Icono del sitio Luis Emilio Recabarren

Y a usted, ¿para qué le sirve la poesía? (Dante Cajales Meneses)

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No apto para poetas, críticos literarios o expertos en literatura.

Con esta pregunta, obstinadamente insisto en este oficio de duda permanente que es, el de ser poeta. Pero ¿y la poesía?… ¿y a usted, para qué le sirve?…

No sé, “si la poesía eres tú”, lo que sí sé, que mientras en el mundo están sucediendo cosas como: la migración; la trata de personas; genocidio a vista y paciencia del mundo; las tomas de terreno para conseguir una vivienda; proliferación de cementerios clandestinos, el narco tráfico; la corrupción de nuestras instituciones, me hacen más sentido, las palabras del poeta argentino Juan Gelman (1930-2014), que las de Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870): “la poesía / es un árbol sin hojas que da sombra”. Es en este marco donde me hago la pregunta y se la hago a usted, lector, lectora: ¿Sirve para algo la poesía?

Tengo la sensación de que la poesía y los poetas habitamos en un mundo paralelo, ocupado solo por vates que se leen; escuchan; reseñan; o se despedazan entre ellos. Pero sí es cierto, que todo ser humano no sólo aprecia la poesía en alguna de sus expresiones, sino que tiene necesidad de ella. Habitamos cada espacio según ciertas condiciones: “una mirada desde la alcantarilla / puede ser una visión del mundo” (Alejandra Pizarnik, 1936-1972)

No hay textos poéticos que conmuevan o dejen satisfecho a todas las personas, esto me llevaría a reformular la pregunta. Entonces, ¿a quién sirve la poesía?, ¿a quien desee habitarla y dejarse conmover por ella en un acto profundamente personal e individual?, pero, qué queda entonces del colectivo. Heidegger señala: “La poesía no es una manifestación de la cultura y muchísimo menos, la pura «expresión de un alma cultural, sino que el ámbito de la poesía, es el lenguaje y la poesía es un nombrar que funda al ser”. No me quedo ahí, creo que también los es, cuando una nación, una cultura pueden rehacer su pasado, presente y futuro en la medida en que la poesía las dibuja con sus palabras. En la antigüedad podemos imaginar porque Homero retrató las relaciones de su tiempo, Dante y su imputación a la corrupción y la lujuria de los pontífices, Cervantes y su crítica moralista de la sociedad en la que le tocó vivir, el propio Walt Whitman, el único que pudo captar la fuerza de los hombres y mujeres que fundaban Estados Unidos en el siglo XIX, sin Puskin, Rusia sería el recuerdo de una gran estepa con cadáveres congelados en el frío y zares brutales y sanguinarios, Paul Celán (1929-1970), cuya poética señala al Holocausto perpetrado por los nazis contra judíos, así como contra homosexuales, gitanos, y a su propia familia. Diría que, en nuestro continente con Ernesto Cardenal es prácticamente imposible salir vulnerable de sus epigramas, salmos, y la siempre relación política presente en su poética. Esa forma de desprenderse de lo abstracto -a pesar de su conciencia mística impoluta- para tocar lo cotidiano: la guerra de Vietnam; la dictadura de Somoza; la soledad en una sociedad de opulencia y excesos de los años cincuenta, presente en su poema “Oración por Marilyn Monroe”. Hoy en nuestro país, la poesía de Daniela Catrileo (1987), poeta mapuche ha buscado resignificar los valores ancestrales del pueblo Mapuche, surge una generación de escritores mapuches jóvenes con poderosas propuestas artísticas. Al mismo tiempo, leemos en las redes sociales los conmovedores versos de poetas palestinos, como este, titulado Un soldado camuflado del poeta Najwan Darwish (1978)

La última vez que escribí un poema

fue hace tres mil años.

Yo era entonces un soldado encubierto en una guerra

que ignoraba que había acabado.

Ahora de nuevo intento escribir,

pero el polvo de los años es como el de los sepulcros.

Así broto de la tierra como semilla que germina,

como un capullo que se despliega en la rama,

como los muertos que se esparcen en una tierra

donde sólo habita la muerte.

“El arte del equilibrio” de #nel.baty 2024, Barcelona, España

No hay discurso en historia, sociología, antropología, filosofía, e incluso en literatura que pueda explicar en brevedad la complejidad del hombre como lo hace la poesía. La ocupación de la y el poeta, es precisar para sí y para los demás las interrogantes temporales y eternas que estén activas en cada época y comunidad a la que pertenecemos. “La poesía sirve / para sacar la flor / de las cenizas.”  dice el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999). Que tan cierto es lo que dice Jaime Sabines. Recuerdo que a principios de los años noventa, tras haber regresado al país con estudios de postgrado realizados en el extranjero, el único trabajo que conseguí gracias a un viejo amigo fue el de vendedor de cuentas de Administración de Fondos de Pensiones (AFPs) … la presión fue enorme, las metas exigían ser superadas cada mes, a cuenta de mantener el empleo, aun así, me iba al parque forestal y me sentaba en una banca frente al museo de Bellas Artes a escribir poemas. Fue el único modo que tuve para sobrevivir a la presión y a la desazón que me provocó ser un vendedor de AFPs.

La poesía es como un territorio donde se sale a explorar completamente a ciegas en busca de un sendero llamado palabra, hasta encontrar aquel atajo que se necesita para nombrar: guerra; amor; hambre; erotismo; miedo; infancia; risa; vejez; muerte; vida. Para eso me sirve a mi, el poema. Y a usted, hipócrita lector de poesía, ¿para qué le sirve la poesía?

En su sentido mas profundo, la poesía tiene una cadencia y honradez emocional y formal que rescata la fe en la realidad, y quizá, lo mejor no sea hacerse, ni hacer la pregunta y dejar como el amanecer, que amanezca; o con la lluvia, que llueva; o con el dolor, que duela.

Foto: “Pol y el modernismo” de #nel.baty  2024, Barcelona, España. 

Fuente: https://lanuevamirada.cl/

 

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