Poesía: Nazim Hikmet

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Nazim Hikmet Ran:
Poeta y dramaturgo turco, nacido en Salónica, Imperio otomano, el 20 de Noviembre de 1901, y fallecido el 3 de Junio de 1963 en Moscú.
Considerado en Occidente el poeta más importante en lengua turca del siglo XX, sus obras han sido traducidas a numerosos idiomas. Largamente exiliado de su país de origen a causa de su militancia comunista, murió en 1963 como ciudadano polaco. Nació en la ciudad de Salónica, actualmente Tesalónica, en Grecia, pero que en la época de su nacimiento formaba parte del Imperio otomano. Aunque en realidad había nacido dos meses antes, su nacimiento se registró el 15 de Enero de 1902, y ésta fue considerada la fecha oficial.

Extracto de entrevista:
Habla Nazim Hikmet
«Un poeta comunista, progresista, revolucionario, el término no me interesa. Un poeta ligado al progreso de la humanidad debe crear obras de arte verdaderamente dignas de ese nombre. Sus poemas deben ser, por una parte, comprensibles para el pueblo, incluso si es analfabeto, y poder servir de fondo a la literatura futura, por otra. (...) Un poeta revolucionario es un hombre que actúa: no debe únicamente reflejar el alma de su pueblo, sino que debe darle una dirección. (...) En Estambul, escribía para que me lo imprimieran, para que me leyeran con los ojos. Pero en Anatolia comprendí que era preciso leer los poemas en voz alta, para el pueblo. (...) Entonces me dediqué a escribir poemas sonoros, con rima y expresiones populares (...). Pero cuando estuve encarcelado, comprendí otra cosa: que se puede tener a un solo hombre por todo auditorio y, a través de él, hablar a toda la humanidad. Sin gritar: en voz baja, con una entonación muy de charla, muy íntima.
»La poesía es tan útil como el pan, la sal y el agua. (...)
»Mi oficio esencial es el de poeta. Hago teatro también y estoy empezando una novela. No existen temas específicos de la poesía, la novela o el teatro, todos los temas pueden ser tratados por uno u otro. Cuando se trata de la poesía, no hago ninguna concesión, quiero decir ninguna concesión formal. Concesiones ideológicas, las hago cuando me equivoco y digo: “tenéis razón, amigos míos”. Pero en el teatro, en la prosa, como son cosas secundarias para mí, puedo hacer concesiones formales, incluso puedo ser conformista. A veces se hacen concesiones sobre las cosas secundarias. La vida es tal que no hay que hacer concesiones en las cosas esenciales».

Fragmentos de la entrevista con Régis Debray y Jean-Marie Villegier para Clarté, nº 48
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Poemas de Nazim Hikmet

La inmensa Humanidad

La inmensa humanidad va a trabajar a los ocho años
Viaja en tren en tercera
A pie por los caminos
viaja la inmensa humanidad

La inmensa humanidad va a trabajar a los ocho años
a los veinte se casa
se muere a los cuarenta
la inmensa humanidad

El pan
alcanza para todos menos para la inmensa humanidad
y lo mismo el arroz
y lo mismo la azúcar
y lo mismo las telas
y lo mismo los libros
alcanzan para todos menos para la inmensa humanidad

No hay sombra sobre la tierra de la inmensa humanidad
no hay faroles en sus calles
ni vidrios en sus ventanas

Pero la inmensa humanidad espera
la vida es esperanza

Posiblemente yo

Posiblemente yo
mucho antes de aquel día
balanceándose mi sombra en un puente,
la abandone sobre el asfalto,
en un amanecer cualquiera.
Posiblemente yo
mucho después
de aquel día,
esté vivo
con señales de una barba blanca
apareciendo en mi barbilla afeitada.

Y yo,
mucho después
de aquel día:
si vivo todavía
me apoyaré contra las paredes
de cada esquina de las plazas de la ciudad
y tocaré
el violín en las noches de fiesta
para los viejos
que permanezcan vivos como
yo después de la última batalla.

En los alrededores
los pavimentos iluminados
de una noche perfecta. . .
y los pasos
de las gentes nuevas
que cantan nuevas canciones.

Tal vez mi última carta a Memet

Por una parte
los verdugos
como un muro nos separan
Y además
este cochino corazón
me ha hecho una malvada jugarreta
Mi niño, mi Memet
quizá la suerte
no me permitirá volver a verte
Lo sé
tú serás un muchacho
a la espiga de trigo parecido
Cuando joven
yo también era así
de elevada estatura, rubio, esbelto
Vastos serán tus ojos como los de tu madre
con un rastro de pena amarga a veces
Tendrás la frente inmensamente clara
y una voz muy hermosa
atroz era la mía
Cuando cantes
habrás de desgarrar corazones
Y sabrás conversar brillantemente
Yo también fui un maestro en la materia
cuando no me irritaban
Desde tu boca brotará la miel
¡Ah, Memet,
qué verdugo serás
de corazones!
No es fácil educar a un hijo sin padre
No apenes a tu madre
Yo no he podido darle la alegría
Que la tenga de ti
Tu madre
como la seda fuerte, dulce como la seda
Tu madre
será bella aún a la misma edad de las abuelas
como aquel primer día que la vi
cuando tenía diecisiete años
a la orilla del Bósforo
Era el claro de luna
era el claro del día
semejante a la fruta más perfecta
Tu madre
Una mañana como de costumbre
Nos separamos ¡hasta luego!
Era para no vernos nunca más
Tu madre
es la más bondadosa de las madres
Que ella viva cien años
y que dios la bendiga
Mi hijo, mi Memet, yo no temo morir
pero a pesar de todo
a veces, trabajando
o en esa soledad precursora del sueño
repentinamente
siento un sacudimiento
Contar los días es difícil
Uno no puede hartarse del mundo
Memet
no puede hartarse
No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
Vive en este mundo
cual si fuera la casa de tu padre
Cree en los granos
en la tierra, en el mar
pero ante todo en el hombre
Ama la nube, la máquina y el libro
pero ante todo, ama al hombre
Siente la tristeza
de la rama que se seca
del planeta que se extingue
del animal inválido
pero siente ante todo la tristeza del hombre
Que todos los bienes terrestres
te prodiguen la alegría
Que la sombra y la luz
te prodiguen la alegría
Que las cuatro estaciones
te prodiguen la alegría
Pero ante todo, que el hombre
te prodigue la alegría
Nuestra patria, Turquía
es un país hermoso
entre tantos países
y sus hombres
los que no están falseados
son laboriosos
meditativos y valientes
pero atrozmente miserables
Se ha sufrido, se seguirá sufriendo todavía
pero a pesar de todo habrá un futuro esplédido
Tú en nuestra tierra, con tu pueblo
construirás el comunismo
Con tus ojos lo verás
Con tus manos lo tocarás
Memet, yo moriré tal vez
muy lejos de mi idioma
lejos de mis canciones
muy lejos de mi sal y de mi pan
con la nostalgia de tu madre y de ti
y de mi pueblo y mis camaradas
Pero no en el exilio
Mas no en el extranjero
En el país de mis sueños moriré
En la blanca ciudad de mis más bellos días
Memet mi niño
Te confío
al partido comunista de Turquía
Me voy pero estoy calmo
La vida que se va extinguiendo en mí
proseguirá por largo tiempo en ti
y en nuestro pueblo, eternamente.

AQUÍ VIENE NAZIM HIKMET
Pablo Neruda
NAZIM, de las prisiones
recién salido,
me regaló su camisa bordada
con hilos de oro rojo
como su poesía.
Hilos de sangre turca
son sus versos,
fábulas verdaderas
con antigua inflexión, curvas o rectas,
como alfanjes o espadas,
sus clandestinos versos
hechos para enfrentarse
con todo el mediodía de la luz,
hoy son como las armas escondidas,
brillan bajo los pisos,
esperan en los pozos,
bajo la oscuridad impenetrable
de los ojos oscuros
de su pueblo.
De sus prisiones vino
a ser mi hermano
y recorrimos juntos
las nieves esteparias
y la noche encendida
con nuestras propias lámparas.
Aquí está su retrato
para que no se olvide su figura:
Es alto
como una torre
levantada en la paz de las praderas
y arriba
dos ventanas:
sus ojos
con la luz de Turquía.
Errantes
encontramos
la tierra firme bajo nuestros pies,
la tierra conquistada
por héroes y poetas,
las calles de Moscú, la luna llena
floreciendo en los muros,
las muchachas
que amamos,
el amor que adoramos,
la alegría,
nuestra única secta,
la esperanza total que compartimos,
y más que todo
una lucha
de pueblos
donde son una gota y otra gota,
gotas del mar humano,
sus versos y mis versos.
Pero
detrás de la alegría de Nazim
hay hechos,
hechos como maderos
o como fundaciones de edificios.
Años
de silencio y presidio.
Años
que no lograron
morder, comer, tragarse
su heroica juventud.
Me contaba
que por más de diez años
le dejaron
la luz de la bombilla eléctrica
toda la noche y hoy
olvida cada noche,
deja en la libertad
aún la luz encendida.
Su alegría
tiene raíces negras
hundidas en su patria
como flor de pantanos.
Por eso
cuando rie,
cuando ríe Nazim,
Nazim Hikmet,
no es como cuando ríes:
es más blanca su risa,
en él ríe la luna,
la estrella,
el vino,
la tierra que no muere,
todo el arroz saluda con su risa,
todo su pueblo canta por su boca.

Fuente:poema de P. Neruda
poemas911.com

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