación y de los medios de comunicación. Si comparamos los gastos partidarios en campañas electorales, versus lo gastado en formación de organismos de base, acciones sindicales. cursos vecinales, preparación de dirigentes obreros, etc, veremos que los gastos electorales son más del 90% del gasto de los partidos de izquierda (restándole los gastos de operación partidaria, remuneración de funcionarios, gastos de secretaría etc). Al no haber trabajo ideológico hacia la clase trabajadora, ocurre lo que hoy vivimos: los trabajadores de Chile votan por la derecha económica, sin saber que son sus explotadores. Nadie ha sido capaz de explicárselos.

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