¿Qué es lo que se juega el país en la elección del 17 de diciembre de 2017? (por Manuel Ahumada Lillo)

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PULSO SINDICAL Nº 347 DEL 16 AL 30 DE NOVIEMBRE DE 2017

¿Qué es lo que se juega el país en la elección del 17 de diciembre de 2017?

a) Mantener el gobierno en manos de un conglomerado que tira al canasto de los papeles la mayoría de las demandas de las fuerzas sociales y en particular los trabajadores (tengamos presente que en esta crítica se incluye a los actuales parlamentarios del F.A. que jamás accedieron siquiera a recibir los planteamientos del CIUS y otras organizaciones sindicales de clase).

b) Dar paso a la alternancia - ya vivida en 2009 – y entregar, otra vez, el gobierno a los dueños del capital que esperan ansiosos poder truncar aún más las esperanzas de los millones de afectados por el Código del Trabajo. Además de una serie de cuestiones valóricas que se han logrado y que corren riesgo de retroceder (el aborto en 3 causales en una señal, así como también el perdón a los violadores de los derechos humanos).

Es claro que ambos conglomerados no son lo mismo, pero francamente son pocas las diferencias que se pueden encontrar entre unos y otros. A fin de cuentas ambos han administrado sin muchas dificultades el modelo heredado de la dictadura.

Convengamos que ambos - a) y b) – validaron la modificación de la ley laboral para los trabajadores del turismo y las últimas reformas en sindicalización y negociación colectiva. Conclusión? Unos apuestan a humanizar el capitalismo, los otros a profundizar las enormes inequidades que el modelo genera.

Nadie puede entonces calificar esta elección como una definición entre el bien y el mal. Es simplemente un proceso más en el que la población será bombardeada con ofertas, muchas de las cuales no se concretaran en el futuro periodo presidencial.

Nadie puede olvidar que esto ya se vivió, con las mismas advertencias por lado y lado. El resultado final todos lo vivimos.

Por estos y muchos argumentos, o me resto de participar en el circo o voy y marco nulo.

Lo haré porque ninguna de las opciones apunta a lo que, como trabajadores, venimos demandando desde hace muchos años.

A unos y otros les importa un comino los derechos de los trabajadores.

Solo a título de ejemplo me permito citar la demanda establecida en la Plataforma de lucha de la CUT en 1988, que reivindicaba un bono de locomoción por día trabajado y una asignación de colación.

¿En cuál de los gobiernos pasados fueron resueltas positivamente estas demandas?.

¿Fueron planteadas en este proceso electoral por candidatos a parlamentarios o presidenciales?

Como ven, no es imprescindible optar por uno u otro. Aunque duela a algunos, todo seguirá más o menos igual.

Lo que hagan en el gobierno aquellos que en definitiva lo asuman por los próximos 4 años, no será muy distinto de lo vivido hasta ahora y nuestro problema, el de los ciudadanos conscientes, es que no hacemos todo el esfuerzo por buscar la raíz del problema y proponer las soluciones.

Ciertamente que tenemos responsabilidad en lo que está pasando, pues no hemos sido capaces de llegar a millones de descontentos. Tenemos la obligación de encontrar la respuesta a esta no participación ciudadana que se está agigantando cada vez más.

Solo basta observar la última elección de la FECH. No lograron el quórum mínimo en un proceso de 2 días y debieron extender la votación por otro día. El resultado?, los nuevo dirigentes lograron apenas superar el 40% del quórum exigido para validar la elección.

Los trabajadores viven algo similar en lo que se refiere a la participación.

En 1973 estaban organizados más de un millón de trabajadores y el promedio por sindicato superaba los 150 socios. Al 2014 los organizados no llegan al millón (y eso que los padrones de las organizaciones en muchos casos están abultados) y el promedio por organización apenas llega a 89 socios.

Un detalle final, la fuerza de trabajo se ha duplicado 3 veces entre 1973 y 2014.

Coincidamos en algo. Sea cual sea el resultado el próximo 17 de diciembre, no influirá mayormente en nuestra realidad de trabajadores abusados en sus derechos mínimos.

La única solución para poner en la orden del día nuestras demandas, es la educación de los trabajadores respecto de sus deberes y derechos, el trabajo permanente para desarrollar organizaciones representativas y con conciencia de clase y la lucha decidida por lo que merecemos en justicia.

¿Es solo culpa de los dirigentes de la administración pública y de la CUT, el escuálido 2,5% de aumento nominal a sus remuneraciones?

Claramente NO. Gran responsabilidad en esto tienen las bases de las organizaciones que están siguiendo al pie de la letra una ceremonia de dudosa efectividad, resuelta por las directivas. Presentan demandas, anuncian movilizaciones, se paran un par de días y terminan aceptando acuerdos que no representan sus aspiraciones. Y los trabajadores?

O asumimos que los ciudadanos deben hacerse parte activa en este proceso de exigencias de respuestas o estamos fritos. Veamos este otro caso.

El 2013 el padrón electoral era de 13.573.088, mientras que en 2017 este total subió a 14.347.288 (que incluye a 39.137 facultados para votar en el extranjero), lo que indica que el total de facultados para votar aumentó en 774.200.

Sin embargo, otro antecedente dice que en 2013 el total de votos emitidos fue de 6.699.011 mientras que en 2017 el total de la votación (en ambos casos se incluye a nulos y blancos) fue de 6.699.627. O sea, en 4 años el aumento de votantes efectivos fue apenas de 616. Es una muestra inequívoca que la participación ciudadana no crece y de esto son responsables los gobiernos con sus políticas que no entusiasman a la población y los partidos y movimientos políticos que no toman nota de lo que la gente está demandando.

Ha surgido una propuesta nueva, el Frente Amplio, como lo fue ME-O en 2009, o el mismo ME-O y Parisi en el 2013.

La diferencia es que los primeros se articularon mejor y presentaron alternativas al parlamento, y luego del resultado electoral ocuparan una parte del escenario, que hasta ahora se repartían casi amigablemente la derecha y la socialdemocracia.

Sin embargo no está claro que desde ahora las cosas cambiaran. El único elemento irrebatible es que una parte de los votos de la Nueva Mayoría en el 2013 pasaron a ser votos del Frente Amplio en el 2017.

Esperemos, por el bien de los ciudadanos, que esta nueva fuerza que irrumpe, considere el sentir de amplios sectores hasta ahora ninguneados, pero tengamos claros que si no hay mayor participación, que si no apostamos a la organización y a la acción de los perjudicados por el modelo, las cosas se mantendrán como hasta ahora.

MANUEL AHUMADA LILLO

Presidente C.G.T. CHILE

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