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El gobierno de los niños mimados, la tragedia del PC y la voz del amo (por Alejandro Lavquén) La

Si no me equivoco, Borges le dedicó unas cuantas páginas al milenario tema del Laberinto… Por ahí leí su delicioso cuento El jardín de los senderos que se bifurcan. El Laberinto está asociado al temor de perderse, o peor aún, de encontrarse con el Minotauro, monstruo que simboliza de algún modo la bestialidad que cada cual lleva en sí mismo. Borges escribió en algún sitio: «Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta. En esa línea se han perdido tantos filósofos que bien puede perderse un mero detective.» No solo. Una nota de Alejandro Lavquén.

21-enero-2024

Los 50 años del golpe de Estado de 1973 nos encontraron con el Partido Comunista de Chile siendo gobierno junto a sus aliados del Frente Amplio en una coalición denominada Apruebo Dignidad.

Algo que nadie se hubiera imaginado tras el genocidio en contra de los integrantes y adherentes de la Unidad Popular llevado adelante por la dictadura y el anticomunismo recalcitrante que existe en nuestro país, fomentado principalmente por la prensa mercurial y la TV.

Pero, aun así, el PC logró ser gobierno, cuya pasantía, podríamos decir, la realizó integrando la llamada Nueva Mayoría durante el gobierno de Michel Bachelet.

Por su parte, el Frente Amplio, a cuya estructura pertenece el presidente de la república Gabriel Boric, reúne en sus filas a los dirigentes estudiantiles (y compañía) que participaron en las protestas de los estudiantes en 2011, sumándose a ellos un número no menor de los llamados “pingüinos”, estudiantes que impulsaron las protestas estudiantiles del año 2006 (primer gobierno de Michele Bachelet).

Todos ellos, en su momento, fueron los “niños minados” de gran parte de la sociedad, sobre todo de la auto llamada izquierda y centro izquierda. Coparon los medios de comunicación y las portadas de la prensa incluso en el extranjero, llegando algunos al delirio de afirmar que estábamos ante los nuevos Che Guevara (encabezados por Vallejo, Jackson y Boric).

Pues bien, son ellos los que hoy ocupan cientos de cargos dentro del gobierno y dirigen los destinos del país. Son los mismos que planteaban la gran transformación social, el fin de las AFP e ISAPRES, acabar con la estafa del CAE y no volver jamás a la cobardía de “en la medida de lo posible”, sentencia que no significó otra cosa que negociar siempre a favor del establishment político y empresarial.

Son los mismos que saludaron entusiastas el 18 de octubre de 2019 porque “no fueron 30 pesos, fueron 30 años”. Los niños mimados cosecharon su fama durante las protestas estudiantiles de 2011 (primer gobierno de Sebastián Piñera), llegando luego al Parlamento y dando vida al Frente Amplio, hasta convertirse, en 2017, en la tercera fuerza política del país.

En 2021 sucedió lo inesperado, esas casualidades que se dan de vez en cuando en la vida política de un país, Gabriel Boric es electo presidente de Chile tras derrotar al candidato emblema del pinochetismo, José Antonio Kast.

¿Qué ocurrió entonces?

El niño presidente y sus camaradas —mimados y mimadas— se sumaron a los 30 años de la manera más miserable. Sebastián Piñera ya no fue el violador de los derechos humanos, fue, en palabras del propio Gabriel Boric, “un orgullo hablar con él”; lo mismo expuso hacia los expresidentes Lagos, Frei y Bachelet, que pasaron a ser una especie de gurús para el presidente otrora “revolucionario”, personajes que le mostraron el camino de la redención, la senda luminosa del neoliberalismo, transitando los 30 años del infierno al paraíso en la miente de los niños mimados, llegando a designar en los principales cargos de gobierno a dirigentes y militantes de la “exConcertación”, la gran mayoría ligados, de uno u otro modo, a la derecha empresarial.

Tras esto, vinieron cientos de concesiones a la clase dominante, homenaje al golpista Patricio Aylwin, tratos con el yerno de Pinochet (entrega del litio), validación de AFP e ISAPRES, e infinitas vueltas de chaqueta más, por todos conocidas. La guinda de la torta fue el nombramiento en TVN de Francisco Vidal, el mayor quinta columnista y charlatán de la República, el mismo que tras el caso de financiamiento ilegal de la política por parte de Ponce de Lerou, dijo sin pudor alguno: “a veces hay que cerrar los ojos y apretar los dientes”, y todos sabemos el significado de esa expresión en el lenguaje popular.

Y qué decir de las reuniones secretas de los ministros de gobierno con la oligarquía y la corrupción de parte de la militancia del Frente Amplio y el Caso Convenios. Los moralistas convertidos en inmorales, en ladrones, en hipócritas, aunque siempre fueron hipócritas; en traidores a sus electores. Y ojo, aún se esconde mucha basura bajo la alfombra, contubernios y cocinerías. Las genuflexiones del presidente y sus erráticos conceptos ideológicos (cercanos, en su mayoría, a espejismos políticos) son el estandarte de su gobierno.

Por otra parte, tenemos la tragedia del PC, partido que dejando atrás sus luchas ancestrales decidió incorporarse al sistema, asumiendo una posición donde en la realidad es gobierno y en su discurso (teórico) pretende no serlo, postura que podría sintetizarse en el verso tanguero “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, ¿hamartía? o ¿apostasía? Juzgue usted.

Los elementos de la tragedia se manifiestan en el caso del PC, porque el antiguo héroe de las luchas sociales ya no lo es, y por lo tanto sufre su fracaso teniendo que sumarse a lo que antes repudió. La actitud de dirigentes, parlamentarios y ministros del PC, refirman lo dicho. Cuando ganaron el gobierno, los militantes PC más devotos exclamaron entusiastas ¡Por fin, qué gran logro, el pueblo unido jamás será vencido!

Pero hay preguntas que desnudan la realidad: ¿De qué ha servido al pueblo que el PC haya sido parte de la Nueva Mayoría? ¿De qué sirve hoy que el PC sea gobierno, si el gobierno es más de lo mismo que existió durante los últimos treinta años?

Hoy el PC es un partido más del sistema, un partido que a cambio de puestos de poder abandonó sus principios revolucionarios. Y no estoy diciendo que revolucionarios signifique enfrentarse a balazos con los neoliberales, sino que simplemente enfrentarlos con coraje y luchar por una democracia de verdad y no asumiendo el criterio genuflexo del presidente Boric hacia sus patrones, sean estos empresarios o uniformados.

Porque allí está el dolo mayor del gobierno hacia sus electores, ser ellos mismos gobernados por la voz del amo, amo que el presidente asume implícitamente, aunque lo niegue, en muchos de sus pronunciamientos, por ejemplo, en estas expresiones: “Ser parte de organizaciones políticas significa también una voluntaria renuncia a grados de autonomía en pos de un interés colectivo”, o “Como decía en una interesante crítica que hacía Gramsci a Trotsky, el pretender ser un adelantado a tu época es una manera elegante, pero torpe, de estar equivocado”.

Estas frases son solo justificaciones, pues lo que no dice el presidente y sus acólitos es que, en su caso, sus renuncias voluntarias “a grados de autonomía en pos de un interés colectivo” solo se disponen en el “interés colectivo” de los empresarios, de la oligarquía política y sus testaferros.

Ahora, cuando se hace receptor de la frase de Gramsci, es válido parafrasearla con la realidad política del presidente; podríamos afirmar: “El pretender ser de izquierda, en contubernio con la socialdemocracia de derecha, es una manera grosera y torpe, de encubrir traiciones”.

Es muy simple. El gobierno de Apruebo Dignidad, dados todos los hechos ocurridos —y seguramente los por ocurrir— dan cuenta, como diría Orwell, de una especie de “granja de los animales” (lo digo en el sentido de la condición humana), donde como sabemos “todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

Esa es la impronta de los niños mimados y el PC, lo que se ve reflejado, con certeza, verbigracia, en el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que estuvo encargado de la conmemoración ligth de los 50 años del golpe de Estado de 1973 y por el cual han pasado tres ministros que tienen muchas cuentas aún por rendir, pero que hasta el momento ni Contraloría ni la Comisión de Cultura del Parlamento han indagado.

Y he aquí otra arista de la tragedia del PC, cuya principal bandera de lucha, además de la política, ha sido siempre la cultura, pues ha guardado un silencio inexcusable ante las tropelías del aparato técnico-administrativo-burocrático que controla el ministerio. ¿Acaso no existen creadores, artistas, capacitados en el PC de hoy que puedan asumir en el ministerio de Cultura?

Finalmente, quisiera recordar estas palabras del poeta Mahfúd Massís:

“Las clases dominantes conocen el poder del arte, aunque simulen ignorarlo, y también los trucos para incorporar al artista a su galaxia. Saben por experiencia que un cargo, un privilegio, una sinecura, son como un balde frío sobre el hierro candente del idealismo y las buenas intenciones. Ni los más torvos déspotas lo ignoran: en sus cortes brillan lúgubres payasos capaces de componer poemas y manejar palabras”.

Y si no me equivoco al presidente Gabriel Boric le gusta escribir poemas y manejar palabras.

Fuente: [email protected]

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