En Chile la barbarie burguesa en acción (Luis E. Recabarren)

En Chile la barbarie burguesa en acción: Militares asesinos que confiesan sus crímenes, las víctimas, la actitud del pueblo indignado.

Nuestros comentarios e impresiones.
(De La Vanguardia de Buenos Aires)

La más pura crueldad, el más refinado salvajismo acaban de emplear los guardianes de la sociedad burguesa para dominar y reducir un hermoso movimiento obrero que estallaba en el norte de Chile; en la provincia de Tarapacá, con el objeto de exigir de los capitalistas solamente el cumplimiento de promesas anteriores sobre el mejoramiento de la condición económica en que viven las familias obreras en aquella región del país.

No somos nosotros quienes nos encargamos de ponderar o de engrandecer el crimen burgués, son sus propios autores; es la pluma del mismo individuo (si puede llamarse individuo una bestia sedienta de sangre), que ordenó la masacre, la que relata con toda impudicia, con toda relajación, los detalles de cómo llevó a cabo su cobarde hazaña de hacer funcionar dos ametralladoras sobre el edificio ocupado por la masa principal de los huelguistas y en donde estaba radicado el "comité general de la huelga".

Conste que en Iquique todos los edificios son de madera y material liviano, de modo que las balas de las ametralladoras han hecho peor efecto que en una plaza, pues en el edificio los obreros han sido masacrados a montones.

Con fundamento podemos suponer que el número de muertos, en 30 segundos que funcionaron las ametralladoras, puede ser superior a 500, (ese es el tiempo que confiesan en el parte) ¡cuántos serán los heridos! Cada ametralladora dispara mil balas de 9 milímetros por minuto.
El parte que el general Silva Renard ha pasado a las autoridades superiores sobre su valiente hazaña, publicado íntegro en La Vanguardia de ayer, es la expresión más genuina de la moral burguesa, es la revelación clara, evidente de la falta de inteligencia de las llamadas clases superiores de la sociedad, es el exponente desnudo, es la expresión salvaje, bárbara de los sentimientos y de las costumbres que todavía dominan en el ambiente burgués de Chile.

Los huelguistas no habían cometido ningún acto condenable aún. Estaban en huelga concentrados en varios locales esperando la resolución de los patrones acerca de sus peticiones.

El comité de huelga estaba, en los momentos de la masacre, redactando un memorial para dirigirlo al presidente de la República, en el que exponía la miserable situación en que viven, a causa de la crisis económica creada por la depreciación de la moneda y por el excesivo abuso de los capitalistas ingleses.

Las autoridades, que no pudieron conseguir que los orgullosos capitalistas ingleses aceptaran un medio de arreglo con los huelguistas, resolvieron desalojar a éstos de los locales que ocupaban, sobre todo el de la Escuela Santa María situado en el centro de la ciudad obligándolos a reconcentrarse en el Club Hípico o a regresar a los establecimientos de donde procedían, localizados entre 60 y 120 kilómetros de distancia, para todos los cuales hay vías férreas.

La autoridad, con el criterio cretino que ella siempre juzga estos conflictos, juzgó —así lo dice el parte— un peligro para la sociedad, que estaba poseída de un gran pánico, la presencia de siete mil trabajadores en huelga, reunidos día y noche en un local central. En virtud de esto acordó notificar a los huelguistas el desalojo del local. Estos, que pacíficamente esperaban la solución del conflicto, opinaron 'que no había motivos para obligarlos a retirarse, y no se retiraron.

Entonces se resolvió la masacre. Los manubrios de las ametralladoras giraron sobre sus ejes. Las bocas de los cañones abocadas sobre el edificio arrojaron un torbellino de balas durante ¡30 segundos! ¡Después silencio! La obra burguesa estaba realizada. La augusta majestad de la ley, hecha respetar por el imperio de la fuerza bruta se eleva imponente entre el humo de la pólvora y el vaho de la sangre que poblaba la atmósfera en aquel instante fatídico...

¡Qué hermoso este real exponente de la delicada cultura y civilización burguesas!

El espíritu rebelde de esa masa fue sorprendido, las frentes un momento antes altivas de los trabajadores se inclinaron sobré los pechos, quizás no por abatimiento o cobardía, sino por vergüenza de formar parte de una sociedad que todavía conserva en su seno el espíritu vandálico, agresor, despótico, grosero, infame del salvaje ignorante de las edades primitivas. Los obreros poseídos del terror natural, por la extrema crueldad burguesa empleada contra ellos, ahogados, locos de dolor, se dejaron conducir por entre callejones de soldados armados —hermanos suyos también— adonde los burgueses quisieron.

El parte oficial del asesino Silva Renard dice que después de este bombardeo se desalojó el local y los obreros fueron conducidos al Hipódromo, unos embarcados, en los trenes otros. Pero ese parte no dice lo que seguidamente se hizo después que funcionaron las ametralladoras del "Esmeralda". Yo creo ver que después de esta hazaña, aprovechando la confusión naturalmente producida, el dolor y la indignación que ha embargado los ánimos, ha ordenado el desalojo del local cargando a la bayoneta y con la caballería dispersando a los que huían.

Nada de esto dice el parte, pero suponemos que la obra se ha completado de esta manera, y los distintos telegramas publicados por los diarios dejan entrever ese procedimiento.
Estos sucesos ocurrían el sábado 21. Según algunas noticias publicadas el domingo 22 los obreros han intentado entrar al centro de la ciudad, asaltar los cuarteles, pero han sido rechazados, y nuevamente victimados, sin resultado alguno provechoso para los huelguistas.

La rebelión quedó sofocada.
Los carros dé la basura recogen los cadáveres y los heridos.
Muchos sobrevivientes son arrastrados a la prisión.

La sociedad burguesa canta gloria. Ha triunfado. Reconoce que la petición de los obreros era muy justa, pero debían de esperar sumisamente hasta que a ellos, —los capitalistas—, ¡les pluguiera resolver! Los hambrientos debían esperar que los ahítos de festines terminaran sus orgías para recoger los huesos.

El movimiento de Iquique —que todavía nos tiene conmovidos— de una intensidad que quizás aún no está del todo dominada, cuyo epílogo sangriento hemos relatado y comentado, tiene una larga historia, como todas las luchas obreras, y como todas llenas de martirios con un interminable cortejo de dolores.

Es interesante que aprovechemos esta oportunidad para bosquejar rápidamente los antecedentes, condiciones del trabajo y cómo se fomenta la fortuna en las regiones del salitre.
En 1904 y 1905 el salitre se vendía a razón de 6 ó 7 libras esterlinas la tonelada. Los ingleses solamente venden en moneda de oro. Los derechos aduaneros de exportación también los pagan al gobierno de Chile en moneda de oro. Mientras tanto los trabajadores y toda clase de empleados ganan sus sueldos en moneda de papel, cuyo equivalente en oro es demasiado variable como se verá más adelante. En este mismo período cada "un peso chileno" tenía un valor de 32 a 35 centavos oro, como máximum. De modo que cuando un obrero ganaba cinco pesos diarios, ganaba solamente entre $ 1.60 ó $ 1.75 oro.

Los almacenes, el agua, el carbón, todos los artículos de consumo y vestuario; los ferrocarriles, teléfonos, correos, etc., todo está sometido al capricho de los capitalistas salitreros. Los empleados del gobierno, civiles y militares, desde el jefe político al portero de una oficina, además del sueldo que les paga el gobierno (que por cierto es miserable para los empleados chicos y generoso para los grandes) reciben un sobresueldo por concepto de gratificación o primas de los capitalistas salitreros, que de esta manera los subyugan.
Es de suponer la humillante condición en que sirven los obreros colocados en ese terreno de inmundicias.

Tantos son los abusos cometidos y que se cometen que de por sí han creado entre las masas obreras una profunda distancia hacia los patrones, que mantienen a los obreros en constante prevención y que les impulsan a sucesivas reclamaciones. Entre las innumerables causas que han obligado a reclamar a los obreros enumeraremos-las siguientes:

—Pago en vales, canjeables sólo por mercaderías de la misma casa o por dinero con un 30 por ciento de descuento más o menos.
—Horarios mínimos de 10 horas.
—Capataces y empleados superiores con entrañas de verdugos.
—Engaños en los contratos de trabajo.
—Robo de salarios, al ajuste de cuentas.
—Altos precios de las mercaderías en los almacenes y despotismo de los vendedores.
—Agua de pésima calidad.
—Habitaciones inmundas.
—Peligros evidentes en todas las faenas de esta clase de trabajos. Si es en la extracción del salitre hay peligro al romper las masas de salitre con dinamita. Si es en los cocimientos los grandes fondos estaban destapados en donde los obreros caían en un caldo con más de 100 grados de vapor.
—Abusos en la venta de boletos del ferrocarril restringiendo el libre tránsito de los trabajadores.
—Prohibición de asociarse, de reunirse y de leer periódicos obreros.
Etc. etc.

La constante agitación de los obreros desde unos diez años a esta parte ha hecho desaparecer algunos de esos abusos y aminorar los estragos de otros. La acción de los obreros se ha dirigido por dos caminos: directamente atacando a los capitalistas con la huelga. Directamente hacia el gobierno por medio de sus diputados exigiendo de él el cumplimiento de las leyes que prohíben la circulación de vales o de monedas ilegales y las que prevén los accidentes del trabajo.

Los obreros encaminando sus acciones en esta forma obligaron al gobierno a intervenir favorablemente, y a los capitalistas a ceder a sus justas demandas.

Pero a la vez que se lograba exterminar algunos abusos nacían otros, obra del mismo régimen burgués.

En aquella misma época los obreros hicieron firmar a los capitalistas, a raíz de un conflicto, un compromiso de aumentar los salarios en proporción prudencial cada vez que el valor del billete chileno bajara de 35 centavos .oro por cada peso.

En los actuales momentos, y desde hace un año, el peso chileno ha bajado a un valor de 24 y hasta 15 centavos Oro, como se mantiene hoy día. Pero el valor del salitre ha subido mucho más. Los ingleses gritan en los mercados que las turbulencias obreras, que las huelgas, que la crisis económica de Chile, que los agiotistas, perjudican la industria salitrera, dañan sus intereses y que por eso se ven obligados a elevar el valor del salitre, que dicho sea de paso, es una sustancia que se vende sin competidores en el mercado mundial. El salitre que en 1901 se vendía a 6 libras esterlinas la tonelada hoy se vendé a 10 libras.

Y mientras esos capitalistas sin entrañas venden hoy casi al doble precio el salitre, en cambio a los obreros y empleados les pagan la mitad del salario que pagaban en 1904. En dicho año vendiendo el salitre a 6 libras pagaban a 32 ó 35 centavos oro por cada peso chileno a sus obreros y empleados. Hoy vendiendo el salitre, a 10 libras pagana16 a 20 centavos oro por cada peso chileno. Júzguese la enorme utilidad, la enorme fortuna que habrán acumulado los industriales salitreros durante este par de años que dura la crisis más intensa que han creado los capitalistas para Chile, y sin embargo, miserables, masacran al pueblo cuando éste les tira en cara sus impudicias.

La cuestión tiene este aspecto: en 1904, un obrero recibía 5 pesos billete al día, hoy también los recibe. Pero la equivalencia en oro es bien distinga de una fecha a otra.
Los industriales combinan todas sus funciones comerciales para obtener el mayor rendimiento. Las flotas de buques que acarrean el salitre a los puertos europeos, llegan a los puertos chilenos llenos de mercaderías, maquinarias, etc. De modo que hacen viajes redondos, completos, sin perder un minuto de tiempo ni desperdiciar un metro de espacio. Estas circunstancias cooperan a la utilidad capitalista, sin tomar en cuenta los fabulosos fraudes aduaneros que se cometen.

En este terreno están colocadas las dos entidades: obreros y capitalistas. Los obreros en una extrema miseria. Los capitalistas en una extrema abundancia que la ven los trabajadores.
Uno de los factores que ha impulsado a la burguesía a proceder tan cruelmente, en la destrucción de este movimiento obrero que pedía justicia, es el gran temor que tienen de ver extenderse una agitación obrera, en estos instantes en que carece de fuerzas .armadas suficientes a causa del fracaso de las leyes militares. Emplear la crueldad extrema, infundir el terror en el menor tiempo posible, desbaratar toda organización que pueda resistir, he ahí el plan de hoy de los burgueses chilenos.

Cañones y metrallas, toda una armada de guerra para dominar una huelga de 10 a 15 mil obreros.
Estas carnicerías humanas cometidas en Iquique han conmovido profundamente toda la organización obrera del país que se apresta a levantarse para protestar contra tan inauditos vejámenes.

Pero el gobierno también en todas partes pretende impedir a los obreros la realización de sus deseos.

En los puertos vecinos a Iquique, en Tocopilla, Taltal y especialmente en Antofagasta, puede decirse que se ha establecido un verdadero estado de sitio, prohibiendo toda reunión en que los obreros pudieran deliberar acerca de la solidaridad que debían prestar a sus desgraciados compañeros de Iquique. En Valparaíso, importante ciudad vecina a la capital, se ha prohibido toda manifestación con relación a los sucesos de Iquique, y el diario obrero de esta ciudad "La Época", ha sido arbitrariamente clausurado por orden del gobierno, siendo que la legislación chilena no permite ningún atentado que amordace la prensa, y el director de la publicación ha sido acusado por publicar y comentar quizás la verdad de los crímenes realizados por la sanguinaria burguesía de Chile.

El pueblo de Chile es de índole altiva. Trabaja mansamente, se deja explotar con resignación, pero es un león cuando se cansa de sufrir, cuando se ve colmado de abusos. En la mayor parte de sus acciones ha empleado la violencia para repeler la barbarie burguesa. El pueblo ha comprendido que los peores instrumentos con que se le destroza son el ejército y el servicio militar y los ha destruido, pero no lo suficiente para evitar que aún se le fusile. Las grandes jornadas en abril 29 de 1888, en octubre 22 y 23 de 1904, en abril y mayo de 1905 y otras en Santiago; las de 1890, de mayo 12 de, 1903 las de enero y marzo de 1904 en Tocopilla y agosto de 1906 en Valparaíso; las de 6 y 7 de febrero de 1906 en Antofagasta y otros cien actos enérgicos y violentos en que han actuado los proletarios chilenos juntos con el reciente de Iquique no dejan tras de sí sino charcos de sangre, tumbas prematuras abiertas, huérfanos, viudas, mayores desgracias y un espíritu espantado, idiotizado, adormecido por largo tiempo.

La violencia empleada como respuesta a los ataques de la tropa no ha señalado jamás una victoria obrera. Ni una sola conquista, en las luchas económicas, ha seguido a las irrupciones populares. Al contrario, los capitalistas aprovechando ese anonadamiento que sigue a sucesos luctuosos se han aprovechado cínicamente para salir airosos y vencedores en sus explotaciones vergonzosas del trabajo de los obreros.

Hasta hoy los obreros no han podido seguir un camino más seguro. Son en su mayor parte ignorantes, sin orientaciones científicas sobre la lucha de clases, sin métodos, sin una organización siquiera regular, son muy pocos realmente inteligentes y con una prensa aunque numerosa, pero falta de rumbos precisos en esta clase de luchas. Así se explica que sólo han pensado en la violencia, y cuyo método ensayado ya en repetidas ocasiones y estrellado contra las bayonetas y los cañones, debe señalar un cambio de táctica más inteligente, menos violento, más eficaz, menos bulliciosa; la organización poderosa y perfecta del proletariado en el terreno económico, político y cooperativo para sustituir inteligentemente por estos tres caminos a la actual sociedad.
Lo demás será abatir las energías obreras.

La Voz del Obrero - Taltal, 11 y 13 Enero 1908

* Artículo publicado en rebelion.org por Sindicato Agrosuper y Sindicato Trabajadores Corporación Desarrollo Artístico.