El funeral de Recabarren: una manifestación de la ciudadanía popular chilena.(Rolando Alvarez V.)

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Con ocasión del aniversario del Archivo Nacional, se exhibió un documental sobre el funeral de Luis Emilio Recabarren, cuyo autor, Carlos Pellegrín, es tío abuelo de Raúl Pellegrín Friedmann, el recordado ex jefe rodriguista. El siguiente texto corresponde a la introducción que en esa oportunidad hizo el historiador Rolando Alvarez.

Hablar de la figura de Luis Emilio Recabarren significa remitirse a un periodo complejo de la historia de Chile-, El sistema de dominación oligárquico, conformado luego de la Guerra Civil de 1891, vivió una larga decadencia, caracterizada por su incapacidad para resolver el conflicto de clases. Afectado por las constantes crisis de la industria salitrera, producto que sostenía toda la arquitectura económica del modelo, el país parecía caminar al abismo de una fantasmal revolución. Hacia 1920, la combinación de una crisis inflacionaria y las consiguientes crisis sociales y políticas remecían el viejo aparato de dominación oligárquico. Por primera vez en la historia de Chile, las organizaciones de trabajadores parecían poner en jaque a las elites. ¿Cómo se llegó a este punto? Sin duda que con el aporte de miles de hombres y mujeres, que desde la segunda mitad del siglo XIX forjaron la cultura organizativa del movimiento popular. Como siempre ocurre dentro de una obra colectiva, despuntaron algunos personajes. Luis Emilio Recabarren fue, tal vez, el más destacado dentro de este grupo.

No es un nuestra intención hacer una extensa nota biográfica de este obrero linotipista, nacido en Valparaíso a fines del siglo XIX. Como es sabido, tempranamente se incorporó al Partido Demócrata. Conoció la cárcel y el exilio por su incansable activismo sindical. Hom¬bre de partido, participó en la fundación del Partido Socialista uruguayo y argentino. En Chile fundó en 1912 el Partido Obrero Socialista (POS), que diez años más tarde se transformaría en el Partido Comunista de Chile. De formación autodidacta, creó más de un docena de periódicos, en donde escribió incesantemente artículos de la más variada gama: desde denuncias contra la patronal, pasando por las deficiencias de las organizaciones obreras, hasta la necesidad del internacionalismo y la regeneración del pueblo.
Pero la biografía de Recabarren es solo un capítulo de una trama mucho mayor, relacionada con la historia del movimiento popular. ¿Cuál era la impronta de éste?, ¿cómo podemos interpretar la labor organizadora, concientizadora y pedagógica de Recabarren dentro del marco mayor que implica la trayectoria de las organizaciones sociales populares en el Chile de fines del siglo XIX y principios del XX?

El movimiento popular chileno hunde sus raíces a mediados del siglo XIX, cuando el sector artesanal dio origen a las organizaciones de "socorros mutuos" o "mutualistas". Estas encarnaron el núcleo inicial de las futuras organizaciones obreras, heredándole un proyecto democratizador y de regeneración del pueblo. La clase obrera chilena surgió en la década de 1880, luego que el estado chileno se anexionara, gracias a la llamada "Guerra del Pacífico" contra Perú y Bolivia, las regiones salitreras de Tarapacá y Antofagasta. Las organizaciones sindicales que surgieron en esta zona fueron receptoras del anarcosindicalismo y el socialismo, decisivos en la politización del "bajo pueblo" chileno. De esta forma, a principios del siglo XX se produjo una síntesis de la experiencia de politización obrera, que ha sido denominada como la "cultura obrera ilustrada" chilena. Esta se caracterizó por plantear una "civilización para todos", más incluyente que la restrictiva fórmula oligárquica. Se basaba en el fomento de la educación popular, expresada en diversas actividades como el teatro, bibliotecas, periódicos, imprentas y, en general, a métodos de lucha pacífica. Así, se "regeneraría" el pueblo, arrancándolo de la enajenación a que lo sometía el alcohol, los juegos de azar, los prostíbulos y, en perspectiva más estructural, la dominación capitalista. Luis Emilio Recabarren fue uno de los principales representantes de esta cultura obrera ilustrada, común a las organizaciones populares chilenas, independientemente que su ideología estuviera más o menos cercana a corrientes anarquistas o socialistas.

Como ha sido señalado, esta perspectiva de buscar el cambio social desde la base, con un método que privilegiaba el convencimiento individual de las personas, basado en un amplio activismo pedagógico y politizador, fue la principal originalidad histórica del POS y luego del Partido Comu¬nista de Chile y, en general, de la izquierda chilena. La raíz democrática de su accionar, nacido en la práctica concreta del movimiento obrero, marcó su vocación de masas, por la unidad amplia y la búsqueda de consensos sociales y políticos. El contacto permanente con la base social obligó a la naciente izquierda chilena a desarrollar importantes dosis de pragmatismo en su relación con las demandas de las personas, lo que matizó la rigidez proveniente de su dogmatismo teórico.

Así, a lo largo del siglo XX la vinculación entre el mundo social y el mundo político fue lo que caracterizó al movimiento popular chileno. La imbricación entre partidos políticos de izquierda y de centro con las organizaciones sociales (sindicales, estudiantiles, territoriales), originó un particular modo de relación entre lo social y lo político. Lo importante, en este sentido, fue que la izquierda chilena tuvo una estrecha relación, no exenta de dificultades y problemas, con la génesis y desarrollo de los movimientos sociales que surgieron a lo largo del siglo XX.

Por este motivo, la labor agitadora y política de Recabarren está lejos de ser la de un mero precursor. Por el contrario, su figura resume y encarna la génesis de la cultura política de la izquierda chilena. Aunque influida por los avatares que agitaron al llamado "siglo XX corto", la izquierda chilena tuvo en su arraigo en la cultura y quehacer nacional uno de sus principales pilares legitimadores.

El año 1924

Al momento de quitarse la vida el 19 de diciembre de 1924, Recabarren apenas tenía cuarenta y ocho años de vida. La noticia de su suicidio, ocurrido en su hogar en calle Santa Filomena, en el actual Barrio Bellavista, sorprendió a todos. Figura política nacional, había sido candidato presidencial en 1920 y diputado desde 1921 por la región de Antofagasta. Sus discursos en la cámara baja se caracterizaron por denunciar los abusos patronales, las promesas no cumplidas del gobierno de Arturo Alessandri y las injusticias del capitalismo. La cruel matanza de San Gregorio, ocurrida en 1921 en el Norte Grande, lo había puesto en la mira de la clase política oligárquica, que lo acusaba de alentar la insurrección obrera. Su viaje a la Unión Soviética en 1922, del cual dejó testimonio en numerosos artículos de prensa, nuevamente puso la atención nacional sobre su nombre.

Sin embargo, junto a la imagen del líder revolucionario, de "apóstol" del movimiento obrero chileno, convivía el Recabarren de carne y hueso, atormentado por una existencia que se le hacía difícil sobrellevar. Su desesperanza y agotamiento se dejaba traslucir en algunos de sus artículos de prensa, donde reclamaba por el fracaso de tal o cual mitin, o de alguna otra actividad. El reproche público contra la desidia, la irresponsabilidad, se convertía en desesperanza y agotamiento.

Así, el 31 de agosto de 1924 Teresa Flores, su pareja desde 1914, informaba al Partido Comunista que Recabarren se había intentado suicidar. Incluso había dejado una carta de despedida. Aquejado de fuertes cefaleas, se le hacía difícil enfrentar las múltiples tareas como dirigente del Partido Comunista. En septiembre de 1924 Recabarren fue desplazado de la dirección del PC por un grupo de dirigentes que hicieron fuertes críticas en su contra. Además, luego de un golpe de estado, el país pasó a ser gobernado por una Junta Militar. La actividad se hacía más intensa justo en momento en que Recabarren pasaba por un mal momento en su salud mental. Fue esta depresión la que no pudo superar y lo llevó a ejecutar su fatídica decisión la tarde del 19 de diciembre. Utilizando un arma que había adquirido en Alemania, se quitó la vida el más importante dirigente obrero de su generación.

Conocida esta noticia, rápidamente los dirigentes de la Federación Obrera de Chile, y especialmente del Partido Comunista, desmintieron que el "Apóstol" hubiese sido asesinado a manos de la policía o sectores de ultraderecha. Como era imaginable, la forma de morir de Recabarren dio paso a todo tipo de especulaciones. ¿Qué lo había llevado a quitarse la vida? "Su decepción ante el evidente fracaso del comunismo en Rusia", dijeron algunos; "el maltrato recibido por parte de sus compañeros de partido, que desconocieron injustamente su labor", dijeron otros. Y no faltaron los comentarios que dejaron entrever una supuesta infidelidad de su compañera, Teresa Flores, como la detonante del suicidio de Recabarren. Lo que está claro, es que sus cefaleas y la depresión fueron un obstáculo que el dirigente obrero no pudo sortear.

El velorio de Recabarren se llevó a cabo en el local de la Federación de Obreros Ferroviarios, ubicado en calle Bascuñán Guerrero, un poco antes de llegar a calle Blanco En¬calada. Elias Lafertte, dirigente comunista y organizador del sepelio del líder obrero, recordaba así el multitudinario velorio:

"Desfilaban los gremios, con sus estandartes, los obreros individualmente... Venían los estudiantes, los políticos, gentes de todos los partidos, el zapatero que lo había conocido en Antofagasta, el cesante que lo había oído Otro aspecto notable del film son las tomas obtenidas cerca de las personas. Inexistentes los grandes angulares de la actualidad, estar cerca del objeto era la única forma de captar detalles de lo que se estaba filmando. En este caso, los primeros planos de los numerosos oradores que querían recordar a Recabarren se caracterizan porque los supuestos receptores de los discursos están más atentos del extraño artefacto que los filman. Sus miradas ardientes, de curiosidad, hacen olvidar a la persona que está en el estrado y hacen que el protagonismo lo tenga la cámara. En este sentido, los primeros planos de los oradores se vuelven, sin haber tenido esa intención, en primeros planos del pueblo chileno. De esta manera, este documental se convierte en una de las primeras imágenes del genuino pueblo chileno.

Por último, llama la atención el orden y la disciplina de los asistentes al funeral. El pueblo, catalogado de bárbaro y anémico por la clase dominante, mostró el 21 de diciembre de 1924 su capacidad de manifestarse pacífica y ordenadamente. Por este motivo, nos parece que el funeral de Recabarren sintetizó el estilo político que durante décadas sedimentó el movimiento popular chileno: unidad, métodos pacíficos, disciplina; en fin, una expresión de "modernidad popular", ampliada hacia las grandes mayorías excluidas por el sistema político de la época.

Por ello, el documental sobre el funeral de Recabarren debe ser considerado una genuina expresión de ciudadanía popular. Muchas Gracias.
Rolando Alvarez Vallejos
Fuente:Diario El Siglo-2011.
Vea el video del Funeral de Luis E.Recabarren haciendo click aquí.

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