Poesía: Roque Dalton continúa vivo en sus versos, hoy cumpliría 79 años

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Roque Dalton García asumió por partida doble la causa libertaria de su país: El Salvador. El poeta fue defensor de los intereses del pueblo, que proclamó en sus versos, y también sufrió persecución, tortura y exilio por gobiernos de su época.
Roque Dalton

“Para mí ha sido posible estructurar mi obra poética en el seno de una vida de militancia política, o sea que me acostumbré a escribir en la clandestinidad, en condiciones difíciles”, dijo Roque Dalton en una entrevista ofrecida a Mario Benedetti en 1969.

Durante la conversación calificó sus inicios poéticos como “nerudianos”, tipo de poesía dedicada a “cantar, a hacer loa, a construir el himno, con respecto a las cosas, el hombre, las sociedades”.

“Si en alguna medida logré salvarme de esa actitud fue debido a la insistencia en lo nacional (…) Viene entonces mi poesía más ideológica, más cargada de ideas”, señaló.

Dalton, nacido el 14 de mayo de 1935, hijo de padre norteamericano y madre salvadoreña, recibió educación en distinguidos colegios de San Salvador. En 1953, viajó a Chile en donde logró ingresar a estudiar Derecho en la Universidad de Chile y conocer otra ideología política.

“Ingresé en este centro de estudios, y allá, por supuesto, vi otras cosas de la vida. Por ejemplo, los comunistas. Me puse en contacto con los comunistas, tuve amigos comunistas, y al principio sin saber que lo eran, luego con un poco más de conciencia, por lo menos di un paso de avance en Chile y de católico conservador que era pasé a ser un católico progresista, un social-cristiano; en ese momento, esa corriente de pensamiento en Chile me pareció sumamente atractiva”, relató en una oportunidad.

Estando en Chile, Dalton coincide con el pintor mexicano Diego Rivera, a quien intenta entrevistar. Ante una de las preguntas planteadas, el muralista da una respuesta tan contundente que termina desconcertando y despertando la curiosidad política del salvadoreño.

“Empezó a responderme cortésmente las preguntas hasta que no sé por qué se le ocurrió preguntarme mi filiación política, entonces yo le dije que era socialcristiano. Entonces él me preguntó, con aquella cosa exuberante que tenía, que cuántos años tenía yo. Yo le dije que dieciocho años. Me preguntó si yo había leído marxismo, yo le dije que no, entonces me dijo que tenía yo dieciocho años de ser un imbécil, y me echó“, rememoró Dalton en una grabación para Radio Habana Cuba que fue trasmitida en 1963.

Después del episodio, Dalton averigua quién es ese señor que lo ha insultado, qué es la pintura mexicana y qué es el marxismo. Poco tiempo después regresa a El Salvador a seguir estudiando Derecho. Junto con sus libros de Pablo Neruda y César Vallejo lleva sus primeros folletos revolucionarios. Posteriormente desechó el socialcristianismo y empezó a militar en el Partido Comunista Salvadoreño, cuenta el prólogo de su libro Tabernas y otros lugares, publicación que fue Premio Casa Las Américas en el año 1969.
El poeta revolucionario

Dalton volvió a El Salvador con “rudimentos del marxismo, líneas generales que había podido captar”, las cuales le hicieron tomar conciencia de la realidad social de su país.

“Un país desconocido, un país que yo nunca había visto: pude descubrir las contradicciones de la clase, la miseria, sus orígenes que me dieron un panorama, en el cual yo nunca, sinceramente, había caído en cuenta (…) Me sentí aterrado, tan responsable de un motón de cosas, tan lleno de ganas de decirle a la gente que había sido ciego por mucho tiempo, tan estafado”, relata un testimonio del poeta recogido en el libro Roque Dalton Antología, obra de Juan Carlos Berrio.

Ese abrir de ojos fue plasmado por Dalton en su obra El pulgarcito de América, donde con la artillería de sus palabras reprende a la clase oligarca, enaltece al pueblo y a la patria.

En 1955, funda en su país junto con otros poetas el Círculo Literario Universitario, que fue la segunda etapa de la Generación Comprometida, surgida a inicios en la década de 1950.

El grupo literario se reunían en casas, librerías y en la universidad para discutir sobre la necesidad de cambio en la sociedad salvadoreña.

Su generación vivió grandes acontecimientos, vio grandes luchas y no quiso quedarse simplemente como testigo. Dio el paso para encontrar a los hombres y a las mujeres que construían esos grandes acontecimientos y solicitó su ingreso en los contingentes, relató el prólogo de El pulgarcito de América.

Los años siguientes Dalton colaboró en numerosas actividades periodísticas, literarias, sociales y políticas, muchas clandestinas. Estas últimas le valieron numerosos problemas con las autoridades salvadoreñas de turno que lo metieron en prisión y más tarde lo desterraron. Fue encarcelado en 1960 y liberado en octubre de ese año al ser derrocado el presidente José María Lemus.

Dalton vivió prolongados periodos en Cuba, nación que lo acogió en épocas de exilio y que tuvo gran influencia en su pensamiento político. Fue para el poeta una vivencia que él mismo calificó como “la experiencia más importante de mi vida”.

“Cuba sigue siendo una experiencia definitiva y definitoria para mí, ya que luego me fue posible vivir en otros sectores del socialismo, y por consiguiente comparar, sacar mis conclusiones, y en ese sentido Cuba ha servido para que yo organizara mejor mis propósitos acerca de la revolución en América Latina y concretamente en mi país”, contó a Benedetti.

La poesía de Dalton se convirtió en su arma para hacer revolución. “Yo llegué a la Revolución por la vía de la poesía”, afirmó en la dedicatoria su libro Taberna y otros lugares.
“No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto”

A 39 años de su partida, Roque Dalton García sigue recitando verdades a través de una poesía reivindicadora, letra y voz del pueblo y de la revolución.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano lo recuerda en estas palabras: “Poeta hondo y jodón, Roque prefería tomarse el pelo a tomarse en serio, y así se salvó de la grandilocuencia y de la solemnidad y de otras enfermedades que gravemente aquejan a la poesía política latinoamericana”.

El 10 de mayo de 1975, sus supuestos compañeros del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), con quienes había tenido discrepancias, decidieron asesinarlo. Uno de ellos, Joaquín Villalobos, es “hoy oxfordiano asesor bélico de gobiernos neoliberales y represivos”, al decir del diario La Jornada, de México.

“Son sus propios compañeros quienes condenan a Roque por delito de discrepancia. De al lado tenía que venir esta bala, la única capaz de encontrarlo”, lamentó Galeano.

Dalton, quien burló a la muerte en dos ocasiones en las que fue condenado por dictaduras salvadoreñas, guardó en sus versos una petición para cuando llegara la hora final:

Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre
Porque se detendría la muerte y el reposo
Tu voz que es la campana de los cinco sentidos
Sería el tenue faro buscado por mi niebla.
Fuente: cubadebate.cu
Poema de Roque Dalton G.

ALTA HORA DE LA NOCHE

Cuando sepas que he muertono pronuncies mi nombre
porque se detendríala muerte y el reposo
Tu voz, que es la campana de los cinco sentidos,
sería el tenue faro buscando por mi niebla.
Cuando sepas que he muerto di sílabas extrañas.
Pronuncia flor, abeja, lágrima, pan, tormenta.
No dejes que tus labios hallen mis once letras.
Tengo sueño, he amado, he ganado el silencio.
No pronuncies mi nombre cuando sepas que he muerto:
desde la oscura tierra vendría por tu voz.
No pronuncies mi nombre, no pronuncies mi nombre.
Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre.

EL GRAN DESPECHO

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo

Antes creía que solamente eras muy chico
que no alcanzabas a tener de una vez
Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de ti

Ello me alegra
porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios

Soy pues un diosecillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo
tú eres ex-patria)

DOLOR ANTIGUO

Sólo has visto dolor en tu llegada.

Dolor en los cañales explotados
sobre el dolor de tus hermanos;
dolor en las palabras en secreto,
dolor
en las lagunas y los pájaros;
dolor en la palabra incomprensible del caporal estraño,
dolor en sus patadas, en sus insultos, en sus manos ladronas.

Dolor en las mujeres y las piedras,
dolor en el crepúsculo, en el sol calcinante,
en la ficticia aurora cotidiana;
dolor en cada metro de nagüilla, en cada tecomate,
en cada par de caites abrumados;
dolor en cada rostro, en cada nueva música,
en cada cordillera de sucesos;
dolor entronizado en las aradas, en las milpas ajenas,
en los candentes pechos de tu pueblo
y en los ojos con lágrimas mirando
sus solitarias manos.

Y SIN EMBARGO, AMOR

Y sin embargo, amor, a través de las lágrimas,
yo sabía que al fin iba a quedarme
desnudo en la ribera de la risa.

Aquí,
hoy,
digo:
siempre recordaré tu desnudez en mis manos,
tu olor a disfrutada madera de sándalo
clavada junto al sol de la mañana;
tu risa de muchacha,
o de arroyo,
o de pájaro;
tus manos largas y amantes
como un lirio traidor a sus antiguos colores;
tu voz,
tus ojos,
lo de abarcable en ti que entre mis pasos
pensaba sostener con las palabras.

Pero ya no habrá tiempo de llorar.

Ha terminado
la hora de la ceniza para mi corazón.

Hace frío sin ti,
pero se vive.

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