Literatura

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Literatura: La Ley. ( de Paz Padilla Osinaga)

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La ley.

Paz Padilla Osinaga
Nació en Pampa Grande, Florida, Santa Cruz, en 1961.
Estudio la Carrera de Literatura, fue Ayudante de Catedra del escritor Jaime Sáenz.
Entre sus obras figuran: Nel umbral, 1986. Cuento y poesía boliviana, Colección Premio, Editorial Universitaria, Oruro. Presentación en España, de la novela Anahi, la tejedora de sueños, 2005.

Cuando supe que el Francisco, el tercero de mis hermanos, había muerto, no tuve más remedio que enfrentar mi destino. Si yo también moría sería porque’ sa era la voluntá de Dios.
El primero de mis hermanos murió sufriendo. Me acuerdo clarito, como si haiga siu ayer. Un dia'pareció con el cuento de que se iba a morir porque'staba embrujau. Dijo que le habían leído en coca y que así salía. Primero yo no le hice caso, me parecían chanzas y mafien le dije que se callara, que lo unicó que iba a conseguir era llamar de verdá a la muerte; y así fue.

Cuentos Latinoamericanos: El precio de la libertad. ( Carlos Poblete Avila)

El hecho permite crear un texto como una especie de crónica de vida y muerte,o configurar un relato literario sobre la base de un acontecimiento real dramático,visto y oído...

Un vecino encariñado con la crianza de peces tropicales de vistosos colores,de dos perros de raza,de una gata que suele pasar a mi patio de vez en cuando buscando otros cariños,y de una policromática avecilla también oriunda de zonas tropicales,hasta este minuto ignora qué sucedió a su bello pájaro,pues me consta que no estaba en su casa cuando ocurrió lo que me tocó presenciar,y que paso a narrar...

Estaba en mi escritorio leyendo un libro sobre asuntos ecológicos...,era una tarde de sol brillante, y a cada cierto momento miraba a través de la ventana el verde pasto que en el patio ha crecido muy generosamente,las flores y los árboles y sus frutos ya en evidencia primaveral.

Literatura: Cuento , Ladrando bajito. (Giovana Rivero Santa Cruz)

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Literatura: El conejo de Ushuaia. ( por Fernando Sorrentino)

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En un diario acabo de leer que, "tras largos meses de intentos fallidos y de diversas expediciones, un grupo de científicos argentinos logro dar caza a un ejemplar del “conejo de Ushuaia”, especie que se daba por extinguida desde hacia más de un siglo. Los científicos, encabezados por el Dr. Adrián Bertoni, lograron capturar un ejemplar en unos de los bosques que rodean aquella ciudad patagónica...".
Como prefiero lo especifico a lo genérico y lo preciso a lo evanescente, yo hubiera dicho "en el bosque tal y tal que se encuentra en tal sitio con respecto a la capital fueguina". Pero no debemos pedir peras al olmo ni inteligencia alguna a los periodistas. El doctor "Adrián Bertoni" soy yo, y por supuesto tuvieron que escribir de manera equivocada mi nombre y mi apellido: me llamo exactamente Andrés Bertoldi, y, en efecto, soy doctor en Ciencias Naturales, con especialización en Zoología y Fauna Extinguida o en Peligro de Extinción.

Literatura: Cuentos de Fútbol.

Cuando el futbol es un modo de ser
Jorge Valdano

La vieja ética

Hubo un tiempo en que equivocarse en un pase significaba mucho, para mal. Yo empecé mi carrera profesional en Rosario, ciudad implacable con los malos jugadores. En uno de mis primeros entrenamientos, le di la pelota al Mono Obberti, viejo ídolo de NewelI's y mío, pero el pase no fue bueno. El Mono no hizo ni el menor esfuerzo por alcanzarla, me miro como si me hiciera un favor, y dijo: "Nene, al pie, y si no dedicate a otra cosa". Ahora, cuando un futbolista falla el envío por tres metros, el compañero lo aplaude, no vaya a ser que el pasador se deprima. Otra variante sobre aquella estética del futbol, la cuenta Di Stefano en su excelente libro Gracias, vieja, al recordarnos que antes, cuando se marcaba un penal, no se festejaba. Daba verguenza gritar como loco el aprovechamiento de semejante ventaja. Eso es, daba verguenza.

Literatura:Cuentos de Eliseo Cañulef Martínez, CULEBRON Y TRAUCO

CULEBRÓN
Eliseo Cañulef Martínez

Literatura: Cuentos de nuestra tierra.

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PRIMER LUGAR NACIONAL
HISTORIAS Y CUENTOS CAMPESINOS CHILENOS, 1993 (extracto)
Aldo Fernando González Vilches
18 años, temporero
Lolol, Región de O'Higgins

La quebrada del diablo

Pedro Fuenzalida, el capataz del fundo "Moraguino" y su caballo alazán, apodado "El Flojo", avanzaban con lentitud por el pedregoso camino, que sube serpenteando por la loma de un empinado cerro. Llegaron a un peligroso desfiladero y, de pronto, del fondo abismal, emergió un llanto agudo, fino, lastimero... El capataz detuvo al alazán de un fuerte tirón de riendas, puso oído al extraño llanto e inmediatamente pensó que era el diablo.
Nuevamente, se oyó el llanto, que era como el lloriqueo de una guagua sufriente, pero era imposible que una guagua pudiera estar allá abajo.

Literatura:Cuentos de Eliseo Cañulef Martínez, CANILLO y NGENCÓ.

CANILLO
Eliseo Cañulef Martínez

Literatura: Cuentos de Eliseo Cañulef Martínez; Pincoya, y La Niña que fue machi.

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PINCOYA

Las mariscadoras que vieron primero el ovillo enorme de cochayuyo que se acercaba a la playa movido por la corriente, se hicieron la ilusión de que era un regalo del dueño del mar. Después vieron que tenía forma ovalada como un capullo de avispa gigante, y temieron que fuera un lobo marino empollando larvas de muerte. Cuando se acercó a la orilla y lo sacaron a pulso hasta la playa notaron que respiraba, pero sólo después que le quitaron las lianas de cochayuyo, los escombros de luche y las güilas de lugaluga, descubrieron que era una mujer dormida.

Literatura: Cuentos, La indignacion de la Machi. y Trentren y Caicai( Eliseo Cañulef Martinez)

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LA INDIGNACIÓN DE LA MACHI

No saben con la chicha que se están curando, se dijo, con su potente voz de machi recién ultrajada, muchos años después de que viera por primera vez la bandada policial inmensa, sin luces y sin ruidos, que una noche de luna llena de mayo pasó frente a la casa de su padre volando a veinte brazadas del suelo como una gran bandada de gallinazos, más larga que todo el pueblo de Temuco y mucho más ancha que la vega de las pataguas, y siguió avanzando en tinieblas hacia el fuerte colonial abandonado al otro lado del río con su atalaya de cancagua apuntando hacia ninguna parte alumbrado por el faro intermitente de la luna cuyos ramalazos de luz, a cada fracción de nube que acababa de pasar, transfiguraban la vega en una manta de niebla tendida debajo del firmamento, y aunque ella era entonces una niña sin voz de mujer grande pero con permiso de su padre para escuchar hasta muy tarde en la arboleda las pifilcas nocturnas de las torcazas, aún podía recordar como si lo....

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