martes, mayo 21, 2024

"La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores"

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El nazismo ucraniano, o por qué es necesario un nuevo Nuremberg (por Viktor Medvedchuk)

Bertolt Brecht y Fritz Lang tenían razón: el nazismo nunca fue erradicado. Es una forma del capitalismo. Por lo demás, un número significativo de generales alemanes del Tercer Reich sirvió en altos cargos en la OTAN… ¿Quieres nombres? Tenemos la lista completa. Viktor Mevdevchuk, político ucraniano, se dio el trabajo de reconstruir cronológicamente el drama de Ucrania. Es resultado es un cuadro alucinante… con el que «occidente» se solaza…

El conocido político ucraniano Viktor Medvedchuk, líder del partido Plataforma de Oposición Por la Vida, en un extenso artículo reflexiona y hace un análisis comparativo entre el gobierno de Zelenski en Ucrania y el régimen de Hitler. Aquí publicamos su traducción al español.

Desde el colapso de la URSS y el surgimiento de una Ucrania independiente, los políticos occidentales y sus servicios especiales promovieron el resurgimiento del nazismo mediante la imposición de la ideología nacionalista en la conciencia de los ucranianos. Según los planes occidentales, una Ucrania nazificada debía convertirse en un «arma» contra Rusia.

Uno de los ideólogos del nacionalismo ucraniano es Dmitry Dontsov. La doctrina del nacionalismo integral que esbozó en su libro «Nacionalismo», se convirtió en la base ideológica de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y, más tarde, en la del Ejército Insurgente Ucraniano (UPA). Las ideas y los métodos del nazismo, que se han extendido recientemente en Ucrania, fueron heredados de la OUN-UPA.

En abril de 1941, en el II Gran Encuentro de Nacionalistas Ucranianos, celebrado en Cracovia (entonces parte de Alemania), el líder nazi ucraniano Stepan Bandera fue declarado nuevo líder de la OUN. El saludo oficial de la OUN era «levantar el brazo derecho estirado hacia la derecha oblicuamente por encima de la cabeza con las palabras «Gloria a Ucrania» – «Gloria a los Héroes», copiado de los ideólogos de la Alemania de Hitler.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la OUN-UPA se caracterizó por su estrecha cooperación con la Alemania nazi y la participación en el exterminio masivo de civiles.

En agosto de 1941, los seguidores de Bandera enviaron a Berlín el Memorándum de la OUN, sobre los términos de la cooperación con Hitler. El Memorándum comenzaba con las siguientes palabras: «La Organización Militar Ucraniana y su sucesora, la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), bajo la dirección de Eugen Konovalets, se propusieron desde el principio cooperar con el Reich alemán contra Polonia y Moscú, con la idea de que Alemania apoyaría el surgimiento de un Estado Ucraniano Unido independiente.

Tras la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, muchos integrantes de la OUN-UPA terminaron en países occidentales, sobre todo en Canadá y Estados Unidos, al igual que los líderes ideológicos de los actuales nacionalistas en Kiev.
La CIA tenía planes utilizar a Ucrania contra Rusia desde la década de 1950. Recientemente, la inteligencia estadounidense desclasificó parte de sus archivos de 1958-59. Según estos documentos, el propósito de los servicios de inteligencia estadounidenses era utilizar las tendencias nacionalistas ucranianas para la guerra política y psicológica contra la URSS.

Los servicios de inteligencia estadounidenses afirmaban que el nacionalismo ucraniano era mucho más fuerte en las provincias occidentales, pero no se limitaba a Galitzia y mientras existiera una fuerza nacionalista, la apoyarían para movilizarla en el momento necesario.

Ya en los años 50, la CIA eligió a la OUN para que proporcionara la mano de obra y el apoyo operativo a los proyectos de nazificación en Ucrania. Los objetivos de estos proyectos no eran sólo la población de la Ucrania soviética, sino también la minoría ucraniana de Polonia y los emigrantes ucranianos en Europa Occidental, Sudamérica y Australia.

La historia moderna de Ucrania ha demostrado que estos proyectos de los servicios de inteligencia occidentales continúan vivos.

Así, la «Revolución Naranja» de 2004, impulsada por Estados Unidos y sus satélites europeos, llevó al poder en Ucrania al presidente proestadounidense Viktor Yushchenko. Durante su gobierno revivieron manifestaciones abiertas de nacionalismo y nazismo. El 1 de enero de cada año, día del cumpleaños de Stepan Bandera, con el permiso de las autoridades empezaron a celebrarse marchas de antorchas en su honor. Los diplomáticos occidentales ignoraron estas marchas, alentando el renacimiento del nazismo en el centro de Europa.
En mayo de 2006, por iniciativa de Yúschenko, se creó el Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional, un órgano ejecutivo central con estatus especial. Con la creación de este instituto, comenzó la nazificación de Ucrania a nivel estatal, pues siguió una política de falsificación de la historia de Ucrania y de imposición de actitudes antirrusas a la población. Para lograr sus objetivos, elaboró los primeros proyectos de ley descaradamente rusófobos: «Sobre la condena de los regímenes totalitarios comunista y nacionalsocialista (nazi) en Ucrania y la prohibición de la propaganda de sus símbolos», «Sobre el estatuto jurídico y la memoria de los luchadores por la independencia de Ucrania en el siglo XX», entre otros.

Por iniciativa de este Instituto, en 2007 Yúschenko concedió el título de «Héroe de Ucrania» a Roman Shukhevich, criminal nazi y líder de la OUN y del batallón Nachtigal, entrenado por la inteligencia militar de Hitler para actuar en la República Socialista Soviética de Ucrania en la unidad subversiva «Brandeburgo 800.»

El 22 de enero de 2010, otro nazi, Stepan Bandera, recibió el título de «Héroe de Ucrania». En 2008, bajo la presidencia de Yúschenko, se erigió un monumento a los soldados de la división SS «Halychyna”. Los permisos necesarios fueron expedidos por representantes del poder estatal. De este modo, el Estado participó en la instalación de monumentos a criminales de guerra juzgados por el tribunal de Nuremberg. La 14ª División de Infantería Voluntaria SS «Halychyna» era una subdivisión de las tropas SS de la Alemania nazi. La creación de la división fue supervisada personalmente por el criminal nazi, jefe de las SS, Heinrich Himmler.

Cabe señalar que, con el apoyo del presidente Yushchenko, se instalaron varios otros monumentos a nazis de «Halychyna» de las SS y los demás cómplices de ellos. Con el permiso de las autoridades, comenzaron a celebrarse en Ucrania occidental marchas conmemorativas en honor a los nazis con el uso de símbolos nazis y estandartes de la división SS «Halychyna».

Así, entre 2005 y 2014, se da un real renacimiento de la ideología nazi en Ucrania. Al principio, convirtieron «suavemente» a Ucrania en «Anti-Rusia» mezclando eslóganes nacionalistas con los de democracia liberal.
En 2014, los políticos occidentales y sus servicios especiales, con la ayuda de la élite ucraniana comprada, llevaron a cabo un golpe de Estado pro-nazi inconstitucional, utilizando eslóganes liberales sobre la elección europea de los ucranianos como distracción. Legítimamente elegido, reconocido por toda la comunidad internacional, el presidente ucraniano Víktor Yanukóvich fue apartado del poder por un grupo de golpistas que utilizaron a grupos nazis con el apoyo de diplomáticos y servicios especiales occidentales.
Uno de los documentos más importantes del siglo XX, el Veredicto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg del 1 de octubre de 1946, describe la llegada al poder de los nazis en Alemania y el posterior establecimiento de la dictadura nazi en la década de 1930. Sus seguidores en Ucrania utilizaron los mismos métodos.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Durante los ocho años que siguieron a la publicación de Mein Kampf, el Partido Nacional-Socialista Obrero Alemán (NSDAP)) extendió ampliamente sus actividades por toda Alemania, centrándose principalmente en educar a los jóvenes en las ideas del nacionalsocialismo. La primera organización juvenil nazi comenzó su existencia en 1922, pero no fue hasta 1925 cuando las «Juventudes Hitlerianas» fueron reconocidas oficialmente por el NSDAP. En 1931, Baldur von Schirach, que se había unido al NSDAP en 1925, se convirtió en el líder imperial de las juventudes del NSDAP.
El partido hizo todo lo posible por ganarse el apoyo político del pueblo alemán. Se presenta a las elecciones al Reichstag y a los Landtags.
Los líderes del NSDAP no hicieron ningún intento serio de ocultar el hecho de que su único objetivo en la vida política de Alemania era eliminar el sistema democrático de la República de Weimar y sustituirlo por un régimen totalitario nazi que les permitiera llevar a cabo abiertamente sus políticas sin encontrar oposición …
El 30 de enero de 1933, Hitler consiguió que el Presidente von Hindenburg le nombrara Canciller del Imperio.»

En 2014, la ideología del nacionalismo ucraniano se transformó finalmente en nazismo y se convirtió en ideología de Estado. Las personas que tomaron el poder tampoco «hicieron ningún intento serio de ocultar el hecho» de que llegaron al gobierno con el objetivo de luchar contra Rusia y los rusos, declarando de inmediato a las fuerzas políticas prorrusas e izquierdistas como sus enemigos. Los rusos y los rusoparlantes que vivían en Ucrania fueron «etiquetados» con apodos despectivos y humillantes.

Después de tomar el poder los golpistas empezaron a deshacerse de sus opositores. En septiembre de 2014, el parlamento aprobó la ley «Sobre la limpieza del poder». Según esta ley, se llevó a cabo la llamada «limpieza»: miles de personas, en su mayoría de regiones rusoparlantes del sureste, fueron despedidas de los cargos públicos sin motivo alguno y en su lugar se pusieron personas de las regiones occidentales de Ucrania, a menudo sin la experiencia ni la formación adecuadas. Este tipo de «limpiezas» fue ampliamente practicado por Hitler.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Alcanzado así el poder, el NSDAP comenzó a apoderarse de todos los ámbitos de la vida alemana… La ley del 7 de abril disponía la dimisión de los funcionarios de «origen no ario»; y estipulaba que «los funcionarios que, a causa de sus actividades políticas pasadas, no puedan ser considerados como personas que se entreguen incondicionalmente al servicio del Estado nazi deben ser destituidos de sus cargos». La ley del 11 de abril de 1933 preveía el despido de «todos los funcionarios pertenecientes al Partido Comunista».

Los participantes en el golpe de Estado de 2014 se apoyaron principalmente en la población de las regiones occidentales de Ucrania. El simbolismo y la ideología de la «nueva» Ucrania eran iguales al nacionalismo ucraniano en la época de la cooperación con el nazismo alemán.

Los líderes de Ucrania que llegaron al poder como resultado del golpe de Estado comenzaron a aplicar una política de etnocidio contra los rusos y la población rusoparlante de Ucrania. Al cabo de algún tiempo, comenzó el genocidio en el territorio de Ucrania contra las personas que no aceptaban la ideología oficial nacionalista.

El artículo II de la Convención de la ONU «para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio», adoptada por la resolución 260 (III) de la Asamblea General de la ONU del 09.12.1948, establece que «Se entiende por genocidio los actos siguientes cometidos con la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal
(a) La matanza de miembros de tal grupo;
(b) Causar graves daños físicos o mentales a los miembros de dicho grupo;
(c) Sometimiento intencional de un grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.

Los residentes del sureste de Ucrania en su mayoría no aceptaron las ideas nazis y antirrusas, lo que provocó protestas masivas. Contra ellos se utilizaron tanques, artillería y aviación, aunque según las normas internacionales estaban ejerciendo su derecho a la rebelión, consagrado en el Preámbulo de la

Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Resolución 217 A (III) de la Asamblea General de la ONU del 10 de diciembre de 1948, que establece: «Es esencial que los derechos humanos estén protegidos por la ley para garantizar que el hombre no se vea obligado a recurrir, como último recurso, a la rebelión contra la tiranía y la opresión».

El 2 de mayo de 2014, grupos nazis organizaron la brutal quema de manifestantes en la Casa de los Sindicatos de Odessa, que se saldó con 48 personas quemadas vivas. Estos hechos fueron presentados burlonamente en el sitio web oficial de la ONU: «El 2 de mayo de 2014, unos 300 partidarios bien organizados del ‘federalismo’ atacaron una marcha a la que asistían unos 2.000 manifestantes ‘por la unidad’, entre los que se encontraban residentes locales y un gran número de aficionados al fútbol conocidos por su firme postura ‘a favor de la unidad'».

Este crimen puede compararse con la quema de civiles en la aldea bielorrusa de Jatyn el 22 de marzo de 1943, llevada a cabo por los asesinos del batallón Dirlewanger de las SS, cuyos símbolos utilizan también los nazis ucranianos.

El 2 de junio de 2014, dos aviones de ataque Su-25 ucranianos bombardearon el centro de Lugansk. El ataque tuvo como objetivo el edificio de la administración estatal regional y la plaza situada frente a él. Como resultado del bombardeo murieron 8 civiles. Los autores del ataque no han sido identificados.
El genocidio desatado contra los residentes de Donbass es comparable al genocidio de los nazis contra la población judía del Reich.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Desde los primeros días del NSDAP, el antisemitismo ocupó un lugar destacado en el pensamiento y la propaganda nacionalsocialistas. Se creía que los judíos no debían tener derecho a la ciudadanía alemana y que debían ser considerados los principales responsables de todos los desastres infligidos a la nación como resultado de la guerra de 1914-1918. Además, la antipatía hacia los judíos se vio reforzada por la afirmación de la superioridad de la raza y la sangre alemanas. El capítulo II 1 de Mi Lucha trata de la teoría de la llamada «Raza de los Amos», la doctrina de la superioridad aria sobre otras naciones y el derecho de los alemanes, en virtud de su superioridad, a dominar a otras naciones y utilizarlas para lograr sus propios fines. Cuando los nazis llegaron al poder en 1933, la persecución de los judíos se convirtió en la política oficial del Estado.»

Las personas que dirigieron el golpe, así como los nazis y los nacionalistas de extrema derecha que participaron en él, cometieron muchos crímenes durante el «Maidan». Sin embargo, ya en febrero de 2014, el parlamento ucraniano, presionado por los radicales, aprobó una ley para eximirlos, a ellos y a sus partidarios, de cualquier responsabilidad penal por los delitos cometidos durante el golpe de Estado.

Al mismo tiempo, Yuri Lutsenko, que se convirtió en fiscal general de Ucrania, fue uno de los exculpados. En julio de 2016, Lutsenko intercedió personalmente por el comandante de un batallón del grupo paramilitar «Aydar», enjuiciado por un crimen. Al mismo tiempo, dos batallones de “Aydar” y otros batallones paramilitares de Donbass bloquearon el tribunal y cortaron completamente el tráfico en la calle central de Kiev, Kreshchatyk, logrando su objetivo.

En diciembre de 2018, Lutsenko declaró públicamente que cualquier ataque contra activistas «proucranianos»se consideraría un ataque contra el Estado de Ucrania.

Así, el jefe del organismo estatal destinado a supervisar la observancia del Estado de derecho admitió que ser nacionalista en Ucrania es suficiente para eludir la responsabilidad por cualquier delito.

Otro alto funcionario que apoya abiertamente a los nazis, es el ministro del Interior, Arsen Avakov. el dirigente el regimiento neonazi Azov, que utilizó el símbolo nazi Wolfsangel (garfio de lobo) como símbolo oficial.

En abril de 2018, 50 congresistas estadounidenses pidieron al Departamento de Estado de Estados Unidos presión diplomática sobre Ucrania y Polonia por antisemitismo. La «campaña de 2017 alabando al Ejército Insurgente Ucraniano» del Instituto de Memoria Nacional, renombrando calles con los nombres de las figuras de la OUN-UPA Stepan Bandera y Roman Shukhevich, celebrando el festival Shukhevich, así como las actividades del batallón neonazi Azov (que debería ser disuelto), son una manifestación viva de antisemitismo y glorificación de los colaboradores nazis, en su opinión. Al mismo tiempo, los congresistas señalaron la implicación del ministro del Interior, Arsen Avakov, en esta unidad.
Sin el permiso de Avakov, era imposible que en la estructura del Ministerio del Interior fueran integrados batallones paramilitares creados para el exterminio de la población de Donbass.

Según los testimonios de residentes de Donbass que sobrevivieron a la aparición de los Batallones Nacionales, la mayoría de ellos eran abiertamente nazis.
Tras el golpe de Estado de 2014, el Servicio de Seguridad ucraniano se reformó según las normas de seguridad de la OUN-UPA de 1930-1950, y el servicio de seguridad se convirtió en un órgano paramilitar destinado a erradicar a la oposición y a los disidentes.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «En preparación para el día en que pretendía tomar el poder en Alemania, Hitler nombró en enero de 1929 a Heinrich Himmler Reichsführer, confiándole la tarea especial de transformar las SS en un grupo poderoso y selecto con el que se pudiera contar en cualquier circunstancia.»

Puede afirmarse que quienes dirigieron las fuerzas del orden de Ucrania tras el golpe de Estado de 2014 fueron los adeptos de la ideología nazi, Organización Ucraniana Nacionalista -Ejército Insurgente Ucraniano (OUN-UPA), así como de sus métodos empleados.

En 2014, el político proestadounidense Arseniy Yatsenyuk se convirtió en primer ministro. El 8 de enero de 2015, en el canal de televisión alemán ARD, declaró: «La agresión militar rusa contra Ucrania es un ataque al orden mundial, y es un ataque a la seguridad europea. Todos recordamos bien la invasión soviética, tanto en Ucrania como en Alemania. Eso hay que evitarlo. Y a nadie se le permite reescribir los resultados de la Segunda Guerra Mundial, cosa que el presidente ruso, el Sr. Putin, está intentando hacer».

Ninguno de los políticos occidentales condenó esta absurda declaración del primer ministro de Ucrania. Al igual que ninguno de ellos condenó las flagrantes manifestaciones de nazismo en Ucrania, consagradas por ley.

El 9 de abril de 2015, el parlamento de Ucrania aprobó un proyecto de ley redactado por el Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional y presentado por el diputado Yuri Shukhevich, hijo de uno de los líderes de la OUN, Roman Shukhevich, «Sobre el estatus legal y la memoria de los participantes en la lucha por la independencia de Ucrania en el siglo XX», que concede a los miembros de la OUN y a los soldados del UPA el estatus de «luchadores por la independencia de Ucrania».

La OUN y la UPA colaboraron estrechamente con la Alemania nazi antes y durante la Gran Guerra Patria. Así, el Estado reconoció legalmente como «luchadores por la independencia de Ucrania» a los nazis y sus cómplices de la OUN y la UPA, que habían formado, entre otras, la división «Halytchyna» de las SS.

En el veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Considerando el caso contra las SS, el Tribunal incluye aquí a todas las personas que han sido aceptadas oficialmente como miembros de las SS: miembros de las SS Generales, tropas de las SS, formaciones de las SS «Cabeza Muerta» y miembros de cualquier tipo de servicios policiales…»

Cabe señalar que el odio a todo lo soviético y lo ruso también se manifestó en la ley «Sobre la condena de los regímenes totalitarios comunistas nacional-socialistas (nazis) en Ucrania y la prohibición de la propaganda de sus símbolos», aprobada por el parlamento el 9 de marzo de 2015. Con esta ley, Ucrania equiparó a los nazis con los soldados soviéticos que liberaron al país.

Un papel especial en el inicio del genocidio contra el pueblo de Donbass desempeñó uno de los líderes del golpe de Estado, Oleksandr Turchynov. El 14 de abril de 2014, como presidente en funciones, Turchynov firmó un decreto sobre el inicio de la operación antiterrorista en Donbass, que desembocó en una guerra civil en Ucrania. El jefe del Estado declaró oficialmente terroristas a los civiles de las dos regiones que protestaban contra la rusofobia. Fue Turchinov quien dio las órdenes para el uso de aviones de combate y artillería contra el Donbass rebelde, para la distribución incontrolada de armas y para la formación de batallones nacionalistas.

Con el fin de falsificar la historia y enfrentar al pueblo ucraniano con el ruso, tras el golpe de Estado de 2014 en Ucrania, se cambiaron los días festivos oficiales. El 14 de octubre de 2014, el presidente del «Maidan», Poroshenko, canceló la celebración del Día de los Defensores de la Patria en Ucrania el 23 de febrero, declarando que «Ucrania nunca más celebrará esta fiesta según el calendario histórico-militar de un país vecino. Honraremos a los defensores de nuestra propia Patria, no a los de otra». Desde entonces, el Día de los Defensores de Ucrania se celebra el 14 de octubre. Ese mismo día, los nacionalistas celebran el aniversario de la creación del nacionalista Ejército Insurgente Ucraniano.
Desde 2015, los símbolos soviéticos, incluida la Bandera de la Victoria, están prohibidos en Ucrania.

El gobierno de Petro Poroshenko, en el poder tras el Maydan en 2014, inició el cambio de nombre de avenidas, calles y localidades en honor a Bandera, Shukhevich, Petlyura, Konovalets, etc. Durante su presidencia se erigieron monumentos a los fascistas, y los monumentos a héroes que destruyeron a los fascistas fueron destruidos y profanados. Al mismo tiempo, las autoridades ucranianas lo apoyaron tácita o directamente.

En la Ucrania «post-Maidan» se creó una plataforma digital llamada «Pacificador» (“Myrotvorets”), en el que, violando todas las leyes, se publican las direcciones de ciudadanos que tratan de defender los derechos de la población rusoparlante. Por «casualidad», los que figuran en «Pacificador» empezaron a ser asesinadas. Estos asesinatos no se investigan debidamente y los asesinos quedan impunes.

Así, el 14 de abril de 2015 fue asesinado el conocido político ucraniano Oleg Kalashnikov, líder de los anti-Maidan de Kiev. El crimen no ha sido resuelto. Dos días después, fue asesinado Oles Buzina, escritor y publicista que luchaba por la lengua rusa en Ucrania y opositor ideológico del régimen gobernante. Unos días antes, sus datos personales habían sido publicados en «Pacificador». Dos meses después del asesinato, se capturó a los sospechosos del crimen: Denis Polishchuk y Andrey Medvedko, miembros del grupo nacionalista radical S14 y participantes en la “Operación Antiterrorista” contra Donbass.

Sin embargo, antes de finales de 2015, ambos fueron puestos en libertad, a pesar de las declaraciones del jefe del Ministerio del Interior, Arsen Avakov, de que la investigación contaba con pruebas irrefutables de la implicación de los sospechosos en el asesinato.

Así, entre 2014 y 2019, el nacionalismo y la rusofobia se afianzaron plenamente en el país. Las autoridades reprimieron a la población rebelde de Donbass y a otros ucranianos por no estar de acuerdo con el régimen. Se prohibieron las ideologías de oposición y los políticos opositores fueron eliminados físicamente, amedrentados o expulsados del país. De esta forma, el «civilizado» Occidente promovió abiertamente el resurgimiento del nazismo en el centro de Europa en el siglo XXI.

El 20 de mayo de 2019, Vladimir Zelenski se convirtió en presidente de Ucrania. Bajo su mandato, Ucrania pasó de ser un Estado nacionalista a una dictadura nazi.

Hoy, las principales tesis de su programa electoral parecen un mal chiste. Comenzaba con las palabras: «Les hablaré de mi Ucrania de ensueño. La Ucrania en la que sólo se disparan fuegos artificiales en bodas y cumpleaños». Hoy, el mundo entero ve el país de ensueño de Zelenski, salpicada de ciudades en ruinas y cementerios.

Antes de su elección, Zelenski era un conocido showman-comediante. Como líder de Ucrania su socio Alexey Arestovich, en una entrevista con Islnd.tv lo caracterizó así: “Zelenski es un hombre débil. Tiene dos claves: el egoísmo mezquino y el miedo”.

Los titiriteros estadounidenses entre bastidores vieron en la llegada al poder de Zelenski una oportunidad para formar finalmente un régimen nazi dictatorial en Ucrania y usarlo como punta de lanza hacia Rusia. La nazificación del país se aceleró bruscamente.

El 28 de abril de 2021 se celebró en Kiev la marcha en honor a la creación de la división de las SS «Halychyna». Los participantes se manifestaron llevando símbolos nazis e intercambiando el tradicional saludo nazi, sin embargo, ninguno de los representantes de la administración de la ciudad que habían dado el permiso fueron castigados, ni tampoco los participantes de la marcha.

Desde el 1 de septiembre de 2020, la ley «Sobre la Educación Secundaria General Completa» eliminó todas las escuelas de lengua rusa de Ucrania. Los libros de historia se reescribieron por completo: se excluyeron las referencias a acontecimientos relacionados con la historia común con Rusia, como la invasión de Napoleón y las guerras ruso-turcas. La historia de la Primera y Segunda Guerras Mundiales se reescribió con una percepción rusófoba y nacionalista. La participación de Ucrania en la Segunda Guerra Mundial se presentó como una lucha del pueblo ucraniano contra Alemania y la URSS al mismo tiempo.
Desde el 16 de enero de 2021, según la discriminatoria ley «Sobre la garantía del funcionamiento de la lengua ucraniana como lengua estatal», todo el mundo está obligado usar exclusivamente la lengua ucraniana en todas las actividades diarias públicas.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «En el campo de la educación se hizo todo lo posible para garantizar que la juventud alemana fuera educada en el espíritu del nacionalsocialismo. A esto siguieron otras medidas que garantizaron que las escuelas contaran con profesores confiables para inculcar las doctrinas nacionalsocialistas en las mentes de los alumnos. Además de introducir las ideas nacionalsocialistas en las escuelas, los líderes nazis también confiaron en la organización de las juventudes hitlerianas para garantizar el apoyo fanático de la generación más joven a su régimen.»

Al llegar al poder, Zelenski comenzó a perseguir a los medios de comunicación independientes.

En agosto de 2020, el Consejo Nacional de Radio y Televisión, controlado por Zelenski, puso fin a las emisiones del canal de televisión Kyivska Rus («KRT»).
El 2 de febrero de 2021, Zelenski eliminó los canales de televisión «112», «TV Vybor» LLC, «Ariadna TV», «Novy Format TV», «Partner TV» y «Leader TV», así como la empresa «News 24 Hours» (el canal de televisión NewsOne) y la empresa «New Communications» (el canal de televisión ZIK).

El Servicio de Seguridad de Ucrania falsificó masivamente las causas penales contra periodistas independientes.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Como resultado del control efectivo de la prensa y la radio, el pueblo alemán, a partir de 1933, fue sometido a la más fuerte influencia de la propaganda a favor del régimen; y no sólo se prohibió la crítica hostil, sino toda crítica. El juicio independiente basado en la libertad de pensamiento se hizo completamente imposible… El gobierno nazi intentó movilizar al pueblo para que apoyara su política mediante un uso intensificado de la propaganda. En Alemania se crearon varios organismos oficiales con el deber de controlar e influir en la prensa, la radio, el cine, las editoriales, etc., y supervisar el entretenimiento, el arte y la cultura.»

El 2 de febrero de 2021, mediante un decreto inconstitucional, Zelenski impuso sanciones contra políticos de la oposición que abogaban por las relaciones de buena vecindad con Rusia; también se impusieron sanciones extrajudiciales a familiares de los opositores.

En mayo de 2022, el decreto de Zelenski promulgó la decisión del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa y prohibió las actividades de los partidos con “una postura prorrusa” en Ucrania. Según la decisión del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, la lista de partidos prorrusos incluía la Plataforma de Oposición – Por la Vida, el Partido Shariy, el Partido Nashi, el Bloque de Oposición, la Oposición de Izquierda, la Unión de Fuerzas de Izquierda, Derzhava, el Partido Socialista Progresista de Ucrania, el Partido Socialista de Ucrania, los Socialistas y el Bloque de Vladimir Saldo.

Según la ley «De enmiendas a determinados actos legislativos de Ucrania sobre la prohibición de partidos políticos» del 14 de mayo de 2022, todos los bienes de los partidos reconocidos como “prorrusos” por los tribunales pasan a ser propiedad del Estado.

Las represiones contra los opositores políticos se están convirtiendo en algo habitual. Se procesa a personas en causas penales inventadas por declaraciones y artículos en los medios de comunicación, así como por vídeos y publicaciones en las redes sociales.

A los diputados de “partidos prorrusos” prohibidos se les priva de la ciudadanía ucraniana de forma masiva y sin ningún fundamento, utilizando únicamente datos falsificados del Servicio de Seguridad de Ucrania «de forma operativa». Un total de 35 personas han sido privadas ilegalmente de su ciudadanía por decretos de Zelenski desde 2021. Así, a los diputados sin ciudadanía se les priva de sus cargos oficiales.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Habiendo alcanzado así el poder, el NSDAP comenzó a tomar en sus manos todos los ámbitos de la vida alemana. Otros partidos políticos fueron perseguidos, sus propiedades y bienes confiscados y muchos de sus miembros enviados a campos de concentración.»

Al poner el poder judicial bajo su control, Zelenski desató una campaña de intimidación contra el poder judicial en Ucrania. Un ejemplo típico es el conflicto de Zelenski con el Tribunal Constitucional de Ucrania desatado en otoño de 2020 y aprobado por Estados Unidos.

En octubre de 2020, el Tribunal Constitucional, dirigido por Oleksandr Tupitsky, declaró inconstitucionales ciertas disposiciones de la legislación anticorrupción impuesta previamente a Ucrania por los jefes occidentales. Después de eso, Zelenski presentó un proyecto de ley al parlamento reconociendo la decisión del Tribunal Constitucional como «nula y sin efecto porque fue adoptada por los jueces del Tribunal Constitucional de Ucrania en condiciones de un verdadero conflicto de intereses».

También ordenaba poner fin a los poderes de los jueces e iniciar el proceso de selección de nuevos magistrados. Ni siquiera los diputados controlados por Zelenski aprobaron el proyecto de ley anticonstitucional. En diciembre de 2020, el presidente suspendió al presidente del Tribunal Constitucional como juez durante dos meses y ordenó a su subordinado Departamento de Protección del Estado que no permitiera trabajar a Tupitsky. Otro mes después, Zelenski anuló ilegalmente con su decreto los decretos del «antepenúltimo presidente» sobre el nombramiento de dos jueces del Tribunal Constitucional: Alexander Kasminin y Alexander Tupitsky.

Otro ejemplo de ilegalidad es la «guerra» contra los jueces del Tribunal Administrativo del Distrito de Kiev. Según la legislación, las acciones de las autoridades superiores podían recurrirse por este tribunal. Éste anuló el cambio de nombre de las avenidas en honor a los nacionalistas ucranianos Stepan Bandera y Roman Shukhevich y suspendió el cambio de nombre ilegal de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana canónica. Zelenski no podía permitir semejante «voluntad propia» de los jueces y abrió un caso penal contra los jueces con acusaciones absurdas, como que supuestamente el presidente del tribunal dirigía una «organización criminal» que incluía al menos a 12 personas cuyo objetivo era «hacerse con el poder del Estado». En julio de 2020 se llevaron a cabo registros masivos del tribunal para presionar a los jueces e inducirles a dimitir. Pero no había ningún juez en Ucrania que pudiera condenar a sus colegas por cargos tan falsos.

Y entonces, en abril de 2021, Zelenski presentó un proyecto de ley en el Parlamento para abolir el tribunal. El 15 de diciembre de 2022 entró en vigor la ley que lo abolía. En su lugar, se creó el Tribunal Administrativo de la ciudad de Kiev. Con el cambio de nombre se pretendía sustituir a los jueces poco cooperadores por otros totalmente bajo el control del dictador. Aunque la ley se firmó el 13 de diciembre, su publicación, y en consecuencia su liquidación, se hizo coincidir con el Día de los Trabajadores de los Tribunales, que se celebra en Ucrania el 15 de diciembre. Para ello, un periódico parlamentario publicó un número adicional de la ley ese día.

Al hacer esto al jefe del Tribunal Constitucional de Ucrania, uno de los más altos dirigentes de la judicatura ucraniana, y al «destrozar» el Tribunal Administrativo de Distrito de Kyiv, Zelenski mostró a toda la comunidad judicial el destino que les espera en caso de incumplimiento de sus tareas, incluso ilegales.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «De la misma manera el poder judicial fue tomado bajo control. Los jueces fueron destituidos de sus cargos por motivos políticos y raciales. Fueron espiados y sometidos a una presión extrema para que se unieran al partido nazi, de lo contrario se les amenazaba con el despido. Cuando el Tribunal Supremo absolvió a tres de los cuatro acusados de participar en el incendio del Reichstag, los casos de traición fueron retirados de su jurisdicción y transferidos al recién creado «tribunal popular», formado por dos jueces y cinco funcionarios del Partido Nazi. Se crearon tribunales especiales para procesar a quienes habían cometido delitos políticos, y sólo se nombró a miembros del partido para el cargo de juez.»

Tras establecer el control total sobre los sistemas judiciales y de aplicación de la ley, el régimen de Zelenski comenzó a abrir casos penales contra la oposición con acusaciones falsas. Desde el 24 de febrero de 2022 hasta hoy, sólo las fuerzas del orden han fabricado unos 17.000 procesos penales contra sus propios ciudadanos acusados de delitos contra los fundamentos de la seguridad del Estado. Es evidente que las autoridades quieren sofocar cualquier disidencia en Ucrania.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Ciudadanos fueron detenidos por las SS por motivos políticos, recluidos en prisiones y campos de concentración, sin que los jueces tuvieran poder alguno para impedirlo».

Inmediatamente después de su elección como presidente, Zelenski comenzó a presionar al gobierno local. Los proceso penales contra dirigentes municipales no se han hecho esperar. El alcalde de Kiev y posible detractor político de Zelenski, también cayó bajo la mira del gobierno. Se presentó al parlamento un proyecto de ley «Sobre la capital», según el cual se separaban los cargos del alcalde de Kiev y del jefe de la Administración Estatal de la ciudad de Kiev.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Con el fin de poner el control total de la maquinaria gubernamental en manos de los líderes nazis, se promulgaron una serie de leyes y decretos que limitaban los poderes de los gobiernos regionales y locales en toda Alemania, convirtiéndolos en organismos subordinados al gobierno del Imperio.

La Iglesia tampoco quedó al margen de la atención del régimen de Zelenski La Iglesia se dividió entre los que complacían a Zelenski y los que no. Continuó la política de presión sobre la Iglesia Ortodoxa Ucraniana canónica, que había comenzado bajo Poroshenko. Con sus decretos inconstitucionales, Zelenski despoja de la ciudadanía ucraniana a 13 servidores de la Iglesia Ortodoxa canónica.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «En sus esfuerzos por combatir la influencia de la Iglesia cristiana, cuyas doctrinas estaban en total contradicción con los puntos de vista y las prácticas del nacionalsocialismo, el gobierno nazi actuó más lentamente. Los nazis no llegaron a prohibir la práctica de la religión cristiana, pero año tras año hicieron todo lo posible para limitar la influencia del cristianismo en el pueblo alemán».

En 2022, el régimen de Zelenski creó todas las condiciones para intensificar la agresión contra el pueblo de Donbass e implicar a Rusia en un conflicto armado como el Tercer Reich de Hitler en vísperas de 1941.

Del veredicto del Tribunal de Nuremberg: «Alemania aceptó una dictadura con todos sus métodos terroristas y su cínica y abierta negación del gobierno mediante leyes.»

Además, los objetivos de las élites occidentales fueron esbozados por Hitler en «Mi Lucha»: «Si queremos adquirir nuevos territorios en Europa, puede hacerse principalmente a expensas de Rusia, y de nuevo el nuevo imperio alemán debe seguir los pasos de los caballeros teutones. Pero esta vez la tierra para el arado alemán será adquirida por la espada alemana, y de esta manera proveeremos a la nación de nuestro pan de cada día.»

Hay que tener en cuenta que el escenario de las operaciones de combate de las tropas ucranianas contra la población civil fue la tierra del Donbass.

Históricamente, estos territorios siempre han sido habitados por población rusa y rusoparlante, y antes del colapso del Imperio ruso en 1917 formaban parte parcialmente del territorio del Ejército del Don.

Tras la Revolución de Octubre de 1917, los territorios de las regiones de Donetsk, Lugansk, Dnepropetrovsk y Zaporozhye, así como partes de las regiones de Kharkov, Sumy, Kherson y Nikolaev, se estableció la República Soviética de Donetsk-Krivoy Rog como autonomía dentro de la República Soviética Socialista Federativa de Rusa.

En marzo de 1918, la decisión del pleno de las autoridades de la República Soviética de Donetsk-Krivoy Rog fue transferida a la República Soviética Ucraniana. El objetivo era reforzar la defensa contra los invasores austro-alemanes. Además, en aquella época el territorio de la República Soviética Ucraniana estaba poblado en su mayoría por población rural y analfabeta, y la transferencia de los territorios industrializados con población proletaria debía fortalecer la posición del Partido Comunista Ruso de los Bolcheviques en la República Soviética Ucraniana.

Según el último censo de población de toda Ucrania en 2001 había 48.240.900 personas, de las cuales 37.541.700 (77,8%) eran ucranianos y 8.334.100 (17,3%) rusos, y algunos rusos se autodenominaron ucranianos.

Según los datos del Instituto Internacional de Sociología de Kiev de marzo de 2002, el 53,2% de la población de Ucrania hablaba habitualmente ruso y sólo el 44,7% ucraniano.

Así, desde 2005 hasta 2022, los políticos occidentales y sus servicios especiales, con la ayuda de las élites compradas, transformaron la conciencia de masas del pueblo ucraniano para convertirlo en una herramienta obediente de sus ambiciones geopolíticas contra Rusia. Esto les permitió dividir al pueblo unido, que ayer vivía en un solo Estado, y enfrentarlo en la guerra civil en el Donbass.

Los dirigentes que llegaron al poder como resultado del golpe de 2014 bajo consignas liberal-democráticas, perseguían de hecho una política de establecimiento de una dictadura nazi, para desencadenar una guerra fratricida en territorios poblados mayoritariamente por rusos y residentes rusoparlantes y así preparar una nueva agresión contra la Federación Rusa. De llevarse a cabo estos planes, Rusia sería la próxima víctima de la agresión occidental. Al imponer al pueblo ruso nuevos dirigentes según el escenario ucraniano, obedientes a la voluntad de otros, los políticos y servicios especiales occidentales utilizarían a la población y el territorio de Rusia para una mayor expansión.

Ucrania se convirtió finalmente en un Estado neonazi. Fueron Zelenski y sus secuaces quienes destruyeron por completo los derechos y libertades fundamentales de los ucranianos consagrados en la Constitución de Ucrania y en los actos jurídicos internacionales. Ucrania ha dejado de ser un Estado soberano, democrático y legal para convertirse en una colonia de Occidente.

Ochenta años después, debe crearse un nuevo tribunal internacional para investigar el complot nazi que tomó poder en Ucrania y que ha cometido crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad con el consentimiento occidental.

Los Estados que no quieran que se repita la tragedia europea del siglo pasado deberían unir sus fuerzas y celebrar un juicio al estilo del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, en el que se evalúen jurídicamente las acciones del régimen nazi de Zelenski, sus predecesores y patrocinadores.

Un juicio así evitaría la reencarnación del nazismo en otros países. Sólo mediante esfuerzos conjuntos, curando a Ucrania del nazismo y castigando a los responsables, podrá la humanidad evitar un Apocalipsis nuclear, al que otro Hitler podría conducir al planeta, guiado en su política por las ideas antihumanas del nazismo.

El siglo XXI debe ser el siglo de la liberación definitiva del planeta Tierra del nazismo en todas sus formas.

Fuente: [email protected]

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