sábado, junio 22, 2024

"La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores"

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El culto a la personalidad.(del libro Un Partido con Paredes de Cristal (Alvaro Cunhal)

En la historia del movimiento popular y en particular en los partidos comunistas uno de los errores que ha significado más  problemas es el del culto a la personalidad, que es muy difícil de detectar y cuando ya se identifica es a veces muy tarde para neutralizarlo. Casi sin darse cuenta el militante(a) ante la avalancha de elogios, reconocimientos y ensalzamiento a los méritos de determinado cuadro, empieza a inhibirse de plantear alguna opinión divergente y para qué decir de criticar la palabra o acción del dirigente.Pero hay señales  que dan cuenta que se puede estar antes ese fenómeno, concentraciones públicas, elogios en la prensa partidaria, escritos, poemas, canciones, más adelante quizás un libro con su “pensamiento”.

Compartimos el capítulo del libro Un Partido con Paredes de Cristal. (de Alvaro Cunhal 1913-2005) Secretario General del Partido Comunista de Portugal.

El culto de la personalidad

» El culto de la personalidad es un fenómeno negativo que comporta inevitablemente pesadas consecuencias en el partido en que se verifique. Los elogios públicos y la exageración de los méritos del dirigente objeto del culto son aspectos superficiales. Las cuestiones de fondo son extraordinariamente más graves. Son las incomprensiones y la sobrevalorización del papel del individuo. Es la atribución a una personalidad, no solo de lo que se le debe por sus méritos, sino de lo que se debe a los méritos de muchos otros militantes. Es la injusta atenuación de la contribución de los demás militantes, así como de la clase y de las masas. Es la práctica de la dirección individual y de la sobreposición de la opinión individual (aunque sea errada) al colectivo. Es la aceptación sistemática, ciega, sin reflexión crítica, de las opiniones y decisiones del dirigente. Es la creencia o la imposición de su infalibilidad. Es la pasividad en relación con las decisiones del «jefe» y la quiebra de la iniciativa, intervención y creatividad de las organizaciones y militantes. Es la falsa idea de que las tareas que caben al Partido y hasta a la clase obrera y a las masas pueden ser realizadas por el dirigente objeto del culto. Es el debilitamiento de la conciencia comunista y del aprendizaje y responsabilidad de los dirigentes y militantes. Es el debilitamiento y el estrangulamiento de la democracia interna en sus variados aspectos (trabajo colectivo, regla mayoritaria, independencia de juicio y de opinión, rendición de cuentas). Es el camino casi inevitable a la intolerancia, el dirigismo, la utilización de métodos administrativos y sanciones en relación con los que discrepen del dirigente objeto del culto, lo contradigan o se le opongan. No es caso único en el movimiento comunista internacional el alejamiento o convocatoria ante los organismos superiores del partido de tales o cuales camaradas, no por el juicio que de ellos formula el colectivo, sino por la mayor o menor identificación con aquel que tiene funciones de mayor responsabilidad. En el seguimiento de este proceso, no es caso único la formación de una dirección cuyos miembros tienen como mérito principal el ser  «fieles» a ese dirigente, y a partir de esa dirección, la formación de todo un aparato «fiel» y «dedicado», no tanto al partido, sino al dirigente en cuestión. En general, cuando se habla del culto de la personalidad, se tiene en cuenta aquel que desempeña el cargo considerado más elevado en la jerarquía partidaria. Pero el culto de la personalidad, aunque con aspectos diferenciados y de ámbito diverso, puede verificarse en todos los escalones y en todos los niveles. El culto de la personalidad puede resultar de un proceso espontáneo desarrollado a partir del aprecio por las cualidades reales o por el real papel determinante de un dirigente, o puede resultar de un proceso creado artificialmente por la excesiva valorización individual de un dirigente, no porque su contribución sea en efecto excepcional, sino por la importancia del cargo que desempeña. Si en el primer caso las consecuencias son siempre negativas, en el segundo pueden ser desastrosas. De cualquier modo, un partido o una organización donde se instala el culto de la personalidad sufre las consecuencias: en el presente y en el futuro. En nuestro Partido se observa una actitud crítica general en relación con los fenómenos del culto de la personalidad. Los métodos de trabajo, la práctica del trabajo colectivo y de la responsabilidad colectiva, la valoración de la contribución de todos y de cada uno, constituyen condiciones frontalmente desfavorables al culto de la personalidad. Sin embargo no debe perderse de vista que el culto de la personalidad no es una situación decidida por decreto, sino un proceso que se desarrolla e instala. Es extraordinariamente más fácil impedir que se instale el culto de la personalidad que combatirlo una vez instalado. Esta verdad aconseja impedir que se desarrollen o surjan raíces, concepciones, ideas, métodos y prácticas (todas ya de por sí negativas) que abren paso al culto de la personalidad. y que se refuercen concepciones, ideas, métodos y prácticas que no solo garanticen el trabajo colectivo en el presente, sino que lo garanticen para el futuro.(p.94-95)

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