Literatura: Autobiografía de un viejo comunista chileno.( Humberto Arcos Vera)


EXTRACTO:
Capítulo XI
Las reuniones en el exterior
con la dirección del Partido

Yo había llegado el domingo a Moscú y el lunes tuvimos nuestra primera reunión. Llegaron al hotel como diez camaradas. Además de Luis Corvalán, Américo Zorrilla y Orlando Millas, recuerdo que estuvieron Mireya Baltra. Jorge Insunza y Rodrigo Rojas (estos dos últimos habían viajado desde la RDA). Nos reunimos en un salón del mismo hotel y me pidieron que, como "hombre del interior', les informara cómo veía el Partido la situación en Chile. Básicamente repetí lo que había hablado en Venezuela y en la RDA, y planteé nuestra critica a que se realizara un pleno del Comité Central sin invitar a nadie del interior y nuestros reparos frente a 1a divulgación del listado con los nombres de los miembros del Comité Central muertos y actuales, les expliqué que algunos de ellos estaban en Chile descolgados (16), aunque nosotros los tratábamos de ayudar, y otros que habían estado trabajando en estructuras partidarias.
También critiqué el documento del Partido en el exterior en el que se planteaban posiciones "izquierdistas- en las palabras, pero que no cuadraban con la realidad que vivíamos adentro ni con la práctica de los que estaban afuera. Las camaradas también hicieron numerosas preguntas, así que nuestra reunión se extendió por toda la mañana.
A la hora de almuerzo me avisaron que vendrían unos compañeros de Relaciones Internacionales del PCUS (Partido Comunista de u Unión Soviética) que querían saber de la situación chilena. Así que tuve un almuerzo de trabajo con tres de ellos, encabezados por uno que se presentó como Igor Rivalki. De nuevo les di mis impresiones de cómo estaban las cosas en Chile y respondí a sus preguntas. Después me ofrecieron un panorama cultural para cada tarde y pusieron a mi disposición un traductor (que además sería como mi guardaespaldas). Me presentaron las alternativas que había en Moscú, seleccione algunas, y durante las semanas que estuve ahí me anduve paseando por la cultura; pude ver ballet, ópera (recuerdo que vi Carmen y La Traviata), asistir a conciertos y visitar algunas museos.
Y así se fue la primera semana. En la mañana, reuniones con los compañeros de la Comisión Política; al almuerzo, conversaciones con gente del PCUS y en las tardes, actividades culturales. Desde el segundo día nos empezamos a enfocar más en el detalle del funcionamiento de los distintos equipos: el trabajo de solidaridad, el sindical, el de mujeres, de pobladores, de relaciones políticas, en fin. Y todos los días salían preguntas en relación con el compañero Santiago y sobre todo, cuestionamientos. Querían saber más de él y. aunque nunca me lo preguntaron directamente, me daba la impresión de que trataban de juntar datos para adivinar quién era.
A los comunistas chilenos que estaban en Moscú les parecía que Santiago era altanero y prepotente por los mensajes que habían traído los dos compañeros venidos desde el interior (Humberto Arcos era el tercero e igual que los otros, transmitía sus instrucciones). Según ellos nosotros no habíamos llegado con una actitud abierta al diálogo, sino predispuestos en contra de los camaradas de la Dirección. Y Santiago se sentía con el derecho de cuestionar las opiniones del Comité Central y la Comisión Política por el solo hecho de dirigir el Partido en el interior. Yo traté de explicarles que las diferencias que se habían dado con ellos (nuestra discrepancia a su llamado a abstenerse en el plebiscito en lugar de votar que no y la publicación del listado de miembros del Comité Central fallecidos y exiliados, que en nuestra opinión le facilitaba la tarea a la dictadura para perseguir a los que estaban en la patria) no eran puntos de vista exclusivos de Santiago, sino de la inmensa mayoría de los que seguíamos trabajando en Chile. Yo sentía que había menospre¬cio y también desconfianza hacia lo que pudiéramos aportar nosotros. Los mejores cuadros del Partido estaban muertos o en el exilio. Los del interior eran en el mejor de los casos, funcionarios. Pero el Partido que murió era un partido de intelectuales. Y el Partido de la clase obrera no era tomado en cuenta. Nosotros eramos el partido de los funcionarios, el partido de los sirvientes. Así nos decían. Y a los dos enviados de San¬tiago que me habían precedido los habían tratado como a viejos sin nin¬gún peso, emisarios de un dirigente sin ningún peso, pero que se atrevía a discutir sus directrices y, por eso, los tenía preocupados. Entonces me hacían preguntas y me decían que Santiago actuaba según sus propios deseos y no según los deseos del Partido Comunista, que debía obrar de acuerdo al "centralismo democrático. A mí eso me llevaba a argumen¬tar con más fuerza la necesidad de una dirección panidaria única e integradora. Y la verdad es que, durante los primeros cuatro días, los miem¬bros de la Dirección me escuchaban sin disentir demasiado: más bien intentaban averiguar quién cresta podía ser ese hombre y expresaban críticas que tenían más que ver con su personalidad que con sus ideas. El viernes empezamos la reunión y pedí la palabra. "Camaradas”, les dije, “antes de que sigamos viendo los problemas de la Dirección, quiero informarles que yo soy Santiago". Quedaron silen¬ciosos y visiblemente sorprendidos. Les conté cómo y quién me entrregó la responsabilidad, los contactos para los equipos y la forma en que se había organizado el trabajo en todos los frentes. Después plantee que debíamos ver el problema de la conducción del Partido, tanto interior como exterior, para lograr formar una dirección única. "En esta reunión han estado participando camaradas de la Comisión Política y del Comité Central. ¿Y yo quién soy?. Luis Corvalán res¬pondió: 'A usted lo consideramos miembro permanente del Comité Central, por eso lo fuimos a recibir con Américo Zorrilla y Orlando Millas". Entonces dije que me sentía autorizado para criticar algunos de los nombres que se habían entregado como nuevos miembros del Comité Central después del pleno de febrero, porque causaban dudas y no correspondían a la realidad política que teníamos que enfrentar……….
(16) Sin contactos con el Partido clandestino
Agradecemos al compañero Humberto Arcos Vera su autorización para publicar este extracto
Este libro lo encuentra en Librería Persa Libros- Víctor Manuel 2298-Sector 5-Locales 112/113-Persa Bío Bío-Santiago de Chile- persalibros@gmail.com
cel. 92149134

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