Desmantelando la historia que nos avergüenza: La fuerza de cambiar el nombre a una calle

Iniciativa en Valparaíso abre el debate
Organizaciones ciudadanas de la quinta región levantaron la propuesta de dejar de llamar Pedro Montt a la avenida principal porteña y reemplazarla por Violeta Parra. Al ex presidente se le adjudica la infame Matanza de la Escuela Santa María. Como él, hay todavía varios nombres tristemente célebres que aún siguen siendo homenajeados en las esquinas de nuestras ciudades.
Nicolás Massai

En 1906 Pedro Montt, figura emblemática del Partido Nacional, asumió como Presidente de Chile. Había sido responsable de distintos ministerios y dio el paso hacia el máximo cargo de la República. Un año después, en 1907, se produjo una masacre en Iquique que exterminó a todo un movimiento obrero, compuesto en su mayoría por trabajadores del salitre que exigían mejores condiciones laborales. El hecho pasó a la historia como la Matanza de la Escuela Santa María, con más de 2.000 personas asesinadas.

“Todo indica que la decisión de la matanza emanó del poder central como una decisión de dar un escarmiento a los trabajadores que se habían levantado pacíficamente para exigir derechos mínimos. La matanza estuvo destinada a quebrar la columna vertebral al emergente movimiento obrero. Fue un acto absolutamente innoble”, dice Sergio Grez, historiador y académico de la Universidad de Chile.

En 1915, a casi una década del exterminio y a cinco años de la muerte del ex Presidente, las autoridades de Valparaíso modificaron el nombre de una de las principales arterias viales de la ciudad. Fue el primer cambio. La calle Maipú de entonces pasó a llamarse Pedro Montt. En adelante llevaría el nombre de quien fuera “el responsable directo, junto con el ministro Sotomayor y el general Silva Renard, de la tremenda masacre”, agrega Grez.

Nadie se imaginaría que un siglo después, con la historia estudiada y revisada, un grupo de organizaciones ciudadanas del puerto elevarían una solicitud para echar por tierra el homenaje a esta autoridad. Podría ser el segundo cambio en la calle, y significaría una reivindicación a la memoria de tantos caídos.
Reivindicar algo llamado memoria

Violeta Parra. Esa la alternativa que le propusieron al concejal Claudio Reyes (Alternativa Democrática) en lugar de Pedro Montt. La justificación de las organizaciones también va en la línea aludida por Grez. “La principal arteria de Valparaíso lleva el nombre de quien es reconocido por tener responsabilidad en la matanza de la Escuela Santa María de Iquique en el año 1907; por ello la necesidad de cambio. Se trata que la ciudad recoja en el nombre de sus calles y avenidas, biografías que reflejen una identidad y afirmen valores básicos de democracia, derechos y participación”, dijeron desde el Centro de Estudios Sociales de Valparaíso.

La historia chilena dice que la de Valpo no sería la primera vez que se logre un cambio reivindicatorio en el nombre de una calle. Desde hace un tiempo a la fecha se han dado verdaderas batallas para imponer esta suerte de justicia tardía. Una de ellas ocurrió en 2013 con el reemplazo de Nueva Providencia en referencia a la polémica 11 de septiembre (día en el que algunos celebran el golpe militar y la llegada de la Junta). Un triunfo conseguido por la alcaldesa Josefa Errázuriz tras destronar del municipio a Cristián Labbé, ex coronel de Ejército y quien fuera funcionario de la policía secreta de Pinochet durante la dictadura.

Algo parecido sucedió a una cuadra del Palacio de La Moneda en marzo de 2016. En este caso no se trataba de una avenida principal, pues Almirante Gotuzzo no superaba los 130 metros de longitud. La calle llevaba ese nombre en homenaje a Lorenzo Gotuzzo Borlando, contralmirante de la Armada que asumió como ministro de Hacienda el día después del bombardeo al palacio presidencial. Tras una votación en el concejo municipal –en la que se ganó por 6 votos contra 4 (entre los disidentes estaba el actual alcalde Felipe Alessandri)– la vía pasó a llamarse Amanda Labarca, en honor a la profesora que luchó por los derechos de las mujeres.

Según Grez, en todo caso, “no se trata de que una cúpula política o académica decida cuáles son los cambios. Tiene que haber un cierto trabajo de educación ciudadana y de discusión para que dichos cambios sean aceptados como positivos desde la ciudadanía”. Además, declara que esto “no se trata de incurrir en un frenesí de cambios de nombre sin que exista una conciencia ciudadana que acompañe estas modificaciones”.

El historiador cree que ir a por Pedro Montt en Valparaíso resulta una gran idea. “Es uno de los casos más emblemáticos, gruesos y evidentes”, dice, y complementa que lo ideal es comenzar por estos casos representativos.
Legaliza un cambio

Muchos personajes de la Historia de Chile, impresos en carteles de avenidas, están disponibles para entrar en la lista de espera. Se podría comenzar por Carlos Ibáñez del Campo, personaje que cuenta con una gran arteria que atraviesa Viña del Mar.

Entre otras cosas, a Ibáñez del Campo se le asocia a una profunda homofobia. En el Manifiesto de Pedro Lemebel se describe una escena de la mitología popular, que habla de un supuesto barco dispuesto por el carabinero-presidente para desaparecer personas homosexuales.

Foto: El Desconcierto

“Como en el barco del general Ibáñez / Donde aprendimos a nadar / Pero ninguno llegó a la costa / Por eso Valparaíso apagó sus luces rojas / Por eso las casas de caramba / Le brindaron una lágrima negra / A los colizas comidos por las jaibas / Ese año que la Comisión de Derechos Humanos / no recuerda”, se lee.

En Iquique, en tanto, la Junta Militar del ’73 cuenta con una cuadra a su disposición. Es así como la calle General Leigh tiene esquina con General Mendoza y Almirante Merino. Esta última, a su vez, es perpendicular con Ejército de Chile. Y para colmo, la que lleva el nombre de la fuerza armada con la del representante de la Aviación tienen una esquina, cada una, con la avenida principal Salvador Allende Gossens.

Si nos extendemos más allá de las vías del tránsito, la discusión alcanzaría la dimensión de los monolitos y monumentos. En la recién incendiada Pumanque, por ejemplo, se encuentra un memorial en honor a Augusto Pinochet Ugarte. Por último, y de regreso a hablar de Valparaíso, en el Museo Naval se erige una estatua de José Toribio Merino, el gestor del golpe militar.

“Se debe sacar el monumento al Almirante Merino que está en el Museo. Es un espacio público. Y así sucesivamente hay otros lugares que conmemoran a personajes de triste memoria”, termina Grez.

Nicolás Massai
Fuente:www.elciudadano.cl

Comparte este artículo: | Más