1° de Mayo: "Proletarios de todos los países, uníos" (por David Mc Conell)

1 de Mayo

1) Historia de la jornada de ocho horas
2) Historia del 1 de Mayo.

Historia de la jornada de ocho horas

El 1 de Mayo celebrado por los trabajadores del mundo tiene su historia reciente y también vínculos ancestrales con los acontecimientos sociales de un largo período de las luchas de los trabajadores por la jornada laboral de ocho horas y por mejores condiciones de vida.
En todos los sistemas sociales divididos en clases ha habido intentos por regular las largas y extenuantes jornadas de trabajo impuestas por los esclavistas, los feudales y hoy los capitalistas. Dos grandes causales han tenidos estas regulaciones. La primera, es el afán de lograr el máximo de ganancia a toda costa y querer alargar la jornada de trabajo hasta el límite físico, y la segunda está ligada a un fin humanitario influenciado por la lucha de los de abajo para acortar la jornada, pero que no esta desligado de la necesidad de aumentar la productividad y por tanto las ganancias.
El mejor ejemplo del segundo caso es el del sacerdote Bartolomé de Las Casas (1474?-1566, encomendero, más tarde fraile dominico, teólogo, filósofo, jurista) en la historia de la colonización española quien se oponía a los métodos de los encomenderos españoles que mutilaban los tobillos, cortaban las manos y torturaban a los indígenas esclavizados para que no huyeran o se revelaran. Bartolomé estaba en contra de las torturas pero no estaba en contra de la explotación, la que debía realizarse por métodos pacíficos. Personajes caritativos y filantrópicos similares han existido en todas las épocas.
En el años 898 de nuestra era el monarca británico Alfredo (849-899) santo de la iglesia católica, ortodoxa y anglicana, estableció la división del día en tres períodos de ocho horas, ocho horas para los ejercicios de piedad, ocho horas para el sueño, el estudio y la recreación y ocho horas para los negocios públicos, y como en esa época no había relojes se usaban antorchas que ardían lo que hoy equivale a ocho horas. Naturalmente esta división del día en tres jornadas no estaba dirigida a la servidumbre que tenía que estar siempre dispuesta a trabajar, sino a la nobleza y funcionarios de la Corte e incluso a su propia programación de actividades diarias. Es muy probable que las tradiciones desde el siglo VI impuestas por la “Santa Regla” de San Benito lo hayan influido.
San Benito de Nursia (480-327) escribió las primeras reglas para monjes en base al principio “Orea et labora” que establecía un tiempo para orar, otro para trabajar y otro para descansar. La jornada dividida en tres partes tiene larga data y debe haber sido impuesta por razones fisiológicas más que por ideas de reformadores, puesto que los hombres necesitan trabajar, dormir y descansar o recrearse.
Entre los siglos XIV y XV dominaba en gran escala la jornada de ocho horas entre los artesanos en Inglaterra, eran los inicios del capitalismo, mientras en el campo la jornada de trabajo de los siervos oscilaba entre doce y catorce horas en verano y de seis a siete horas en invierno dependiendo de la salida y puesta del sol, pero incluso en invierno la jornada continuaba después de la puesta del sol en galpones, cumpliendo variadas tareas.
Al final de la Edad Media la relación de los días feriados con los días laborales era de uno a tres y en los días festivos también se cumplían tareas propias de la actividad agrícola por las mañanas. Tomás Moro (1478-1535) en su libro “Utopía” aparecido en 1516 justifica la jornada de seis horas como “suficiente para procurar los recursos necesarios a las necesidades y placeres de la existencia”. Tomás Moro murió decapitado por no aceptar la supremacía del Papa pero fue beatificado en 1886 y santificado en 1936.
En “La ciudad del Sol” el monje Tommaso (Giovanni) Campanella (1568-1639) adelanta la idea de que “la propiedad privada engendra el egoísmo humano y predispone e incita a los hombres a las guerras. La propiedad debe ser comunitaria dirigida por sabios y sacerdotes y los funcionarios harán la distribución de las riquezas y bastarán cuatro horas de trabajo diarias”. Campanella permaneció 27 años preso de la inquisición por intento de levantamiento en Italia en contra del yugo español.
El 10 de Enero de 1579, el rey de España y de los países bajos Felipe II, fijaba en ocho horas la jornada de los mineros. Al mismo tiempo los conquistadores españoles y europeos imponían la esclavitud en toda América.
Para los franceses el verdadero padre de la jornada de ocho horas es Denis Veiras (1622?-1700) que en su libro “Historia de los Sevarambes” aparecido en 1677establece una jornada de ocho horas para el trabajo, una segunda para el placer y una tercera para el reposo.
Claude Gilbert (1652-1720) propone cinco horas de trabajo diario, dos y media por la mañana y dos y media por la tarde.
Con el advenimiento de la revolución industrial y el apetito de ganancias sin límites de los capitalistas, las jornadas de trabajo se alargan hasta el límite físico de los obreros. Crece el trabajo infantil y femenino en condiciones subhumanas.
Morelly (1700-1799) (Morelli, en castellano) en su libro “Código de la naturaleza” (1755) propicia la propiedad colectiva. Para Morelly la propiedad privada es el origen de todos los males y crea la avaricia. El trabajo debe ser obligatorio para todos los ciudadanos y sin privilegios, ni para los sabios. Los descansos debían ser cada cinco días.
El filósofo francés Helvetius (1715-1771) (Helvecio en Castellano, Schweitzer en alemán), que significa suizo, precursor de las ocho horas escribía entre 1759 y 1769: “En la mayoría de los reinos no hay más que dos clases de ciudadanos: una a la que le falta lo necesario, otra que rebosa en bienes superfluos. La primera no puede proveer a sus necesidades más que por un trabajo excesivo. Este trabajo es para todos un mal físico, para algunos un suplicio. La segunda clase vive en la abundancia. ¿Cómo hacer para devolverles la felicidad? Disminuir la riqueza de los unos y aumentar la de los otros; poner al pobre en condiciones tales que un trabajo de siete u ocho horas pueda subvenir abundantemente a sus necesidades y a las de su familia. Entonces llega a ser casi tan feliz como puede serlo”. La iglesia católica lo persiguió y ordenó quemar sus libros. Carlos Marx escribió de él “Helvetius imprimió al materialismo un carácter típicamente francés y lo puso en relación con la vida social”.
Benjamín Franklin (1706-1790) filósofo, político, físico, inventor, luchador contra el esclavismo y gran precursor de la independencia de los Estados Unidos decía que sólo bastaban cuatro horas de trabajo de cada uno para “satisfacer ampliamente las necesidades de todos”.
Adam Smith (1723-1790) en su libro “La riqueza de las naciones” escribe: “…la jornada ordinaria entre los mineros de Gran Bretaña era la de ocho horas”.
Los socialistas utópicos posteriores, organizadores geniales de la futura sociedad en sus cerebros plantearon la urgente necesidad de la regulación de la jornada de trabajo.
Roberto Owen (1771-1839) industrial Gales, socialista utópico, partidario de las ocho horas escribió “La clase obrera puede ser perjudicada, degradada u oprimida de tres maneras, descuidándolos en la infancia, cuando se los sobrecarga de trabajo o se les paga bajos salarios por su trabajo”…”El Estado que posea el mejor sistema nacional de educación será el mejor gobernado”.

A pesar de las innumerables protestas las jornadas de trabajo se alargaban a 12 y 14 horas y hasta 16 horas diarias. Hacia fines del siglo XVIII y principios del XIX se intensifican las luchas de los trabajadores por rebajar las penosas y largas jornadas de trabajo.
En New York existía una ley en el año 1829 que prohibía a los trabajadores jornadas superiores a 18 horas, lo increíble es que se penaba a los trabajadores. Es de suponer que las jornadas eran de 15-16 o 17 horas.
Los sastres y los encuadernadores de Londres inician huelgas e imponen la rebaja a once horas. Los patrones furiosos amenazan con detener las fábricas si se impide trabajar a los niños 10 horas diarias.
Durante la primera mitad del siglo XIX hubo agitación en casi toda Europa por las ocho horas de trabajo.
Chile no estuvo ausente en estas luchas entre 1840 y 1850 se sucedieron frecuentes huelgas por mejores condiciones de trabajo y salarios y en particular por la reducción de la jornada de trabajo. La primera huelga mencionada por los historiadores es la de los obreros del mineral de plata de Chañarcillo en 1834. Veinte años más tarde los obreros del carbón paralizan sus labores y la huelga tomó caracteres de rebelión.
Con la aparición del ferrocarril se acelera el crecimiento del joven proletariado chileno. Aparecen talleres industriales en todas las ciudades.
En 1874 se puede leer en un documento anexo a la Memoria presentada por el Ministro del Interior al Congreso Nacional de Chile… “La rebelión contra el trabajo conocida con el nombre de huelga, que tan perniciosas consecuencias ha producido en Europa y sobre todo en Inglaterra donde tuvo su origen, ha pretendido iniciar también entre nosotros una cruzada tan perjudicial como la que ha tenido que soportar el viejo mundo”.
La guerra del Pacifico en 1879, entre Chile, Perú y Bolivia, impuesta por los ingleses para dominar toda la producción del salitre significó para los obreros condiciones de trabajo impensables en Europa. Los guardias de las oficinas salitreras determinaban por sí y ante sí el registro de casas para “requisar” mercadería o productos que los obreros habían comprado en los puertos o a vecinos y no habían sido comprados en la pulpería de la oficina salitrera. A los obreros se les pagaba con fichas que al ser cambiadas a moneda nacional se les cobraba un interés. Los obreros sufrían castigos físicos impuestos por los guardias sin tribunal alguno y para entrar y salir de una oficina se debía pedir permiso a los ingleses. Después de la guerra de 1879 deambulaban por el desierto, hambrientos y harapientos, los soldados chilenos “triunfadores”, pidiendo trabajo.
La huelga de los portuarios, a lo largo de los principales puertos de Chile por mejores salarios y reducción de la jornada de trabajo en 1874, dura un mes y las autoridades envían tropas desde Santiago para terminar con el movimiento.
Si en un principio el imperialismo ingles logró neutralizar a parte de la naciente burguesía chilena y al resto ganarla para sus afanes de dominio económico en las salitreras, pasada la guerra, buena parte de la burguesía percibió con claridad la dependencia a que era sometida y lo poco que lograba en el reparto de la “torta”. Se va conformando un sentimiento nacional en contra de los capitalistas ingleses del salitre. Pero la burguesía terminó por temer más a los trabajadores que a los imperialistas uniéndose a ellos en contra el Gobierno de Balmaceda. Gobierno patriótico que por primera vez enfrentaba a los imperialistas ingleses.
Entre 1884 y 1889 hubo huelgas en todos los grandes centros industriales del país, hasta los parlamentarios se alarmaron y atemorizaron al percibir el grado de organización adquirido por el joven proletariado. Los diarios de la época, predisponían a la población en contra de los huelguistas acusándolos de terroristas. En 1888 el diario conservador “La Unión” de Valparaíso reconocía con alarma…“El movimiento socialista no es en Chile un fantasma” parafraseando las primeras líneas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels y en verdad no sólo mítines y huelgas asustaban a los explotadores, se podía encontrar citas de Marx en los discursos y material de propaganda de casi todas las organizaciones obreras. En el manifiesto de la sociedad Marítima de Socorros Mutuos de Valparaíso emitido en Agosto de 1892 se puede leer: “No olvidéis las palabras del gran socialista Karl Marx: “La gente de trabajo en todas partes del mundo debe ser hermana…ellas tienen el mundo que ganar y sólo las cadenas de la esclavitud que perder”
1890 es un año de intensas y variadas movilizaciones. Se inicia con la huelga de los lancheros en Julio y se propaga a Tarapacá, Antofagasta y Valparaíso. Se paran las salitreras, los ferroviarios, los obreros de la compañía de gas de Santiago, los panificadores de Quillota, Talca y Concepción. Paran los obreros del carbón en Lota, lo hacen también los carretoneros, los jornaleros y las maestranzas. En Viña el Mar la huelga es general.
El conflicto entre el Gobierno de Balmaceda apoyado por parte de la naciente burguesía y los “dueños” de Chile, la oligarquía terrateniente apoyada por los imperialistas ingleses, hacía crisis y terminaría mal para los intereses de la joven República. La contrarrevolución del 91 en contra del presidente Balmaceda encabezada por lo más reaccionario del país y apoyados por el imperialismo ingles, terminó con los afanes de una importante parte de los chilenos por terminar con las injusticias y dominio extranjero. Las salitreras en manos de los ingleses impusieron largas jornadas de trabajo y sueldos miserables a los obreros.
En 1892 el banquero Eduardo Matte, lacayo de los ingleses, escribía: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo, lo demás es masa influenciable y vendible, ella no pesa ni como opinión, ni como prestigio”.
La década del 90 del siglo XIX y principios del siglo XX los trabajadores chilenos realizan huelgas a lo largo del territorio caracterizándose por la fiereza de los órganos represivos. Se crean las condiciones para la aparición de nuevos sindicatos, combativos, con clara orientación de clase y sin perder el espíritu de socorro y ayuda a sus integrantes. Los manifiestos, escritos por los dirigentes obreros de las salitreras denuncian las tropelías y abusos de los capitalistas. Se producen asesinatos masivos ordenados por las más altas autoridades del país.
-18 de Agosto de 1891 la policía asesina a 84 trabajadores en Lo Cañas, Santiago.
-22-27 de Octubre de 1905 en el “mitin de la carne” se mata a 250 trabajadores.
.-22 de Diciembre de 1907, 3000 a 3500 trabajadores salitreros, con sus mujeres e hijos son acribillados en la escuela Santa María de Iquique, por el ejército.
-3 de Febrero de 1921 en la oficina salitrera San Gregorio matan a 100 trabajadores.
-Marzo de 1925, 500 muertos en la oficina salitrera de Marusia. Antofagasta
-5 de Junio de 1925, 2000 muertos en la oficina salitrera La Coruña. Región de Tarapacá.
-Julio de de 1934, 477 muertos en Ranquil Provincia de Malleco.
Estos son los asesinatos masivos pero la historia de las manifestaciones, mítines y huelgas a lo largo del país en el mismo periodo, por mejores condiciones de trabajo y salarios dan cuenta de frecuentes asesinatos de una o dos personas por mes.
El 1 de Agosto de 1904 para oponerse a la jornada de ocho horas los dueños del salitre argumentaban de la siguiente manera en carta al Supremo Gobierno: “En Europa en donde el obrero trabaja sin descanso toda la semana, aún no se ha logrado introducir en la reglamentación del trabajo la limitación de éste a ocho horas diarias a pesar de la campaña tenaz y constante que desde años atrás hacen en su favor las masas trabajadoras de los distintos países de ese continente. Y esto se explica fácilmente, pues la mayor parte de las industrias no podrían resistir el crecido aumento de los costos de elaboración que esta disposición necesariamente debe producir”.
En 1913 y ante las denuncias de los trabajadores una comisión Parlamentaria en visita a la pampa salitrera confirmaba que...“en más de veinte establecimientos visitados se pudo comprobar que se ocupaba un gran número de menores de 16 años en diversas faenas, y lo que es más grave todavía se empleaban niños de 7 y 8 años de edad en trabajos no solo superiores a sus fuerzas, sino que en extremo peligrosos e insalubres”.
El proletariado chileno crece aceleradamente y de 150.000 obreros en 1890 pasa a 300.000 en 1910. Aparecen formas de organización como las mutuales, mancomunales y sociedades de socorro mutuo que ayudaban a los enfermos, a los huérfanos y a las viudas. Con el gran aporte de Luis Emilio Recabarren, padre del movimiento sindical chileno se crea en 1909 la Gran Federación Obrera de Chile que más tarde se transformará en Federación Obrera de Chile en la III Convención de Septiembre de 1919 y se adopta la bandera roja. En la IV Convención, en Diciembre de 1921 se afilia a la Internacional Sindical Roja.
Es en la última década del siglo XIX en donde aparecen a lo largo del país, partidos y agrupaciones Socialistas y obreras con clara orientación de clase aunque todavía muy influenciados por el reformismo, anarquismo y los utopistas. Finalmente toma cuerpo en Junio de 1912 la creación del Partido Obrero Socialista bajo la inspiración de Luis Emilio Recabarren que cambiaría su nombre en 1922 por el de Partido Comunista de Chile. El Partido Obrero Socialista, nutrido con los dirigentes más experimentados de la clase obrera chilena tiene su prueba de fuego ante el conflicto bélico de la primera guerra mundial. A diferencia de la socialdemocracia internacional que claudicó ante la burguesía de los respectivos países imperialistas y apoyó la guerra, el Partido Obrero Socialista dirigido por Recabarren denunció los intentos de dominio mundial del imperialismo y se opuso a la guerra, y concluyeron que solo el socialismo puede establecer una nueva cultura de paz.
Gran preocupación de los dirigentes proletarios fue la unidad del los trabajadores, la experiencia les había demostrado que cuando han estado unidos sus luchas por reivindicaciones laborales y salariales han tenido éxito y al contrario en la desunión han campeado la explotación sin medida, sueldos miserables y jornadas de trabajo de 12 y 14 horas.
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En Francia, Alemania, Inglaterra y casi toda Europa los enfrentamientos con los guardias patronales y la policía se sucedían periódicamente. Las huelgas terminaban con asesinatos y masacres de obreros. Las revoluciones del 1848 en Francia y Alemania tuvieron como causal las condiciones de trabajo de la mayoría de los asalariados. En muchas partes se logró la rebaja de la jornada de trabajo a diez horas. Los obreros parisinos lo lograron por decreto el 2 de Marzo de 1848 y en provincias a once horas diarias. Pero los dueños de las industrias se las ingeniaban para dividir a los trabajadores. Cerraban sus talleres y exigían primas de exportación a sus gobiernos. En estas condiciones, grupos de obreros cesantes y hambrientos aceptaban las largas jornadas de trabajo.
En 1864 se crea la Asociación Internacional de los Trabajadores, La Primera Internacional y es Carlos Marx quien redacta su mensaje inaugural. En su Primer Congreso realizado en Ginebra en 1866, a instancias de Marx se plantea la jornada laboral de ocho horas. En 1872 se crea en Valparaíso la sección chilena de la Primera Internacional, su portador fue Eduardo de la Barra
La derrota de la Comuna de Paris en 1871 significó un duro retroceso para los trabajadores de Francia y de toda Europa. Fueron fusilados los trabajadores más esclarecidos, la represión continuó en los talleres y en los astilleros, en las minas y en los campos. Un par de años después los trabajadores estaban nuevamente exigiendo la jornada de ocho horas.
Tras largas y prolongadas manifestaciones los obreros de Tasmania y Australia del Sur imponían las ocho horas.
En Estados Unidos, el rápido desarrollo de la industria manufacturera y el afán de lucro de los capitalistas alargaron la jornada de trabajo a 12 y 14 horas. La experiencia de los obreros inmigrantes de Francia, Alemania e Inglaterra es recogida por los obreros norteamericanos y crean periódicos y sindicatos. Las huelgas logran la reducción de la jornada a diez horas y pasan a la ofensiva por las ocho horas. En todos los grandes centros industriales se realizan mítines y manifestaciones, se reparten folletos y periódicos. Se llega así al 1 de Mayo de 1886 en Chicago.

Historia del 1 de Mayo

¿Por qué el 1 de Mayo?

Según el historiador y político francés Gabriel Deville (1854-1940) si se escogió esa fecha, se debe presumir que los que lo determinaron conocían como práctica común a diferentes sitios el hábito de los patrones de hacer comenzar y terminar el año en un día determinado, en donde se realizaban contratos y arrendamientos. En Nueva York y Pennsylvania lo denominaban “Moving-day” porque al espirar los contratos de arriendo, los arrendatarios debían dejar los lugares de residencia y las carretas con los bártulos llenaban las calles. En Francia equivalía a San Juan, feriado que señalaba el comienzo del trabajo para los contratos de servicios, San Martín en algunas regiones y Navidad en otras.
La clase obrera norteamericana vivía condiciones paupérrimas y había adquirido cierto grado de organización. Los diarios obreros se multiplicaban y contaban con destacados redactores que conocían por experiencia propia los avatares de las luchas de los trabajadores europeos. Había obreros de Italia, España, Francia, Polonia, Alemania y de los países bajos. Se destacaban August Spies (1855-1887, nació en Alemania), Albert Parsons (1848-1887, nació en EE.UU.), Adolf Fischer (1858.1887, nació en Alemania), Michel Schwab (1853-1898, nació en Alemania), Goerge Engel (1836-1887, nació en Alemania). Samuel Fielden (1844-1922, nació en Inglaterra)
En particular los trabajadores de Chicago sufrían las peores condiciones, las jornadas de trabajo duraban 14 y hasta 16 horas, prácticamente no veían a sus hijos y esposas, sólo llegaban a sus casas a dormir en condiciones de hacinamiento. Ante los constantes reclamos de los obreros el Chicago Time escribía: “La prisión y los trabajos forzados son la única solución posible de la cuestión social”.
La huelga fue decidida para el 1 de Mayo de 1886, los trabajadores de Chicago acudieron en masa, pararon 200.000. Al tercer día de huelga se presentaron más de 8.000 a encarar en las puertas de las fábricas a los obreros “amarillos”recontratados por los patrones. En la fábrica de maquinarias agrícolas Cyrus Mac Cormick, los guardias armados y la policía hicieron fuego contra la multitud que debió huir. Seis muertos y varios cientos de heridos en los trabajadores acrecentaron la indignación de los manifestantes que se reunieron al día siguiente en la plaza del mercado (Haymarket). Al llamado asistieron más de 80.000 trabajadores. Hicieron uso de la palabra Spies, Fielden y Parson. Samuel Fielden era un Ministro metodista de origen ingles, de gran oratoria y fiel defensor de los trabajadores no sólo desde el púlpito. Cuando los oradores terminaban la policía arremetió brutalmente contra ellos, fue en ese momento que estalló una bomba matando a un policía y creando el caos entre los manifestantes. De inmediato y como en un acto previamente acordado la policía abrió fuego contra los presentes, matando e hiriendo a un gran número de manifestantes. En Chicago se decretó el estado de sitio y se realizaron detenciones masivas, golpeando y torturando a los presos. Toda la prensa en manos de los capitalistas pedía la horca para los responsables, los agitadores y los huelguistas. Se montó una farsa en contra de los ocho principales detenidos por la policía y después de un juicio en Illinois que terminó el 11 de Noviembre de 1887, fueron condenados a la horca: Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parson, August Spied y Lois Lingg. Lingg de a penas 22 años de edad se suicidó con la esperanza de que ese hecho pudiese salvar a sus compañeros. Condenados a prisión perpetua: Samuel Fielden y Michael Schwab. A15 años de trabajos forzados Oscar Neebe.
Los acusados se defendieron virilmente y dejaron valiosas y emotivas palabras de enjuiciamiento a la sociedad capitalista y de explicación de las ideas anarquistas y socialistas. Los discursos previos a ser ahorcados son de una honradez y visión notables y hoy a casi 140 años de su pronunciamiento tienen plena vigencia. Los acusados se transformaron en acusadores, hablando varias horas cada uno. Parsons lo hizo por ocho horas fundamentando sus críticas a la sociedad capitalista y desnudando las condiciones inhumanas de explotación impuestas a los trabajadores.
Georg Engel dijo: ¿En que consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos amontonan millones otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencia deben ser utilizadas en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, la libertad, el bienestar”
Adolf Fischer : “Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen porque no he cometido crimen alguno, pero si he de ser ahorcado por profesar ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente…lo digo en alto: dispongan de mi vida”
August Vicent Theodore Spied:”Grinnell ha dicho repetidas veces que es la anarquía la que se trata de sojuzgar. Pues bien, la teoría anarquista pertenece a la filosofía especulativa. No se habló de la anarquía en el mitin de Haymarket. En este mitin sólo se trató de la reducción de horas de trabajo…! Podéis pues, sentenciarme, honorable juez, pero al menos se sepa que en Illinois ocho hombres fueron sentenciados a muerte por creer en el bienestar futuro, por no perder la fe en el triunfo de la libertad de la justicia”
Albert Richard Parsons: “Nosotros somos aquí los representantes de esa clase próxima a emanciparse, y no porque nos ahorquéis dejará de verificarse el inevitable progreso de la humanidad.
¿Qué es la cuestión social? No es una cuestión de sentimiento, no es una cuestión religiosa, no es un problema político; es un hecho económico externo, es un hecho evidente e innegable. Tiene si, sus aspectos emocionales, religiosos y políticos; pero la cuestión es, en su totalidad, una cuestión de pan, de lo que diariamente necesitamos para vivir. Tiene sus bases científicas, y yo voy a exponeros, según los mejores autores, los fundamentos del socialismo”…
“Creéis señores, que cuando nuestros cadáveres hayan sido arrojados al montón se habrá acabado todo? ¿Creéis que la guerra social se acabará estrangulándonos bárbaramente? ¡Ah no! Sobre el veredicto quedará el del pueblo americano y el del mundo entero para demostraros vuestra injusticia y las injusticias sociales que nos llevan al cadalso; quedará el veredicto popular para decir que la guerra social no ha termina por tan poca cosa”
Lois Ling: “Se me acusa del delito de conspiración ¿Y como se prueba la conspiración? Pues declarando sencillamente que la Asociación Internacional de Trabajadores tiene por objeto
Conspirar contra la ley y el orden. Yo pertenezco a esa Asociación, y de esto se me acusa probablemente ¡Magnifico!.....” permitidme que os asegure que muero feliz, porque estoy seguro de que los centenares de obreros a quienes he hablado recordarán mis palabras, y cuando hayamos sido ahorcados ellos harán estallar la bomba. En esta esperanza os digo, os desprecio, desprecio vuestro orden, vuestras leyes, vuestra fuerza, vuestra autoridad ¡Ahorcarme!”
José Martí el gran patriota cubano como corresponsal del periódico La Nación de Buenos Aires en Chicago escribió: “…salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo esta la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro. Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el de Parson, Engel hace un chiste a propósito de la capucha, Spies grita: “La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora”. Les bajan las capuchas luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable”.
En 1893, seis años después el Gobernador de Illinois John Altgeld del Partido Demócrata (1844-1902 de origen prusiano) demostraba que el proceso contra los condenados había sido dictado cumpliendo órdenes superiores.
En Diciembre de 1888 el congreso de sindicatos de EE.UU. reunido en Saint Louis decidió organizar manifestaciones el 1 de Mayo de 1889 a favor de la jornada de ocho horas y para recordar la sangrienta represión ocurrida en Chicago en 1886.
En Diciembre de 1889 en Paris la Segunda Internacional declara el 1 de Mayo como día internacional de los trabajadores y en 1890 se producen manifestaciones en casi todos los países europeos y en EE.UU. Crecían las organizaciones de los trabajadores e imponían en varios lugares la jornada de ocho horas y mejoras salariales. Se obliga a los gobiernos a reconocer la libertad de organización y el derecho a huelga.

En 1892 se celebraba en Chile por primera vez el 1 de Mayo, día internacional de los trabajadores.

Grandes acontecimientos han acaecido desde aquel trágico 3 de Mayo de 1886 en Chicago. El mundo vivió a fines del siglo XIX y principios del XX un portentoso desarrollo de las fuerzas productivas, de las ciencias y del conocimiento bajo el yugo y expoliación capitalista. Es el propio capitalismo imperialista también el que desata dos guerras mundiales en el siglo XX, 1914-1918 y 1939-1945 en la disputa por el reparto del mundo. Los obreros rusos “toman el cielo por asalto” en 1917 e intentan por primera vez en la historia de la sociedad dividida en clases, crear una sociedad sin explotación del hombre por el hombre. En la década del 50 y 60 se liberan de los colonizadores europeos la mayoría de los países de África y de Asia.Se libera Cuba del imperialismo norteamericano y se transforma en un faro para toda América latina.Yuri Gagarin sale a la estratosfera y da la primera vuelta al mundo en 1961. Neil Armstrong llega a la luna en 1969. En la década del 70 terminan de liberarse países de África y Asia. El siglo XX y principios del XXI ha sido testigo del más grande desarrollo científico y tecnológico y sin embargo los frutos del poder creador de los trabajadores no llegan a sus manos. Explotación, injusticia, miseria, abusos y crímenes son los males del sistema capitalista que ahoga a los trabajadores y a los pueblos. Contra esto se debe luchar y por eso los trabajadores del mundo se reúnen el 1 de Mayo.
En Chile la dictadura fascista de Pinochet dirigió sus fuegos en particular en contra de los trabajadores. Terminó con las organizaciones sindicales, encarceló, torturó, asesinó e hizo desaparecer a miles de obreros y dirigentes sindicales. Impuso leyes laborales favoreciendo al gran capital y hoy todavía después de más de dos décadas de democracia los trabajadores sufren las consecuencias. Son perseguidos por los patrones los trabajadores más concientes, los que organizan sindicatos o se ponen a la cabeza de las luchas por mejores salarios y condiciones de vida. En la historia de Chile cuando la clase obrera se ha unido y ha conformado grandes centrales de trabajadores ha aportado más que ningún otro sector de la sociedad al desarrollo de la democracia.

“Proletarios de todos los países, uníos”

Viva el 1° de Mayo

David Mc Conell
Mayo 2017
(Agradecemos al compañero David Mc Conell, su colaboración para publicar este artículo)

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