Discurso de Recabarren en el Congreso de Unificación (Luis Emilio Recabarren)

De Buenos Aires. El Trabajo , Coquimbo, 18/mayo/1907.

De “La Vanguardia” de Buenos Aires, tomamos el siguiente discurso pronunciado por nuestro compañero Recabarren, en el Congreso Obrero, que proyectó la fusión de los gremios, en el cual se verá la viva lucha sostenida con los anarquistas. La burguesía nada ha ganado con el ostracismo de Recabarren, allá como aquí lucha activamente por el advenimiento de una sociedad mejor.

He aquí el discurso:

“ Al hacer uso de la palabra espero que la benevolencia de los congresales me permita analizar la orden del día que hemos presentado y probar como ella completa la declaración de principios del pacto ya aprobado. Para mayor claridad leeré cada párrafo comentándolo en seguida.

El primer párrafo dice:

“Las sociedades gremiales de la República Argentina, reunidas en Congreso, después de haber aceptado el principio de la unificación de las fuerzas obreras, declara constituida la Confederación General del Trabajo.”
Esta declaración no se opone al pacto y es necesaria porque establece la constitución del nuevo organismo.

El segundo párrafo dice:

“Esta institución regional será la agrupación de todos los proletarios que, fuera de toda escuela política, tienen entablada la lucha contra la clase capitalista, pregonando la desaparición del salariado y la clase patronal”.

“ Hay aquí una afirmación de clase que es indispensable dejar establecida por un Congreso que busca la unificación de los trabajadores como base indestructible en que apoyar “ la desaparición del salariado y de la clase patronal”, que debe traer como consecuencia la transformación inmediata del presente estado social. Esta afirmación revolucionaria es más amplia que todo el pacto en conjunto, y que no la contiene. Luego, en mi concepto, no veo que ella pueda contener la negación de la declaración ya aprobada y apelo a la conciencia de los hombres honrados para que reconozcan que esta declaración de la orden del día es necesario aprobarla.

Pero yo veo que entre vosotros los delegados anarquistas no existe un propósito fraternal y que al llegar aquí no habeís venido dispuestos a discutir y a producir en consorcio con todos, los mejores frutos de este Congreso, en bien del proletariado que representamos. Yo tengo antecedentes para pensar que vuestro capricho es no aceptar lo que sea propuesto por los delegados socialistas por el hecho solo de partir de estas filas. Y permitidme que yo juzgue ese proceder como obra de vuestro espíritu plagado aún, dominado todavía, por los prejucios que condenaís en la sociedad burguesa.

Habéis confeccionado, hace años ya …. Una declaración de principios, que ostenta en su frente la organización obrera. Hoy la traéis de nuevo aquí como una fruta virgen, queriendo conservarla así, intacta, íntegra, y con aspecto rebelde impedir que pueda ser estuprada. Es decir ,sois conservadores, queréis conservar la tradición, la propiedad hereditaria de esa pieza, revelando con ello que sois tan conservadores como los dogmáticos católicos, y que os oponéis hasta a las reformas naturales que la obra de los tiempos se encarga de producir…”

Los delegados y la barra anarquista prorrumpen en protestas y silbidos al sentirse con verdades irrefutables.

“ En seguida viene esta otra afirmación:

“Reconoce, por lo tanto, la lucha de clases que en el terreno económico los obreros oponen a toda explotación y opresión”.
Ella tampoco está incluida en el pacto. Y si contiene una franca declaración en que los obreros establecen la lucha de clases, organizandose en el terreno gremial para poder luchar con ventajas contra la opresión autoritaria y la explotación capitalista, no veo en donde pueda oponerse a vuestro pacto ni por qué no pueda serle agregada.

A continuación dice:
“ Persigue en la obra cotidiana la elevación moral y material de la clase obrera, luchando para disminuir las ganacias capitalistas en provecho directo del proletariado, acortando también la jornada de trabajo”.

¡ Qué declaración más revolucionaria que esta queréis! Ella especifica que los trabajadores buscarán, hoy por hoy, el aumento del salario, que contribuirá transitoriamente a mejorar nuestra situación y a proporcionarnos mayores recursos para poder disponer, cuanto antes, de todos los elementos útiles para la revolución social entablada: educación, conciencia y organización. La disminución de la jornada nos dejará más tiempo para el estudio y para la preocupación de nuestros propósitos de reconstrucción social. Aceptando la obra de la revolución como finalidad, todas estas mejoras transitorias son medios indispensables que nos acercarán a los nuevos horizontes.
“ Sin embargo, es triste reconocer que vosotros rechazáis esta afirmación, llamada a robustecer la organización, no porque la consideréis mala, sino porque ha nacido aquí, entre los socialistas. Esa no es obra de revolucionarios que se creen conscientes”.

Nuevas interrupciones, gritos y silbídos de parte de los anarquistas. Algunos piden que se le quite el uso de la palabra, que no se le permita hablar y que se cierre el debate y se pase a la votación.

Recabarren, serenamente, dice: “¿ Por qué los anarquistas, que pregonáis tan amplias libertades, queréis poner la mordaza del silecio a los labios socialistas que impugnan noblemente vuestros ideales?”.
Y prosigue: “ Yo tengo el derecho de defender la orden del día que hemos presentado, porque en nuestra conciencia ella es de utilidad en la nueva organización”.

El penúltimo párrafo dice:
“ En el terreno moral prepara a los productores en la lucha que constantemente quedará entablada con los detentadores de la propiedad, demostrando las ventajas de la organización gremial, y capacitándola para la obra de la revolución social”.

Afirmar que vamos a la sustitución de la propiedad privada por la propiedad común de todos, es una afirmación revolucionaria que no consta en la declaración de principios aprobada, declara que es sólo un grupo de considerados ilusionistas de sentimientos líricos, de declaraciones inofensivas acerca de la situación pasada y presente de las clases que sufren hace ya más de dos mil años.

Vosotros sostenéis la abolición de la propiedad privada os negáis a hacer esta afirmación porque ha sido propuesta por nosotros. ¡ Qué quienes estudien esta página que escribe la clase obrera en este Congreso, juzguen vuestra conducta! “.

Nuevas interrupciones.

Continúa: “Nosotros sostenemos aquí, que la organización proletaria es la fuente fecundante donde los desheredados han de nutrir sus cerebros para capacitarse, para alistarse como afiliados conscientes de la revolución social ya en marcha. No hay, en mi concepto, otro campo que la organización apropiada para alistar las huestes revolucionarias, que en posesión de una conciencia exacta sobre nuestra conducta, deben marchar a la conquista de la felicidad futura.

Y finalmente, compañeros, el último párrafo dice:
“ Para realizar los propósitos de inmediata y lejana actuación, el Congreso sostiene la mayor libertad de pensamiento para los afiliados a las corporaciones gremiales, pudiendo cada cual aceptar fuera de la organización los medios de lucha que estén de acuerdo con sus ideas filosóficas o políticas”.

Yo convengo en que esta declaración merezca ser tachada por vosotros y que puede también chocar con la integridad de vuestros principios. Pero ella va destinada a oponerse al propósito que tenéis de abanderar esta organización, de ponerle una etiqueta: la etiqueta del comunismo anárquico. Hacer esto, facturar la nueva organización, es no querer la unión de los obreros; es alejarnos a nosotros que no aceptamos, porque no estamos convencidos de su bondad, el comunismo anárquico; es alejarnos a nosotros de vuestra organización, donde podríais aprovechar nuestra presencia para propagarnos vuestras ideas; yo considero que con ese propósito, no queréis ni aún robustecer vuestras filas; eso se llama obra de inconsciencia…”

Nuevas vociferaciones de los anarquistas que interrumpen al orador.

Prosigue: “ Yo sostengo que si con vuestra intransigencia de declarar la organización comunista anarquica, nos alejáis a nosotros, los socialistas, que constituimos un factor, pequeño o grande, pero útil y necesario en el movimiento obrero, con mayor razón alejaréis a ese inmenso número de desgraciados obreros que todavía viven en la más grande ignorancia, que se niegan a organizarse, por debilidad y degeneración, que por esa misma ignorancia huyen del socialismo, al que califican de anti-patriotico, anti-religioso, anti-social, etc…, y se horrorizan del anarquismo porque gasta en la difusión de sus ideas una violencia insípida, sin objeto, que los ahuyenta engendrando en ellos el horror y el pánico…”

Mayores protestas y silbidos de los anarquistas. Se forma una gran algazara.

Continúa:” Todos esos obreros que con una táctica más hábil, y con mayor perseverancia, usada por todos nosotros; todos esos obreros que contituyen más del 50 por ciento de nuestra clase, no vienen a la organización, no por culpa nuestra, sino por vuestras intransigencias sectarias que revelan quizás no querer la rehabilitación del proletariado.
La clase obrera, empujada por nosotros a obrar en su beneficio, no obtendrá tan grandes frutos como si fuera empujada por su propia conciencia. Nosotros queremos formar esa conciencia primero, antes que ilusionarla con ideales posibles o imposibles”.

Nuevamente se forma un gran tumulto en que se pedía a gritos que el orador se callara.
Varios anarquistas parados sobres las mesas gritaban:¡ no queremos oirlo! ¡no está en el tema!”, etc..,etc.
Los delegados anárquicos no desean discusión, quieren que se vote. Debido a esto, se promueve un desorden. Se presentan mociones reclamando la votación.
Al subir el delegado Recabarren a la tribuna para continuar su discurso se promueve un gran tumulto. El delegado Rodríguez ( de célebre actuación en el Rosario) desnuda un puñal. Otro delegado, anarquista también, sacó un revolver y apunto a la tribuna. El escándalo adquiere tales proporciones que el salón es desalojado casi a la carrera.

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