Muralismo

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Sobre un muro de población, se ha pintado la imagen de un joven de pelo largo, cuya muerte como mártir lo ha transmutado en paloma luminosa. Cerca de éste, neumáticos incendiados, rostros tristes, puños en alto, un cerdo volando por sobre fábricas derruidas; alambradas, palomas encadenadas tras rejas de duras cárceles, luminosos amaneceres; crueles animales con vistosas charreteras; mujeres lavando, amamantando con fusiles al hombro, cocinando en grandes ollas, llevando banderas, a veces con lágrimas en los ojos, pero la cabeza en alto; indios, obreros, jóvenes, niños mirándonos desde el muro; un Cristo con su cruz entre los brazos; la Moneda en llamas, Allende y las Alamedas; Víctor Jara, Violeta Parra, Jimmy Hendrix y su guitarra, Lennon; poemas de Neruda, gritos en blanco y negro; siniestras figuras de anteojos oscuros, empujando sacerdotes a un avión; milicianos llamando a la lucha; André Jarlan rodeado del pueblo que lo ha adoptado; símbolos de la paz, una hoja de marihuana; cinco estrellas como oprobioso firmamento, prontas a desaparecer tras los rayos de un sol multicolor.

Veinte años antes de esta explosión de formas, colores y textos en muros de población, había surgido la interrogante de cómo apoyar, desde el arte, al candidato Salvador Allende en la campaña Presidencial de 1964.Una de las respuestas de estos artistas allendistas, como se autoproclamaban, es la realización de murales en las calles; trabajos estos, emparentados con la gran pintura mural y, especialmente con el mural mexicano, que había plasmado la fuerza de la revolución en muros de escuelas, sindicatos y edificios públicos.

Este mural que asume el desafío de la calle, la transitoriedad, el contacto directo con el transeúnte, la lucha con los oponentes y su brochazo destructor, este mural callejero didáctico y proselitista, que denuncia la situación social, los problemas de salud, el abismo entre ricos y pobres, expresa también las consignas centrales de la campaña política; la dignificación de los trabajadores, de los más pobres: intenta en suma, expresar contenidos para el mundo popular.

Esta fugaz aparición del mural callejero, comienza y muere con la campaña de 1964.No obstante, el mural como forma actuante en la vía pública, en el espacio urbano, queda planteado.

Posterior a la campaña de 1964 surgen las brigadas políticas, que sistematizan y potencian el rayado mural de propaganda, comenzando a cubrir los muros con grandes textos, con consignas y nombres de candidatos.

Esta práctica de trabajo, que exige ejecución rápida y monumentalidad para imponerse en el espacio urbano, va a preparar un contingente de pintores con espíritu y técnica adecuada a las exigencias de la dinámica política de la época.

Y es durante la campaña de Salvador Allende en 1970, que estos pintores propagandistas de las Brigadas Ramona Parra (BRP) de las Juventudes Comunistas de Chile y Brigadas Elmo Catalán (BEC) de las Juventudes Socialistas de Chile comienzan a flexibilizar sus líneas, transfigurando las grandes letras en palomas, puños, rostros, estrellas. Los rellenos y fondos en colores puros, vibrando al interior de las gruesas líneas negras del brochazo delineador, construyendo una caligrafía de imágenes fuertes y monumentales de impactante y rápida visión que comienzan a transformar el gris paisaje de la ciudad.

El golpe militar de septiembre de 1973 clausura la evolución de este trabajo, al que empezaban a adherirse pintores de distintos orígenes. Muchos de sus gestores deben partir al exilio- donde el mural tendrá interesante continuidad- o pasar al trabajo clandestino de la resistencia.

Con el espacio urbano controlado por las fuerzas militares de la dictadura, las organizaciones políticas, sociales y culturales desmanteladas y fuertemente reprimidas, el mural desaparece de las calles de Chile, reemplazado por la asepsia de la dictadura. Sin embargo, el mural callejero se mantiene como idea, como latencia, y sus imágenes perviven en afiches, boletines, revistas y escenografías de actos culturales, políticos y de defensa de los derechos humanos en universidades, iglesias, sindicatos y poblaciones.

Y así como anteriormente las campañas políticas habían tensado el entorno urbano, señalando sus muros como espacios a conquistar, las huelgas vueltas a realizar a partir de 1979, serán instancia propicia de recuperación del muro. La huelga, entroncada con la práctica de trabajo de la Agrupación de Plásticos Jóvenes (APJ) en el trabajo de arte en espacios alternativos, con obras gráficas, instalaciones, acciones de arte y escenografías van a transformar el rutinario verde nilo de las paredes sindicales en vibrantes murales multicolores, añadiendo además la participación de un heterogéneo grupo de pintores; obreros, estudiantes, niños, mujeres y jóvenes que junto a artistas profesionales comienzan a encender nuevamente los muros en diferentes sindicatos a lo largo del país.

La transformación del espacio por medio de barricadas, a partir de 1983, signo de la fuerza de las grandes y multitudinarias protestas, llevan en su necesidad de autodefensa a un profundo reconocimiento del espacio propio. Y los muros, hasta este momento sólo cubiertos de fugaces rayados van a ser reconocidos y reconquistados a partir de las luchas populares. En las marginales paredes de poblaciones chilenas el mural callejero- con más fuerza que nunca- acogerá los sueños, denuncias, sentimientos, gritos, poesía, instructivos, homenajes de los más pobres.

Este trabajo en el que en su inicio participan algunos artistas va a ser rápidamente asumido por los pobladores, quienes hacen suyo este medio, diversas poblaciones van encendiendo sus muros en lucha permanente con las fuerzas represivas que los cubren con manchas y cruces gris-negras, claro reflejo del imaginario dictatorial.

Producto también del avance de las fuerzas democráticas durante la campaña plebiscitaria de 1988, el mural va llegar a las grandes avenidas y parques, y al calor de las multitudinarias concentraciones encontrará su lugar en las manifestaciones del pueblo.

La reactivación y creación de nuevas brigadas políticas por parte de los partidos populares, junto a las nacidas en poblaciones y universidades, están haciendo posible este trabajo, conformando un poder interventor y reestructurador del espacio visual, de una potencia no vista antes en Chile. Darán origen a la Coordinadora Metropolitana de Talleres y Brigadas Muralistas, organismo que está intentando aunar los esfuerzos requeridos en la monumental tarea de recuperación y recreación del espacio propio, manteniendo la heterogeneidad de propuestas. Haciendo suyas las proclamas gritadas en los muros, y al calor de “Contra la dictadura pintaremos hasta el cielo”, apuntando “todos los colores contra el gris”, cumplir el anhelo “Santiago será nuestro” para recuperar la dignidad, dirigiendo nuestro propio destino.

Alberto Díaz Parra –Santiago de Chile 1989.

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BRIGADA ELMO CATALAN (BEC)

Muralistas de larga trayectoria, y militantes del Partido Socialista Chileno, la BEC como otras decanas brigadas, tienen una estructura nacional, en que los jóvenes van decidiendo los estilos, colores y temas, por un Chile sin hambre, con trabajo y con democracia participativa.

BRIGADA RAMONA PARRA (BRP)

“Pintaremos hasta el cielo. Hasta vencer”.

Es el slogan con que trabajan los jóvenes muralistas de la Brigada Ramona Parra, de las Juventudes Comunistas de Chile, pintando su canto de protesta, lucha y esperanzas por un futuro democrático, por un Chile distinto, en justicia y libertad. Empezaron en 1970 para la campaña de Salvador Allende, silenciados por el golpe militar, en los últimos años han reaparecido, ayudando a alegrar, y con nuevas técnicas y estilos, el renacimiento de la democracia.

GRUPO SINDICATO

“Ajedrez: el Rey se revienta”.

En octubre de 1988 el Grupo Sindicato comienza a pintar una serie de murales relacionados con el tablero de ajedrez. En el mural inicial los peones marchaban mientras el Rey cae, su cabeza revienta contra la vereda, el rojo se escurre hacia la calle Blanco, negro, rojo, transparencia, perspectivas, son las características que identifican los murales del grupo.

UNIDADES MURALISTAS CAMILO TORRES, UMCT

“Esperanza, fuerza, liberación”.

UMCT está compuesta por jóvenes cristianos de la comunidad de base de Pudahuel. Se declaran latinoamericanistas y buscan expresar los sentimientos del pueblo, el dolor, la represión, pero con una visión de esperanza, fuerza y liberación. Esto lo expresan con colores cálidos, en contraposición al negro, en el cual simbolizan la censura, la dictadura. Postulan un mural sin literatura el cual “debe entenderse por si sólo” y va dirigido al poblador, al hombre de la calle.

BRIGADA LA GARRAPATA

De estilo propio y con diversos temas, con mensajes directos, fuertes, críticos por excelencia, la brigada integrada por jóvenes de pensamiento anarquista llama la atención por su estilo original y su libertad de pensamiento.

BRIGADA PEDRO MARIQUEO

Denominada así en recuerdo de Pedro Mariqueo, joven mapuche de 13 años asesinado en una concentración en el año 1984.El equipo lo forman entre 8 a 10 muralistas de los cuales tres son el equipo creativo, los encargados de elaborar los bocetos originales, abiertos a las proposiciones de los demás integrantes. Son los que llevan el boceto al muro, en cuya etapa se incorporan los otros pintores que aplican el color y las terminaciones. Como grupo postulan una nueva visión de la pintura mural.

BRIGADA CECILIA MAGNI (BCM)

“Lo importante es el contenido”

“Nosotros pintamos para enviar un mensaje a la población, lo que importa es el contenido, lo que decimos. Somos pobladores de Villa Navidad y allí pintamos con la ayuda de todos los vecinos. Trabajamos como equipo, todos decidimos los dibujos y los colores.”

BRIGADAS LAURA ALLENDE Y SALVADOR ALLENDE

Al amparo de la BEC nacieron estas dos brigadas a mediados de 1988: Laura Allende y Salvador Allende. La primera está integrada solamente por mujeres y utilizan temas femeninos; la mujer en el trabajo, en la política, expresados en colores suaves como el lila, el verde manzana. Tienden a entregar un mensaje alegre pero fuerte. Por su parte la Brigada Salvador Allende está integrada por jóvenes de diversas vertientes del pensamiento socialista chileno.

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Fuente: Muralismo-Editado por el Comité de Defensa de la Cultura Chilena.
1990 Edition día. St.Gallen/Berlin/Sao Paulo, 1, Auflage Februar 1990.