Brasil: #Transgenía; El plan de comunicación

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Por Coletivo Nigéria

Agência Pública (www.apublica.org)

Las primeras liberaciones en campo del Aedes transgénico fueron realizadas en las Islas Cayman, a fines de 2009 y 2010. El territorio británico en el Caribe, constituido por tres islas ubicadas al sur de Cuba, se mostró no sólo como un paraíso fiscal (existen más empresas registradas en las islas que sus 50 mil habitantes), sino también como espacio propicio para la liberación de los mosquitos transgénicos, debido a la ausencia de leyes de bioseguridad. Las Islas Cayman no son signatarias del Protocolo de Cartagena, el principal documento internacional sobre el asunto, ni están cubiertas por la Convención de Aarthus –aprobada por la Unión Europea y de la cual el Reino Unido es parte– que versa sobre el acceso a la información, participación y justicia en los procesos de toma de decisión sobre el medio ambiente.

En vez de la publicación y consulta pública previa sobre los riesgos involucrados en el experimento, como exigirían los acuerdos internacionales citados, los cerca de 3 millones de mosquitos sueltos en el clima tropical de las Islas Cayman ganaron el mundo sin ningún proceso de debate o consulta pública. La autorización fue concedida exclusivamente por el Departamento de Agricultura de las Islas. Asociada local de Oxitec en las pruebas, laMosquito Research & Control Unit(Unidad de Pesquisa y Control de Mosquito)sólo posteó un video promocional sobre el asunto en octubre de 2010, y sin mencionar la naturaleza transgénica de los mosquitos. El video fue divulgado exactamente un mes antes de la presentación de los resultados de los experimentos por la propia Oxitec en el encuentro anual de la American Society of Tropical Medicine and Hygiene (Sociedad Americana de Medicina Tropical e Higiene), en Estados Unidos.

La comunidad científica se sorprendió con la noticia de que las primeras liberaciones en el mundo de insectos modificados genéticamente ya habían sido realizadas, sin que los propios especialistas en el asunto tuvieran conocimiento de ello.La sorpresa se extendió al resultado:según los datos de Oxitec, los experimentos habían alcanzado un 80% de reducción de la población de Aedes aegypti en las Islas Cayman. El número confirmaba a la empresa que la técnica creada en laboratorio podría ser de hecho eficiente. Desde entonces, nuevos testeos de campo pasaron a ser articulados en otros países –característicamente subdesarrollados o en desarrollo, con clima tropical y problemas históricos con el dengue.

Luego de postergar pruebas semejantes en 2006, después de varias protestas, Malasia se convirtió en el segundo país en liberar los mosquitos transgénicos entre diciembre de 2010 y enero de 2011. Seis mil mosquitos fueron soltados en un área inhabitada del país. El número, mucho menor en comparación con el de las Islas Cayman, es casi insignificante ante la cantidad de mosquitos que pasó a ser liberada en Juazeiro de Bahía a partir de febrero de 2011. La ciudad, junto con Jacobina, más recientemente, se tornó desde entonces en el mayor campo de pruebas de este tipo en el mundo, con más de 18 millones de mosquitos ya liberados, según números de Moscamed.

“Oxitec se equivocó profundamente, tanto en Malasia como en las Islas Cayman. Al contrario de lo que ellos hicieron, nosotros hicimos un extenso trabajo que llamamos comunicación pública, con total transparencia, con discusión con la comunidad, con visita a todas las casas. Hubo un trabajo extraordinario aquí”, compara Aldo Malavasi.

En entrevista telefónica, él puso énfasis en demarcar la independencia de Moscamed ante Oxitec y resaltó la naturaleza diferente de las dos instituciones. Creada en 2006, Moscamed es una organización social, sin fines de lucro, que se involucró en los testeos del Aedes aegypti transgénico con el objetivo de verificar la eficacia o no de la técnica en el combate del dengue. Según Malavasi, ningún financiamiento de Oxitec fue aceptado por ellos, justamente para garantizar la imparcialidad en la evaluación de la técnica. “Nosotros no queremos su dinero, porque nuestro objetivo es ayudar al gobierno brasilero”, resume.

En favor de la transparencia, el programa fue titulado “Proyecto Aedes Transgénico” (PAT), para colocar ya en el nombre la palabra espinosa. Otra determinación de orden semántica fue el no uso del término “estéril”, corriente en el discurso de la empresa británica, pero empleada técnicamente de manera incorrecta, ya que los mosquitos producen crías, pero generan prole programada para morir en la etapa larval. Un jingle puso el complejo sistema en lenguaje popular y con ritmo deforró pie de sierra. Y elbloque de carnaval “Papá Mosquito” salió a las calles de Juazeiro en el Carnaval de 2011.

A nivel institucional, además del costo pagado por la Secretaría de Salud estadual, el programa también consiguió el apoyo de la Secretaría de Salud de Juazeiro de Bahía. “Al comienzo hubo resistencias, porque las personas tampoco querían dejar trampas en sus casas, pero después, con el tiempo, entendieron el proyecto y tuvimos una buena aceptación popular”, cuenta el enfermero sanitarista Mario Machado, director de Promoción y Vigilancia de la Salud de la secretaría.

Las trampas, de las cuales habla Machado, son simples instrumentos instalados en las casas de algunos habitantes del área del experimento. Las huevo-trampas, como son llamadas, hacen las veces de criaderos para las hembras. Así es posible recoger los huevos y verificar si fueron fecundados por machos transgénicos o salvajes. Esto también es posible porque los mosquitos genéticamente modificados cargan, además del gen letal, el fragmento de DNA de un agua viva que le confiere una marcación fluorescente, visible en microscopios.

De esta forma, fue posible verificar que la reducción de la población de Aedes aegypti salvaje alcanzó, según Moscamed, el 96% en Mandacarú –un asentamiento agrícola distante pocos kilómetros del centro comercial de Juazeiro, que por el aislamiento geográfico y aceptación popular, se transformó en el lugar ideal para las liberaciones. A pesar del número, Moscamed continúa con las liberaciones en el barrio. Debido a la breve vida del mosquito (la hembra vive aproximadamente 35 días), la liberación de insectos necesita continuar para mantener el nivel bajo de la población salvaje. Actualmente, una vez por semana un automóvil deja la sede de la organización con 50 mil mosquitos que son distribuidos por los miles en envases plásticos que se abrirán en las calles de Mandacarú.

“Actualmente la mayor aceptación se da en Mandacarú. La receptividad fue tan grande que Moscamed no quiere salir de allá”, enfatiza Mario Machado. Lo mismo no ocurrió con el barrio de Itaberaba, el primero en recibir a los mosquitos a comienzos de 2011. Ni siquiera el histórico alto índice de infección por el Aedes aegypti hizo que el barrio periférico juazeirense, vecino a la sede de Moscamed, aceptara de buen grado el experimento. Mario Machado estima que “alrededor del 20%” de la población se opuso a los testeos y puso fin a las liberaciones. “Por más que intentamos informar, ir de casa en casa, de bar en bar, algunas personas no creen: ‘No, ustede tán mintiéndonos, ese mosquito nos tá picando’”, se resigna.

Después de un año sin liberaciones, el mosquito parece no haber dejado muchos recuerdos por allí. En una caminata por el barrio, casi no conseguimos encontrar alguien que supiera de lo que estábamos hablando. No obstante, el nombre de Itaberaba corrió por el mundo al ser divulgado por Oxitec que el primer experimento de campo en Brasil había alcanzado un 80% de reducción en la población de mosquitos salvajes.

Supervisora de campo de Moscamed, la bióloga Luiza Garziera fue una de las que fueron de casa en casa explicando el proceso, muchas veces adaptando el discurso científico para hacerse entender. “Yo hablaba que estaríamos liberando esos mosquitos, que liberábamos solamente el macho, que no pica. La que pica sólo es la hembra. Y que esos machos cuando ‘hacen el amor’ –porque no podemos hablar a veces de ‘cópula’ porque las personas no entienden–, entonces esos machos con la hembra producen hijitos que terminan muriéndose”.

Éste es uno de los detalles más importantes sobre la técnica inédita. Al liberar sólo machos, en una tasa de 10 transgénicos por cada mosquito salvaje, Moscamed deja a las personas en una nube de mosquitos, pero garantiza que éstos no los picarán. Esto ocurre porque sólo la hembra se alimenta de sangre humana, líquido que proporciona las proteínas necesarias para su ovulación.

La tecnología encaja en forma convincente y hasta didáctica –tal vez con excepción de la “modificación genética”, que requiere vuelos más altos de la imaginación. Sin embargo, la ignorancia sobre el asunto todavía campea en considerable parte de los habitantes escuchados para este reportaje. Cuanto mucho, se sabe que se trata del exterminio del mosquito del dengue, lo que es naturalmente algo positivo.Como máximo, se escuchó decir o arriesgar una hipótesis que incluía al ampliamente odiado mosquito del dengue.

adital.com.br

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Fuente:www.americabolivariana.org

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