domingo, julio 3, 2022

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Las FFAA y la policía deben romper el “Pacto de Silencio” (Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas-Chile)

Especial para Colectivo LER

El ahora imputado RICARDO MARTÍNEZ MENANTEAU, general ®, quien ha renunciado a la comandancia en jefe del Ejército tras las acusaciones de involucramiento en delitos económicos, como última acción de mando divulgó, el 2 de marzo pasado, un informe del Ejército de Chile de 120 páginas bajo el título “REFLEXIÓN SOBRE LAS ACTUACIONES DEL EJÉRCITO Y SUS INTEGRANTES EN LOS ÚLTIMOS 50 AÑOS Y SUS EFECTOS EN EL ÉTHOS MILITAR”.

Sobre el citado documento, el Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas declara:

1.- El Informe del Ejército, firmado por el ex general ® Martinez, se ha referido al Éthos del Ejército en relación a las responsabilidades de éste respecto de la DINA y la CNI; el SMO; el alineamiento de Chile junto a Estados Unidos en la Guerra Fría y la particular concepción de la Doctrina de Seguridad Nacional; el “Tacnazo”; la Doctrina Schneider; el “Tanquetazo”; en cuanto a las violaciones de derechos humanos durante la dictadura de Pinochet, el texto señala que “fueron una profunda herida al deber ser militar”.  Agrega que el asesinato del general Prats y de su esposa “es una gran vergüenza institucional”.  Dice que en el crimen del general Schneider “participaron civiles, militares y la CIA” y que la “Caravana de la muerte” habría sido “uno de los episodios más condenables”. Apesadumbrados indican que “en 1973 hubo militares que se vieron obligados a cumplir órdenes y fueron procesados como violadores de derechos humanos. Lamentablemente, quedaron abandonados a su suerte ya que sus superiores no cumplieron con el imperativo ético de asumir sus responsabilidades”. Y así se sigue mintiendo, cuando se señala que desde el año 2001 la justicia está avanzando en los procesos, por la reinterpretación de la Ley de Amnistía, se miente. El Decreto de Ley de Amnistía del año 1978, que instauró el dictador Pinochet, sigue vigente. 

2.- Sobre las víctimas, el documento afirma que “es reprochable que hayan sido torturados, como lamentablemente ocurrió y más aún el hecho que algunos hayan sido ejecutados sin que existiera un debido proceso judicial”.  También se hace referencia a Tucapel Jiménez, víctima de la dictadura, y al victimario Eugenio Berríos, a la Comisión de Verdad y Reconciliación (Rettig), a la Mesa de Diálogo, a la Comisión de Prisión Política y Tortura (Valech), a la destrucción de documentos de la dictadura, como de muchos otros documentos que los incriminaban en sus crímenes de Lesa Humanidad.

3.- Es válido el itinerario de los hitos del Ejército que, de acuerdo al documento, habrían contribuido al desarrollo del país.  Sin embargo, llama la atención que el reconocimiento institucional del genocidio y de los latrocinios cometidos por el Ejército se haya producido con tanta tardanza, lejos de la justicia y de la reparación. Es también relevante el silencio de las otras ramas de las FFAA y  de Carabineros, en contradicción con sus respectivos “éthos institucionales”. Más llamativo aún ha sido el silencio de los dirigentes políticos y de la prensa empresarial.

4.- El éthos indica el comportamiento de acuerdo con las normas y valores propios del contexto cultural.  Significa establecer como norma individual la costumbre o norma social.  Así se llega al juicio valórico de la persona.

A diferencia de Martínez y el Ejército, una reflexión sobre el éthos del Ejército de Chile conduce, inevitablemente, a la condena ética de la institución  y de sus integrantes que mantuvieron y mantienen cerrados sus ojos y sus oídos ante el clamor de justicia de parte del pueblo.

No tiene valor la reflexión de Martínez y del Ejército, porque no va acompañada de información sobre los detenidos desaparecidos, no aportan a los procesos que están en la justicia, ni se condena el golpe de Estado por parte de la institución. 

Por lo mismo, las FFAA y las policías deben romper el “pacto de silencio” sobre los crímenes y todos los otros delitos que han cometido.  Los familiares de las víctimas están muriendo sin saber sobre el destino de sus seres queridos y los criminales continúan en la impunidad.  Es esto un indicador más de que no hay éthos ni honor del Ejército.  

Han mentido de manera extrema, burda y grotesca y su actitud de permanente amenaza de retornar al poder por el uso de la violencia, amedrenta y acrecienta el desprecio hacia los miembros de esta Institución y de las demás FFAA y policiales.  

También se debe reconocer que es signo de cobardía y de traición aludir al riesgo de castigo si los militares se negaren al cumplimiento de órdenes abiertamente demoníacas.  Existe la objeción de conciencia y muy pocos soldados la ejercieron al momento del golpe de Estado y los tiempos posteriores.  Son muy pocos los soldados que poseen dignidad.

5.- El informe, y el general ® Martínez, reitera la alusión al éthos militar.  El éthos supone la libertad de la conciencia, que es la capacidad de buscar la verdad a través de la razón y de seguir el bien al que se aspira, sin aceptar ningún tipo de presiones, contricciones y violencias.  Es así  como las personas adquieren dignidad, al corresponder al imperativo moral de la propia conciencia.  Ya Platón lo señaló, varios siglos antes de Cristo: un hombre digno no toma en cuenta los peligros de la vida o de la muerte, sino que si lo que hace es justo o es injusto.  Cometer injusticias y abusar del más débil es lo más criminal y lo más vergonzoso.  El Ejército, las FFAA y policiales han negado sus crímenes para evitar el castigo.  Pero no pueden evitar la deshonra, el desprecio, la iniquidad y la infamia a que la verdad les condena (1).

6.-  No es suficiente reconocer el daño que el Ejército ha provocado a su propio pueblo: el Ejército y las FFAA y policiales deben decir dónde están los detenidos-desaparecidos.  Todos los miembros de las FFAA y policiales deben ser juzgados, porque todos han sido partícipes de los crímenes por acción u omisión.  Deben reparar el mal causado.  Deben devolver los bienes adquiridos a través de latrocinios y otros medios ilícitos.  Deben someterse al soberano que es el pueblo al que han jurado servir y cuyo trabajo permite mantener los privilegios de la “familia militar”.   Porque “la injusticia va acompañado de la maldad más completa y absoluta” (2).  Sólo entonces, tras la verdad, la justicia, la reparación, la memoria y el compromiso de no repetición de los crímenes que hasta hoy cometen, el Ejército se habrá encaminado hacia la dignidad y se podrá reconocer el “éthos” militar.

Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas

(1) Cfr: Platón, «Apología de Sócrates».

(2) Aristóteles, «Ética a Nicómaco», V, 5, 1133.

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