Libro recomendado: Los pasos del Hombre.(Francisco Coloane)

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Los pasos del Hombre.

EXTRACTO:
A mediados de julio de 1923 tuve que interrumpir mis estudios en la isla Grande para continuarlos en Punta Arenas, Magallanes. Fue mi primer viaje oceánico. Iba a cargo de mi hermano de madre, Francisco Cabello Cárdenas, primer piloto del Chiloé, un barco de cabotaje que pertenecía a la sociedad Braun y Blanchard. Allí inicié mis primeras travesías y travesuras.
Hicimos escala en Puerto Montt, donde el Chiloé debía descargar maderas y otros artículos. Desembarqué junto con mi hermano y tuve mi primer deslumbramiento al observar cómo las luces de la ciudad cabrilleaban sobre las aguas que azotaban los costados de los barcos, algunos al atraque, como el nuestro, otros a la espera del zarpe.

Nos alojamos en un hotel costanero y, después de algunas diligencias, mi hermano me llevó al cine a ver una película de largo metraje. Gigantesca novedad para un niño venido de las islas. No la he olvidado y muchas veces la he traído a mi memoria. Su nombre tan simple, Las dos niñas de París, era como las dos niñas de mis adolescentes ojos maravillados. Su final era trágico: una de las muchachitas, muerta, flotaba entre las aguas resplandecientes del Sena, cual una «Ofelia náufraga y doliente», decía la lectura en blanco y negro.

Llegamos a Magallanes a los cuatro días, que era lo que demoraba la navegación desde Puerto Montt. Tal vez mi recuerdo más fuerte de esa travesía fue el haber escuchado radio por primera vez en mi vida. Era una radio a galena y en ella escuchamos, con mi hermano, el match de boxeo de Jack Dempsey con Gibbons, que se disputó en Nueva York. Los gritos de la multitud me daban una extraña sensación de proximidad. Creo que no entendía mucho lo que pasaba.
El barco se detuvo en el paso del Indio, lugar donde salían los alacalufes con sus canoas y se acercaban a los barcos. Entre las mujeres que venían en uno de los largos botes, vi con asombro que una de ellas traía un pingüino en brazos, como si fuera una criatura. Más tarde supe que los alacalufes protegen del frío a sus recién nacidos con una piel de pingüino que preparan las madres.

Una noche acompañé a mi hermano en la guardia. Era una noche muy despejada y estrellada, quizás con luna. Entonces se espejó el mar y se refractaron las cordilleras nevadas. El barco navegaba rompiendo el hielo con la proa. Parecía que fuera avanzando sobre la Vía Láctea, encima de las estrellas. Era una refracción de espejismos entre el cielo y el espejo del mar en la alta noche.
Finalmente, una mañana de cristal, apareció ante nosotros Punta Arenas, la gran ciudad, esponjada y arrebujada en nieve. Otra imagen imborrable para aquel adolescente silvestre.

Debía retomar los estudios a mitad de año, razón por la cual tuve que repetir el primer año de humanidades en el colegio salesiano. Después, finalizado el segundo año, ingresé al liceo fiscal, donde, por diferendos que en ese tiempo existían entre los colegios estatales y los religiosos, también debí repetir mi segundo año. A veces pienso que eso me hizo aprender un poco más de castellano gracias a maestros que me dejaron algunas huellas sólidas.

Recuerdo entre mis compañeros del liceo a Roque Esteban Scarpa, escrupulosamente cuidado y medido, muy estudioso y serio. Menor que yo, estaba más adelantado de curso. A lo largo de los años, me encontré varias veces con él, en Punta Arenas y en Santiago, y siempre retrocedíamos en el tiempo recordando aquellos primeros contactos en el liceo fiscal. Según Roque yo era un alumno bullicioso a mis dieciséis años con «una osamenta sólida que congrega toda la sangre para que no cese en su crecer y con su voz de ventarrón», según escribió alguna vez. En el cuarto año, según el sistema antiguo, se incorporaron a nuestro curso un grupo de alumnos de la escuela alemana, Deutsche Schule, y otro del colegio San José, el mismo de donde yo procedía.

Algunos traían de sus hogares un acento que no hera el castellano; otros, los de Chiloé, tenían el dejo de «una España perdida»; el resto eran los propiamente magallánicos, en cuya habla no notábamos ninguna tonalidad especial, aunque más tarde, después de vivir en Santiago, sí percibíamos cierto canto. Otros compañeros fueron José Grimaldi, poeta, autor de los versos que están al pie del monumento al ovejero; Wilfredo Mayorga, dramaturgo y cronista teatral, con quien años más tarde me topé algunas veces en Santiago; Gabriel Gacic, médico, destacado junto al profesor Juan Noé en su lucha contra la malaria; y otro más, Arturo Goselín, que partió más tarde a lejanas tierras y que es un personaje en uno de mis cuentos. Hay otro, muchacho más grandote que yo, cuyo nombre siempre he querido olvidar, porque a los menores les quitaba las bolitas de cristal y los hacía llorar. Un día no lo aguanté más y lo desafié a pelear a la orilla del estrecho de Magallanes. Lo fui empujando, empujando, hasta que levantó los brazos en señal de derrota.

De los profesores en general tengo buenos recuerdos y, para algunos, un gran reconocimiento. Don Hugo Daudet, que era el profesor jefe, nos hacía dibujo. Nos sacaba a la campiña para enseñarnos perspectivas y a mirar el paisaje. Él fue un buen maestro en el sentido más profundo de la palabra. Tengo la seguridad que él me inclinó hacia la literatura. Nuestro profesor de castellano, don Luis Barrera, nos había dado la tarea de escribir una composición sobre el tema de la primavera. Luego, él mismo seleccionó los mejores trabajos para mandarlos al torneo literario organizado con motivo de las fiestas de la Primavera de 1927. El premio recayó en mi obra, una especie de poema en prosa que titulé... «Primavera». En él yo describía esos días magallánicos en que las horas luminosas del día se hacen más y más largas y la llegada de las
aves migratorias ,especialmente cisnes y cauquenes,que recrean la vida de la ciudad.....

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Biografía de Francisco Coloane

Biografía

Nació en Quemchi el 19 de julio de 1910 y desde sus primeros años navegó por los canales de Chiloé. Su padre era un capitán de cabotaje que viajaba hacia el Estrecho de Magallanes. Vivió su adolescencia en Puerto Montt, pero las grandes experiencias que marcaron su literatura ocurrieron en Punta Arenas; y más precisamente, en las grandes estancias de Tierra del Fuego, donde cuidó a los 20 años rebaños en una estancia y fue domador de potros.

Le debemos a Coloane el conocimiento de las regiones más desconocidas de la geografía chilena y más que eso: la recreación de la vida simple de seres humanos victoriosos o derrotados pero siempre empeñados en una lucha sin tregua en medio de la magia, el misterio, los sueños, la realidad y la leyenda.

Ganó el Premio Nacional de Literatura en 1964. Sus obras han sido llevadas al cine y traducidas al inglés, francés, alemán, ruso, sueco, checo, húngaro, griego, búlgaro y portugués. Falleció el 5 de agosto de 2002, su cuerpo fue cremado y su muerte fue comunicada tres días después, tal como había sido su deseo en vida.

EL ESCRITOR

Es un escritor recio, humilde, cuya amplia experiencia en las tierras australes le dio tema para desplegar su obra. Un quehacer que se asienta principalmente en la narrativa simple, esforzada, donde refleja el frío mundo de los canales y de la Antártica.

Coloane es un excelente narrador. Tiene un estilo sencillo y ameno. Narra con fluidez, muestra sin adornos la realidad de los elementos, donde la soledumbre y las ansias de sobrevivir al agreste paisaje, a veces, son superiores incluso a consideraciones éticas. Su trabajo literario apunta hacia la depredación humana tanto sobre los primeros aborígenes como sobre la fauna de la tierra austral, depredación que anota con crudo realismo, sin lecciones de justicia, dejando en el lector una impresión sobrecogedora.. Su lenguaje, ya lo hemos dicho, es transparente, sin complicaciones. Eso mismo hace, muchas veces, que su narrativa, cuando se detiene en las barbaridades provocadas por el hombre, sea un muestrario algo frío de acontecimientos reprochables, los cuales, de por sí, llaman al horror.

Seguramente, el estilo se mimetiza con esa región siempre gélida, azotada en forma incesante por vientos inclementes y bordada sus praderas de mantos níveos.

Su obra es extensa. Tiene una trilogía de cuentos que lo ha hecho famoso: Tierra del Fuego, Golfo de Penas y Cabo de Hornos, además de varias novelas, entre las que sobresale sin duda El Ultimo Grumete de la Baquedano, llevada al cine. Y en materia de filmaciones, Tierra del Fuego tambien fue llevada a la pantalla al igual que Cabo de Hornos y su cuento De cómo murio el Chilote Otey. Del mismo modo, participa en filmes de índole cientifica.

Luis Sepúlveda, el celebrado escritor chileno que triunfa en el extranjero, actualizó el conocimiento sobre Francisco Coloane en Europa, logrando que éste tuviera una primavera de elogios.

Es uno de los grandes autores chilenos.

EL HOMBRE

Nació en Quemchi el 19 de julio de 1910. Estudió en Huite, Ancud y Punta Arenas.

Realizó diversas actividades, como por ejemplo, ovejero, capataz, explorador de petróleo, escribiente judicial, marino, actor de teatro. Tiene el título de Educador Sanitario. Dirigió el Boletín de la Direcciónn de Sanidad. Todo lo cual, no cabe duda, le sirvió posteriormente para escribir sus inolvidables relatos.

En materia literaria y periodística, desarrolla su labor en los diarios El Mercurio, Crítica (Jefe de Crónica), El Sol ( Jefe de Deportes), La Nación, Las Ultimas Noticias (crónica policial) y en la revista Ziz Zag.

Laboró en el Ministerio del Trabajo, en el departamento de Extensión Cultural. A partir de entonces termina su peregrinaje entre Santiago y Punta Arenas.

Es hombre de robusta complexión, alto, poblado su rostro de alba barba que ha mantenido con el tiempo. Posee un concepto ideológico definido. Se ha casado dos veces y tiene dos hijos.

Fue nombrado Hijo Ilustre de Quemchi en 1968 y Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile ( 1966). En 1964 es consagrado con el Premio Nacional de Literatura y en 1980 designado Miembro de la Academia Chilena de la Lengua.

Ha viajado por China, la antigua Unión Soviética, India.

LIBROS PUBLICADOS:

El libro que le dio popularidad es sin duda El Ultimo Grumete de la Baquedano, pero los fieles lectores de Coloane coinciden en justipreciar su tarea cuentística, especialmente su trilogía de relatos breves. Cabo de Hornos representa su obra trascendental.

La aventura es el leitmotiv de su creatividad. Los paisajes australes su mejor pintura y la caracterización de los protagonistas, parca, cruda y real, sobresalen por su trascendencia. El hilo tensional es acertado y la composición de textos obliga a leerlos con interés, lamentando que el espacio se haga corto para disfrutar de su lectura.
Obra:

* El Ultimo Grumete de la Baquedano.1941
* Cabo de Hornos.1941
* Golfo de Penas.1945
* Los Conquistadores de la Antartica.1946
* Tierra del Fuego.1956
* La Tierra de Fuego se apaga.1956.
* Viaje al Este.1959.
* El Camino de la Ballena.1963
* El Témpano de Kanasaka.1968
* Rastro del Guanaco Blanco.1980
* Crónica de India.1983.

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Fuente:http://www.angelfire.com/nj/poesia/prznac/fcoloane.html

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